Un antes y después

Un antes y después

El poder y los hechos anulan todo argumento.

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Resumen Automático

08/01/2026 00:01
Fuente: Prensa Libre 

La hibris o hubris (griego) se refiere al orgullo desmedido, excesiva arrogancia y soberbia que desafía al orden divino; conduce eventualmente a la inescapable retribución o némesis que pone en su lugar a la insolencia mortal. Así gritó Nicolás Maduro a Trump en un encendido discurso; ¡Venga por mí, aquí los espero en Miraflores! ¡No se tarde en llegar! ¡Cobarde! Como un relámpago fulminante caído del cielo, Trump atendió la solicitud de Maduro, que se sentía invulnerable detrás del escudo de la soberanía, de ese derecho internacional que las dictaduras son las primeras en aplaudir.

El régimen venezolano es una organización criminal; un león se cansó de ser provocado.

La operación militar fue una sinfonía armónica, cada instrumento tocando su partitura para abrir un corredor aéreo que insertaría a las fuerzas especiales encargadas de extraer el objetivo. Ingresaron a primera hora del día y se fueron antes de que saliera el sol. Los radares chinos, baterías antiaéreas rusas, ejército bolivariano y guardia pretoriana cubana resultaron ser tigre de papel. En menos de 48 horas, Maduro y su esposa fueron presentados ante un juez en Nueva York.

El socialismo del siglo XXI, la revolución bolivariana iniciada por el golpista y carismático demagogo Hugo Chávez, seguida por su sucesor Nicolás Maduro, es un caso de estudio de cómo la narrativa fantasiosa de realismo mágico encamina a una sociedad a su propia destrucción y la somete a una dictadura gansteril. Duraron poco más de un cuarto de siglo, tiempo en el cual coparon todos los poderes de Estado, aniquilaron al aparato productivo, ordeñaron el patrimonio público y exilaron a más de una cuarta parte de la población.

Petróleos de Venezuela, S. A. (PDVSA) era la joya de la economía venezolana, que Chávez se encargó de ordeñar y destruir. Cuando Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela producía más de 3.2 millones de barriles diarios (mbd); a su muerte en 2013, la producción se había reducido a 1 mbd. Chávez despidió a cerca de 18 mil empleados y técnicos de PDVSA y la repobló con su gente, la convirtió en monedero del régimen y cajero de su juguete revolucionario.

La destrucción de la economía venezolana fue un espejo aumentado del mal manejo de la industria petrolera, produciendo increíbles tasas de inflación; 65,374% (2018), 19,906% (2019) y 2,355% (2020). Este tsunami económico es difícil de comprender si no se ha sufrido y se traduce a la destrucción de la producción, aniquilación del ahorro y redistribución de la miseria.

Lo que hiciera el régimen venezolano estaría protegido por el aura de la soberanía en el contexto del derecho internacional y pondría en entredicho la operación militar efectuada por el gobierno de Estados Unidos. Que existiera una orden de detención emitida por un juzgado de Estados Unidos y recompensa por la captura de Nicolás Maduro no da plena certeza a la legalidad de la operación. El tema de la relación entre actividad criminal protegida por soberanía y derecho internacional es un entuerto, como lo es la noción de que un “país” tenga derechos, indistintamente del tipo de régimen o derechos que posean sus ciudadanos. El régimen venezolano es una organización criminal; un león se cansó de ser provocado.

El poder y los hechos anulan todo argumento; la audacia se ve premiada cuando le sigue la victoria. Si fue por el petróleo, el Tren de Aragua, el narcotráfico, fraude electoral, China, Irán, Rusia o la insolencia de Maduro, hay un hecho consumado. La operación militar del 3 de enero que sacó a Maduro de Venezuela fue fulminante; representa un cambio de paradigma en el hemisferio y una inflexión en la geopolítica global. Es un antes y un después irreversible.