Historia de las hermandades en Guatemala: cofradía de los Siete Dolores de Santo Domingo, de la ciudad de Guatemala
La procesión del Santo Entierro de Santo Domingo comenzó a salir en 1559.
La procesión del Santo Entierro de Santo Domingo comenzó a salir en 1559, cuando el obispo Francisco Marroquín fundó la cofradía de españoles del Santo Rosario, de la cual se desprendió la de Nuestra Señora de la Soledad, entre 1582 y 1585, que fue la encargada de la citada procesión, cuyo patronato lo ejercía el Ayuntamiento; es decir, proveía enseres, mobiliario y organización. Uno de los primeros mayordomos encargados del culto a la Virgen de Dolores fue Baltazar Pinto de Amberes. La cofradía estaba formada por hombres y mujeres, que también participaban en otras festividades de la iglesia como Natividad o Asunción.
La bula de Clemente VIII, redactada el 13 de enero de 1598, facultaba a las autoridades eclesiásticas y civiles para habilitar y hacer funcionar oficialmente a las cofradías bajo esta advocación. En el siglo XVII, la cofradía ya tenía su capilla en la iglesia, lo que le permitía recibir créditos y donaciones que le daban solvencia económica. En cuanto al renglón de sus gastos, destacaban cuatro para el desarrollo de la procesión de Viernes Santo: cera, música, servicios del clero e indígenas auxiliares.
Esta organización perduró durante la dominación española hasta el 18 de julio 1852, fecha de fundación de la hermandad del Señor Sepultado, a la cual se adjuntó la de Nuestra Señora de la Soledad. La primera hermana fue la Municipalidad, como socia de junta, según se consignó en el libro de inscripción. Formó parte de la entidad hasta el 5 de abril de 1908, cuando se refundó, de nuevo, con el nombre de Cofradía de los Siete Dolores de la Santísima Virgen, cuya principal manifestación en ese tiempo era acompañar el Santo Entierro de Cristo.
La cofradía estaba compuesta por funcionarios de la monarquía española y sus familiares. Al ser personas de altos recursos, podían financiar todos los implementos necesarios para sus actividades, afirma Chajón.
Es importante señalar que la imagen de Nuestra Señora de la Soledad procede del siglo XVI, tallada bajo cánones de ascendencia flamenca, de donde derivó esta devoción a España y, posteriormente, al Nuevo Mundo, explica Urquizú. Es contemporánea de la Virgen del Rosario, añade, según recibo de donación, fechado el 15 de mayo de 1598 por Pinto de Amberes.
En 1901 se amplió el número de devotos, lo cual determinaría también el aumento de participación de mujeres en el cortejo, para llevar el anda de la Santísima Virgen, que era más pequeña que la del Señor Sepultado, conocido como Cristo del Amor. Esta intervención femenil dio lugar a la creación de una procesión especial para damas que marchara atrás de la del Santo Entierro, organizada y dirigida por mujeres, independiente de la de los caballeros de la hermandad del Señor Sepultado. Esta participación fue la raíz de la organización de las procesiones modernas de Guatemala, en las que existe una sección exclusiva para damas.

Esta característica en las procesiones de la Pasión se extendió a otras cofradías, hermandades y asociaciones religiosas de la capital y la provincia. En consecuencia, la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo del 29 de marzo de 1902 fue acompañada por la primera procesión femenina de Nuestra Señora de la Soledad, que gozaba de autonomía.
Esta es dirigida y administrada por mujeres desde su refundación, en 1908, como se indicó anteriormente, y es la institución laica femenina más antigua de Guatemala.
Ileana Ávalos O’Meany, encargada general de la cofradía,señala que las integrantes tienen la obligación de promover el rezo y meditación de los Siete Dolores de la Santísima Virgen, todos los viernes, a las 17 horas, en su capilla. Asimismo, celebran dos velaciones: la del Viernes de Dolores y la del 15 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de Dolores.
También se encargan de la procesión de pésame, el Sábado Santo, por la tarde, y de la infantil, ese día, en la mañana.
Para ser cofrades, además de sus sacramentos deben cumplir con el proceso de ingreso que dictan los estatutos y reglamentos de la entidad, destaca Ávalos, quien no tiene el dato sobre el número de integrantes, pues no todas están activas, y debido al nuevo proceso de clasificación.
Fuentes consultadas: Vida social, económica y religiosa de la cofradía de Jesús Nazareno del templo de Nuestra Señora de La Merced, en Santiago y en la Nueva Guatemala de la Asunción, de 1582 a 1821, de Gerardo Ramírez (2007); Desarrollo de las cofradías en Guatemala en el siglo XVI, de Abraham Solórzano, Ceceg (2019); Crónicas y recuerdos de Jesús Nazareno de Candelaria, de Fernando Urquizú y Erick Espinoza (2013); Historia de las cofradías de la Candelaria, especialmente la de Jesús Nazareno, de Mario Ubico (1995); Crónicas y recuerdos de la Virgen de Dolores del antiguo templo de Santo Domingo de la Nueva Guatemala de la Asunción, de Fernando Urquizú y Michele Pinsker (2014); Modelo de estatuto para asociaciones, hermandades, cofradías y agrupaciones de piedad popular, de la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala (2017); Las capillas de Jesús Nazareno de Candelaria y su función en el ideario popular de la Antigua y Nueva Guatemala de la Asunción, de Fernando Urquizú (2010); Consideraciones sobre la imagen de Jesús Nazareno de la Merced de Guatemala, de Federico Prahl (1995); Las cofradías guatemaltecas, de Celso Lara, Cefol (2013); Cofradía de los Siete Dolores de la Santísima Virgen del antiguo templo de Santo Domingo, tomo I, de Fernando Urquizú, Michele Pinsker y Mario Ubico (2019); La cofradía indígena del Santísimo Sacramento del municipio de Palín, de Escuintla, siglos XVII y XXI, de Juan Cornelio Alonzo Gutiérrez (2007); jesusdelamerced.wordpress.com y hsssantodomingo.org.