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Día de la Monja Blanca en Guatemala: historia, significado y celebraciones
Destacada por su belleza y su distintivo color blanco, la Monja Blanca, símbolo patrio de Guatemala, enfrenta amenazas debido a la destrucción de su hábitat y su extracción ilegal.
Destacada por su belleza y su distintivo color blanco, la Monja Blanca, símbolo patrio de Guatemala, enfrenta amenazas debido a la destrucción de su hábitat y su extracción ilegal.
Única entre las más de mil especies de orquídeas que crecen en Guatemala, la Monja Blanca es reconocida como un símbolo de paz y belleza. Considerada una de las flores más exóticas del mundo, se encuentra principalmente en el departamento de Alta Verapaz, donde la humedad de sus tierras favorece su desarrollo.
Su nombre proviene de su singular forma, que asemeja a una monja en oración, y su pequeño tallo realza su delicadeza. Conocida científicamente como Lycaste virginalis forma alba, fue declarada flor nacional de Guatemala el 11 de febrero de 1934.
Algunos científicos creen que esta flor es una orquídea albina que perdió su color morado con el paso del tiempo, lo que explica su centro amarillo y sus pétalos de un blanco resplandeciente. Actualmente, se encuentra en peligro debido a la destrucción de los bosques donde habita y a su extracción ilegal, ya que su comercialización en el mercado negro ha aumentado por su rareza y alto valor.
Descubra la importancia de su conservación y las razones por las que fue designada como flor nacional.
Historia de la flor nacional
Conocida como Saqi Ixq en idioma q’eqchi’, la Monja Blanca fue admirada por los antiguos pueblos indígenas descendientes de los mayas. Su primer registro histórico data de la llegada de los españoles al territorio en el siglo XVI, quienes le dieron su nombre por su apariencia, que asemeja a una monja en oración.
Su historia está relacionada con la independencia de Guatemala, ya que, tras la emancipación del dominio español, esta flor se convirtió en un símbolo de libertad en la región.
El nombramiento de la Monja Blanca como flor nacional surgió luego de su participación en la Exposición Internacional de Flores en 1933. Representantes del evento enviaron una carta a las autoridades guatemaltecas sugiriendo que se adoptara esta especie como símbolo floral del país.
El documento fue trasladado a los ministros de Estado y posteriormente al presidente Jorge Ubico. Acompañado por un panel de botánicos, el mandatario aprobó la propuesta, y en 1934 la Monja Blanca fue oficialmente declarada flor nacional de Guatemala.
Para conmemorar su importancia, se designó el 11 de febrero como el Día Nacional de la Monja Blanca, fecha que resalta la riqueza natural del país, considerado uno de los 20 países megadiversos del mundo.
En 1946, a través de un decreto gubernamental, las autoridades guatemaltecas prohibieron la comercialización, exportación y recolección de esta orquídea, reforzando así su protección y conservación.
Esta especie pertenece a la clase Monocotyledoneae y a la familia Orchidaceae, denominada Lycaste en honor a la hija de Príamo, rey de Troya, mencionada en las obras de Homero y Virgilio.
Los antiguos pueblos indígenas descendientes de los mayas creían que la Monja Blanca tenía un origen mítico, pues, según la leyenda, nació de una princesa de gran belleza que fue convertida en flor por los dioses.
Razón científica de su color
Botánicos que han estudiado la composición genética de la Monja Blanca explican que esta orquídea pertenece a la familia Orchidaceae y que su belleza se debe a la armonía de sus tres sépalos, dos pétalos y un labelo.
Especialistas en la materia han determinado que esta planta ha desarrollado interacciones ecológicas con insectos polinizadores específicos y con hongos, con los que forma asociaciones denominadas micorrizas.
Los expertos indican que la Monja Blanca es una especie semialbina, ya que conserva el color amarillo en el centro de la flor, pero ha perdido su tonalidad morada original.
“Su ausencia de color se debe a un accidente genético en sus 40 cromosomas: la pérdida de un gen responsable de la síntesis del pigmento antocianina, que le da color a las flores”, detalla Miguel Torres, microbiólogo.
Flora en peligro
Según el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), la Monja Blanca (Lycaste virginalis forma alba (Dombrain) Archila & Chiron) enfrenta graves amenazas debido a la destrucción de su hábitat, causada por la expansión habitacional, la explotación de recursos naturales y el saqueo de la especie para su venta en el mercado negro internacional.
El Conap señala que estas razones han llevado a la desaparición de la Monja Blanca en su entorno natural. Desde hace dos décadas, esta orquídea ya no se encuentra en su hábitat original y se encuentra al borde de la extinción en la región.
En el 2014, la institución creó el Fondo Nacional para la Conservación de la Naturaleza, con el objetivo de reproducir ejemplares para su reintroducción en su ecosistema. Como resultado, en el 2017 y el 2018 se lograron reincorporar 700 flores a los bosques.
Por su parte, en 1990, el botánico Fredy Archila fundó la Estación Experimental de Orquídeas, donde se han recuperado mil 500 ejemplares en crecimiento que esperan ser reinsertados en su hábitat natural.