La gran mentira que debemos dejar atrás al iniciar un nuevo año

La gran mentira que debemos dejar atrás al iniciar un nuevo año

En la Tierra, el crecimiento económico suele tratarse como el objetivo final.

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Resumen Automático

03/01/2026 00:02
Fuente: Prensa Libre 

Recibir un nuevo año es una oportunidad para revisar las ideas que gobiernan nuestras decisiones como humanidad. Algunas de esas ideas —profundamente arraigadas— son, sencillamente, una mentira. Así lo comprendió el astronauta Ron Garan después de pasar 178 días en el espacio.


Garan regresó a la Tierra cargando algo mucho más pesado que el equipo o los datos de su misión: volvió con una comprensión transformada de la humanidad. Desde la órbita, no vio países ni fronteras, ni banderas defendiendo territorios. Vio una radiante esfera azul suspendida en la oscuridad infinita. Ninguna línea dividía los continentes. A 250 millas sobre la superficie, cada conflicto humano parecía insignificante y, al mismo tiempo, cada conexión humana resultaba inevitable.


Observó tormentas gigantescas y rayos cruzando continentes enteros; auroras boreales desplegándose como cortinas vivientes sobre los polos; ciudades brillando suavemente en la noche. Pero lo que más lo impactó no fue el poder de la Tierra, sino su fragilidad. La atmósfera —esa delgada capa que protege toda forma de vida— le pareció tan fina como la envoltura de un papel: casi invisible, pero responsable de todo lo que respira, crece y sobrevive.


Esa visión detonó lo que los astronautas llaman el efecto perspectiva: un profundo sentido de unidad, asombro y responsabilidad. La comprensión súbita de que la humanidad comparte un sistema único y cerrado. Sin respaldos. Sin rutas de escape. Sin un segundo hogar.


Fue entonces cuando Garan comenzó a cuestionar las prioridades de nuestra civilización. En la Tierra, el crecimiento económico suele tratarse como el objetivo final. Desde el espacio, esa jerarquía se derrumba. El orden correcto —afirma— debería ser: primero el planeta, luego la sociedad y, finalmente, la economía. Porque sin un planeta saludable, ni la sociedad ni la economía pueden existir.

La comprensión súbita de que la humanidad comparte un sistema único y cerrado. Sin respaldos. Sin rutas de escape. Sin un segundo hogar.


Garan compara a la Tierra con una nave espacial que transporta a miles de millones de tripulantes, todos dependiendo del mismo sistema de soporte vital. Sin embargo, muchos nos comportamos como simples pasajeros, no como cuidadores, asumiendo que alguien más se hará cargo de mantener todo en funcionamiento.


Desde la órbita, la contaminación no tiene nacionalidad. Los sistemas climáticos ignoran fronteras. El daño ambiental en una región provoca un efecto dominó en todo el planeta. Las divisiones que defendemos con tanta vehemencia abajo simplemente no existen desde arriba y confirman una verdad ineludible: todo lo que le hacemos al planeta nos lo hacemos a nosotros mismos, y solo cambiando esa conciencia podremos cuidar el único hogar que tenemos.


Creer que nuestras prioridades están bien ordenadas es la gran mentira. En Paraguay, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) tiene un rol clave en el Presupuesto Nacional, especialmente porque participa en la discusión y defensa de su presupuesto ante el Congreso.


Como tripulante de una pequeña embarcación que llevó al centro del Polo Norte hace algunos años, pude confirmar en carne propia lo que Garan describe. En la soledad y vastedad blanca del Ártico comprendí que estamos verdaderamente solos en este planeta. Lo que le hacemos al medioambiente repercute de punta a punta, y al final siempre terminamos dañándonos a nosotros mismos.


Que este nuevo año nos encuentre con la humildad necesaria para cambiar nuestras ideas, con la valentía de corregir el rumbo y con deseos sinceros de cuidar el único hogar que tenemos. Feliz año nuevo, y que los anhelos más amorosos hacia el planeta se hagan realidad.