¿Por qué es importante la brecha de la fertilidad?
A los 33 años, Izumi Kotori es madre de un niño pequeño. Quisiera tener otro hijo, pero considera que su apartamento es muy pequeño y no tiene recursos para mudarse. Como Izumi, muchas mujeres japonesas quisieran tener dos hijos (2.25, para ser exactos), pero optan por uno o ninguno. Citan la estrechez financiera, la falta de apoyo para cuidar del niño mientras trabajan y los gastos en educación. Los demógrafos llaman a este fenómeno la brecha de la fertilidad. En Japón, un 44% de las mujeres mayores de 50 años reporta haber tenido menos hijos de los que soñaba tener; un poco más del promedio mundial de 43%.
La caída global de las tasas de fecundidad encuentra una explicación más completa en el análisis de la brecha de la fertilidad. La tasa de crecimiento poblacional cae desde 1968. El declive y envejecimiento de la población es un hecho. La tasa de fertilidad es inferior a la tasa de reposición de la población, estimada en 2.1 hijos por mujer, en más de 110 países. En el este de Asia (Corea del Sur, Hong Kong y Japón), la tasa de fertilidad es “ultrabaja”. Tres de cada 10 mujeres asiáticas nacidas en los años 70 no tuvieron hijos.
La brecha de la fertilidad sugiere que las preferencias culturales no terminan de explicar el fenómeno poblacional: las restricciones económicas, educativas y biológicas son relevantes. ¿Qué aprendemos de las encuestas globales?
Un 39% de las personas encuestadas cita en primer lugar argumentos económicos y materiales. Entre las principales limitaciones destacan el alto costo de la vivienda, la inestabilidad laboral, bajos ingresos o empleo precario, y el costo de la educación y del cuidado infantil. El costo de tener hijos suele ser mayor en áreas urbanas.
Las tasas de fecundidad caen
En segundo lugar, los encuestados mencionan la conciliación entre el trabajo y el cuidado de los niños. Las mujeres temen que al tener otro hijo pueden perder sus ingresos, interrumpir su carrera o acceder a menos promociones. El tiempo dedicado a criar hijos compite con oportunidades educativas y profesionales, es decir, la maternidad tiene un costo de oportunidad.
En tercer lugar, y sobre todo en países desarrollados, las mujeres postergan la edad en la cual empiezan a tener hijos. La edad promedio en la cual las mujeres tienen su primer hijo subió de 23 años en 1980, a 28 años en 2023 (Our World in Data), pero muchas madres primerizas suelen ser aún mayores. Las mujeres que tienen su primer hijo a los 35 años o más, tienen menos hijos de los que desean por limitaciones biológicas.
Otras explicaciones ofrecidas son la dificultad para encontrar una pareja estable, la inestabilidad emocional, y un conjunto de políticas públicas poco favorables, como por ejemplo horarios laborales inflexibles.
En América Latina, África y parte de Asia, la situación es más variable: aquí coexisten las mujeres que tienen menos hijos de los que desean, sobre todo en áreas urbanas, con las mujeres que tienen más de dos hijos. La urbanización acelerada, la precariedad laboral y la falta de servicios de cuidado infantil son motivos ofrecidos por mujeres latinoamericanas para tener familias pequeñas.
Evidentemente, existe una disparidad entre la familia ideal y la familia real. Conviene reducir las barreras económicas e ideológicas para que más personas puedan cumplir con sus sueños de paternidad. Ya no repitamos la errónea idea de que la humanidad debe evitar reproducirse por una inminente catástrofe ambiental y sobrepoblacional. Es aconsejable progresar hacia mercados laborales y de vivienda flexibles y abiertos: más libertad económica. Y finalmente, los entornos con libertad religiosa suelen ofrecer más apoyo comunitario a las familias jóvenes.