Obedezco pero no cumplo

Obedezco pero no cumplo

0
15/02/2026 00:04
Prensa Libre
Enlace de Compartir

Resumen Inteligente

Se reconoce el poder, pero cumplir con lo que dicta resulta extremadamente difícil porque todos quieren hacer lo que se les dé la gana.

Hay una frase del derecho colonial español que sobrevive y explica nuestra realidad política y jurídica mucho mejor que cualquier informe técnico moderno. El “obedezco pero no cumplo” era la forma elegante en la que los virreyes saludaban al Rey para expresarle que reconocían su autoridad pero que se les hacía imposible ejecutar sus órdenes o leyes por razones prácticas, geográficas o culturales. Era un “sí, pero no…” Hoy, en la Guatemala de 2026, esa herencia sigue explicando cómo muchos reconocen la ley… pero como un trámite decorativo.


Seamos honestos, se respetan algunas normas, ciertos cargos, los abogados citan la Constitución con solemnidad, se invocan procedimientos estrictos para todo pero, ¿dónde queda la ejecución efectiva? Simplemente se diluye.


Vivimos en un país donde se ignora o retrasa la implementación de leyes, se sabotea su intención original y se aplican selectivamente, con favoritismo o clientelismo. Suena a un patrón estructural al que estamos acostumbrados, ¿verdad? Trágicamente, esta instrumentalización de las normas resquebraja el equilibrio institucional y erosiona la confianza en las instituciones públicas.


Por ejemplo, hay instituciones que bajo el “cumplimiento de la ley” han utilizado, por años, desproporcionadamente el poder que les confiere la Constitución y terminan desobedeciendo el espíritu fundamental de la justicia. Hay poderes del Estado que juran lealtad a la Constitución y formalmente cumplen con su función, pero a la vez diseñan leyes improvisadas, contradictorias o hechas para satisfacer intereses particulares. El procedimiento se respeta, la calidad, nada. También tenemos un Ejecutivo que parece entender muy bien la parte de la “obediencia” y se refugia en discursos políticamente correctos, referencias constitucionales y buenas prácticas internacionales. No obstante, el tiempo pasa y la inacción para cumplir con sus responsabilidades básicas solo impide el desarrollo.

…muchos reconocen la ley… pero como un trámite decorativo.


Y, ojo, que el “obedezco pero no cumplo” no es exclusivo para quienes tienen un cargo público. Los ciudadanos muchas veces también participamos. Sabemos cuáles son las normas, las leyes, y aún así decidimos incumplirlas. Como si estorbaran. Es una actitud generalizada de tratar de salirse con la suya porque es más fácil o menos engorroso que tener que lidiar con consecuencias reales. Y así se normaliza dar “mordidas” a la policía, obviar las normas de tránsito, incluso encubrir otro tipo de cosas ilegales. Terminamos justificando pequeños incumplimientos cotidianos.


Esta es la tragedia de nuestra tierra sin ley efectiva. Se reconoce el poder, pero cumplir con lo que dicta resulta extremadamente difícil porque todos quieren hacer lo que se les dé la gana. Entonces, no es que no existan reglas (hasta sobran), pero parece que ninguna vincula lo suficiente a nadie. El “obedezco pero no cumplo” es en última instancia el contrato de los que no tienen honradez, de los corruptos, pues… sean de izquierda, de derecha, de arriba, de abajo, de acá o de allá. Es una forma diferente de decir: acepto tu autoridad siempre y cuando no intervenga con mis intereses.


Así el problema es el incumplimiento parcial o estratégico del verdadero espíritu de nuestra Constitución o de los principios republicanos, democráticos y representativos que nos deberían guiar. Más que una anécdota colonial, la frase debería hacernos ver ese síntoma silencioso. Mientras sigamos confundiendo obediencia formal con cumplimiento verdadero, vamos a seguir atrapados.

Comentarios

¿Qué opinas hoy?
Sé el primero en encender la conversación.

Noticias relacionadas