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Izar la bandera blanca en Ucrania
Hay que orar por la salud del papa Francisco.
Su Santidad el papa Francisco, quien cumplirá el jueves 13 de marzo próximo 12 años de pontificado, pidió para Ucrania, el 9 de marzo del 2024, hace prácticamente un año, “el valor de la negociación”.
El Pontífice concedió en aquel momento una entrevista a la Radio y Televisión Suiza, que a la luz de lo que esta sucediendo hoy en los distintos frentes de confrontación militar entre Rusia y Ucrania, lleva reflexiones que en retrospectiva son una gran lección para el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y para las autoridades políticas de Europa.
En aquel momento se le preguntó al papa Francisco: “En Ucrania, hay quienes piden el valor de rendirse, de mostrar la bandera blanca. Pero otros dicen que esto legitimaría a los más fuertes. ¿Qué piensa usted?”. A lo que respondió: “Es una interpretación. Pero creo que es más fuerte quien ve la situación, quien piensa en el pueblo, quien tiene el coraje de la bandera blanca, de negociar. Y hoy se puede negociar con la ayuda de las potencias internacionales. La palabra negociar es una palabra valiente. Cuando ves que estás derrotado, que las cosas no van bien, debes tener el valor de negociar. Te da vergüenza, pero ¿con cuántos muertos acabará? Negociar a tiempo, buscar algún país que medie”.
El papa Francisco tuvo el coraje de plantearlo así de claro, sabiendo que no iba a causar complacencia en el gobierno de Ucrania y en sus patrocinadores de la guerra, incluyendo en ese momento al gobierno de los EE. UU., presidido por Joe Biden, que estaban predispuestos a continuarla, pese a las realidades adversas en los distintos frentes de la confrontación militar. Ucrania ha sufrido en los tres años de guerra un desgarramiento social solo comparable a las guerras de Europa del siglo pasado. Se estima en miles de muertos militares y civiles, desplazamientos dentro y fuera de Ucrania, de millones de personas, destrucción de la infraestructura de servicios básicos y productiva, ciudades y poblados han quedado en ruinas. La economía ucraniana está prácticamente colapsada. El Estado funciona en buena medida por los apoyos financieros y humanitarios internacionales, así como de los recursos militares de la Otán para la continuidad de la guerra.
Los EE. UU. están ahora actuando como un mediador firme, categórico y enérgico.
El presidente de los EE. UU., Donald J. Trump, respaldado por un amplio mandato popular y por los múltiples recursos del país más poderoso de la historia de la humanidad, está ejerciendo el rol que el papa Francisco pidió hace un año.
Los EE. UU. están ahora actuando como un mediador firme, categórico y enérgico. Ucrania en la retrospectiva del tiempo debió atender las reflexiones del Santo Padre y no empecinarse en una confrontación militar perdida que ha debilitado y dividido a Occidente y llevado a Ucrania a una posición de negociación tardía y muy precaria, a un costo humano y económico incalculable.
Los Estados Unidos y Europa tienen la responsabilidad de buscar con denuedo en esta nueva etapa histórica una renovada y fuerte convergencia estratégica, y superar sus diferencias del momento en función de una paz justa y duradera en Ucrania. Las circunstancias en torno al cese de hostilidades y las negociaciones entre las partes son difíciles y complejas, pero Occidente y sus respectivos liderazgos políticos, espero, estén a la altura de la paz, la estabilidad del mundo y particularmente de su histórica alianza estratégica.