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Recordando a Italia
Cada gran época de la Historia va a estar marcada por una nación o nacionalidad. La Edad Antigua por Grecia. La contemporánea por Francia y Estados Unidos. La Moderna, el Renacimiento, por Italia. Veamos cómo nos define esta época y cómo la sitúa en Italia –foco irradiante a toda Europa- Arnold Hauser: “De cualquier manera, […]
Cada gran época de la Historia va a estar marcada por una nación o nacionalidad. La Edad Antigua por Grecia. La contemporánea por Francia y Estados Unidos. La Moderna, el Renacimiento, por Italia.
Veamos cómo nos define esta época y cómo la sitúa en Italia –foco irradiante a toda Europa- Arnold Hauser:
“De cualquier manera, el carácter individual de las razas y de las naciones tiene en las diferentes épocas de la historia una significación distinta cada vez. En la Edad Media su importancia es insignificante; el carácter colectivo de la cristiandad posee un grado de realidad incomparablemente más alto que la individualidad de cada uno de los pueblos componentes. Pero a finales de la Edad Media el feudalismo, común a todo el Occidente, y la caballería internacional, la Iglesia universal y su cultura unitaria, son sustituidos por la burguesía nacional con su patriotismo ciudadano, sus formas económicas y sociales distintas en cada lugar, las esferas de intereses estrechamente limitadas de las ciudades y las provincias, los particularismos de los principados y la variedad de las lenguas nacionales. Y entonces es cuando el factor nacional y racial se adelanta al primer plano como decisivo y el Renacimiento aparece como una forma histórica particular en la que el espíritu italiano se individualiza con respecto al fondo de la unidad cultural europea”.
Y añade para hacer hincapié en torno a la fecundidad e importancia de Italia durante el Renacimiento y su influjo cultural en toda Europa, lo siguiente:
“Italia anticipa con su arte concebido unitariamente el clasicismo renacentista, lo mismo que con su racionalismo económico anticipa la evolución capitalista de Occidente”.
Considero que, con esta observación de Hauser, ha sido dicho prácticamente todo respecto de la importancia de Italia como definidora de la cultura moderna de Europa. Por cuanto “si con su racionalismo económico anticipa le evolución capitalista de Occidente”, queda entonces bien definido que es Italia la que va a perfilar y definir todas las estructuras socioeconómicas de la Europa del Renacimiento y del Barroco.
El arte y la literatura eventualmente se adelantan a su tiempo para vaticinar la sociedad del futuro. Pero en la mayoría de casos artísticos generalmente más bien reflejan la sociedad en que se ofrecen y es ésta la que va a definir y a darle derroteros al arte. Dicho en otras palabras: la estructura socioeconómica de un tiempo y de un espacio determinados, define la creación artística de esa misma época. De manera que para reconocer –de un modo más claro– influjos y rasgos de una literatura en otra no es vano observar, también, como lo ha hecho Arnold Hauser y otros alemanes, verificar si el influjo se da con evidencia en el nivel socioeconómico que, finalmente, resulta la categoría más determinante de toda sociedad.
Antes de que la influencia italiana se ofreciera en el campo del arte y la literatura en toda Europa, se va a dar el influjo social y económico. Italia va a ser el primer país europeo en el que el cambio de estructuras socioeconómicas (del feudalismo al capitalismo) se va a producir. Es decir, es el primer país de Europa que muta el feudalismo generalizado por el incipiente capitalismo y en el que por tanto va a germinar –también por vez primera– un nuevo estrato social: la burguesía como clase fuertemente económica y determinadora de los cambios y progresos sociales. De allí que a partir de ese momento la literatura adopte temas, argumentos y especialmente personajes proscritos de los años y los siglos anteriores en su creación. Por ello es que precisamente Cervantes en España y por el influjo socioeconómico italiano (y el cambio de estructuras que esto dio) va a introducir en casi toda su literatura y más bien con exclusividad personajes que ya no corresponden al contexto áulico sino por el contrario personajes burgueses o simplemente criadas como en “La ilustre fregona”.