China-Rusia: la otra cumbre

China-Rusia: la otra cumbre

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14/06/2026 00:01
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

China necesita de Rusia, no por sus recursos naturales, sino por su experiencia en guerra.

Rusia fue descrita por el ex primer ministro británico Winston Churchill como una adivinanza envuelta en un misterio encerrada en un enigma para describir el carácter incierto de la misma, que a mediados del siglo pasado era la Unión Soviética. El país más extenso del mundo siempre ha requerido de una mano dura para mantener su unión y su historia se puede contar fácilmente como la historia de los zares: Iván el Terrible abogaba por ser un imperio euroasiático, mientras Pedro el Grande buscaba ser un imperio moderno y refinado como sus pares europeos de occidente, hasta que una mujer, Catalina la Grande, encontró el punto medio entre la visión de ambos y extendió el imperio hacia el este mientras buscaba replicar las características de sus pares europeos. Incluso caída la dinastía de los zares con la revolución bolchevique de 1917, siempre se necesitó de una figura parecida. Stalin lo fue durante la Guerra Fría con la Unión Soviética y hoy en día Vladímir Putin lo es con la Federación Rusa.

El país más extenso del mundo siempre ha requerido de una mano dura para mantener su unión.

La Rusia de hoy es una petrocracia arquetípica, con un gasto derrochador, un desarrollo distorsionado y luchas entre las élites por el control de vastos recursos naturales, mientras que las demandas de una población que no paga impuestos pasan desapercibidas. Sin embargo, los ingresos petroleros no han llevado a Rusia a derrochar ni en armas ni en bienestar social. Su equipamiento militar sigue siendo anticuado, con un mando y control desorganizados, mientras que el país lucha con la escasez de mano de obra a medida que la población nacional se desploma a la escalofriante tasa de medio millón de personas por año. Dos tercios de los rusos a lo largo y ancho de la vasta nación aún viven cerca del umbral de la pobreza, muriendo en oleadas durante cada invierno bajo frío insoportable. En sus decrépitos bloques de apartamentos sin calefacción, se preguntan dónde ha ido todo el gas. Si la energía de Rusia no se utiliza para mantener vivos a los rusos, no habrá más Rusia a menos que sea por mandato presidencial como lo ha hecho Vladímir Putin y sus guerras.

La frase de Churchill es aplicable al hecho que para Rusia la guerra es una política pública más. Desde que fue el jefe de seguridad nacional en 1999, justo antes de asumir la presidencia, Vladimir Putin fue uno de los arquitectos de la segunda guerra con Chechenia que la dejó hecha cenizas 9 años después para entrar en otra guerra contra el pequeño Estado del Cáucaso Georgia, que de forma vulgar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas consideró que fue una legítima defensa y que hoy en día los grandes defensores del mito del derecho internacional público convenientemente ignoran. En el 2014 entran como Pedro, no el grande, por su casa para invadir Crimea sin ninguna repercusión de la comunidad internacional y otras potencias como Estados Unidos bajo el gobierno de Barack Obama, porque qué pena molestar a Rusia y ese pleito queda lejos. Hasta finalmente llegar al punto de quiebre que es la actual guerra contra Ucrania donde los roles se han revertido.

Rusia vale por su petróleo, su gas natural y por su política pública histórica de hacer guerras. China necesita de Rusia más por la última razón, ambos son expertos en propaganda, pero para la China adueñada del partido comunista esta última se desploma más fácil, puesto que experiencias en guerras no tienen. La cumbre de Xi Jinping y Vladímir Putin fue la cumbre de dos malcabestros cuyo único objetivo es hacerle daño a occidente y aprovechando el pantano al que Donald Trump se fue a meter a Irán culpa de Benjamín Netanyahu, andan viendo cómo capitalizan su poder geopolítico internacionalmente. ¡Feliz domingo!

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