Es urgente reformar las Naciones Unidas

Es urgente reformar las Naciones Unidas

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30/09/2026 07:57
La Hora
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Resumen Inteligente

El multilateralismo se encuentra en una situación crítica porque nunca en toda su historia las Naciones Unidas se habían visto sometidas al ataque del país al cual, sin embargo, deben su existencia, algo que explica por qué su sede principal se encuentre en Nueva York. Sin la profética visión de esos dos grandes estadistas que […]
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El multilateralismo se encuentra en una situación crítica porque nunca en toda su historia las Naciones Unidas se habían visto sometidas al ataque del país al cual, sin embargo, deben su existencia, algo que explica por qué su sede principal se encuentre en Nueva York. Sin la profética visión de esos dos grandes estadistas que fueron Woodrow Wilson y Franklin D. Roosevelt no existiría la organización mundial pero tampoco nadie pudo imaginar nunca que ese gran país del norte iba a entrar en un proceso de decadencia y que un aspirante a “dictador/emperador” iba a renegar de la organización mundial. Y aunque esta tendencia de rechazo al multilateralismo en la búsqueda descabellada de un hegemonismo mundial utópico data del fin de la guerra fría y fue iniciada por el Pentágono y la oligarquía militar industrial del llamado Deep State buscando la desintegración de Rusia, “detener” (containment) a China y promover el plan sionista del “Gran Israel” en el Medio Oriente destruyendo a Irán (“mandarlo al infierno” dijo Trump cínicamente ante la Asamblea General la semana pasada) nadie imaginó los extremos a los que se podría llegar.

En efecto, quien podía suponer que, precisamente el país que promovió la fundación de Naciones Unidas en 1945, ocho décadas después iba a repudiar unilateral y arbitrariamente el derecho internacional. Sólo así se puede explicar la abierta violación del artículo 39 del capítulo VII de la Carta que ordena al Consejo de Seguridad que siempre qué se produzcan amenazas,quebrantamientos de la paz o bien actos de agresión decida las medidas a tomar “para mantener o restablecer la paz y seguridad internacionales”. Las medidas son las previstas por el artículo 41 (que no implican el uso de la fuerza, como la mediación, gracias a la cual prosperaron los Acuerdos de Esquipulas aquí en Centro América o las fuerzas de mantenimiento de la paz, como las que hay en África o en Chipre) mientras que el artículo 42 contempla la utilización de fuerzas aéreas, navales o terrestres para hacer cumplir las decisiones del Consejo. Sabemos que en toda su historia solo en dos ocasiones (la invasión de Corea del Sur por Corea del Norte en los años 50 del siglo pasado y la agresión de Irak contra Kuwait en 1991) Naciones Unidas aplicó el artículo 42 sin que nadie opusiera veto. En el resto de su historia, ni en el caso de Vietnam, Afganistán, Irak en la guerra ilegal de Bush en el 2003, Ucrania en la actualidad, el genocidio en Gaza, la agresión a Venezuela y el secuestro de Maduro incluyendo las ejecuciones extrajudiciales o los actos de piratería en él Caribe, el bloqueo a Cuba para provocar un cambio de régimen haciendo sufrir a toda la población o la reciente agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán – que tiene al mundo entero sumido en una de sus peores crisis económicas debido al alza de los precios del petróleo incluyendo a Guatemala – todo esto lo han podido hacer debido al veto que mantiene paralizado al organismo mundial.

Y, lo que es peor, a pesar de la prohibición de la guerra establecida por el artículo 2 (incisos 3 y 4) así como ante las amenazas, quebrantamiento de la paz y actos de agresión sufridos por Irán (fue conmovedor el discurso del presidente iraní ante la Asamblea General mostrando las fotografías de las más de 150 niñas asesinadas por un misil) Trump tuvo la desfachatez – durante su intervención en la Asamblea General la semana pasada en Nueva York – de amenazar a Irán con su aniquilacióntotal si no se obtiene un arreglo negociado, según dijo. Escuchar al jefe de Estado de la mayor potencia militar del mundo profiriendo semejantes amenazas es algo inaudito y los lectores se preguntarán cómo es posible que le hayan tolerado semejante comportamiento. La respuesta es que el mundo entero es rehén del veto de las grandes potencias como hizo ver el presidente Lula de Brasil – no sin antes recordarle a Trump que, a pesar de su cacareada “doctrina Donroe” Brasil tiene el tamaño suficiente para no ser traspatio de nadie –. Por ello es urgente reformar el Consejo de Seguridad como bien dijeron además de Lula, Pedro Sánchez, el canciller mexicano Roberto Velasco (¡y hasta el canciller ruso Serguéi Lavrov!) al igual que innumerables delegaciones. Y esta reforma sería no solo para incluir como miembros permanentes a países de las distintas regiones del mundo (India, Sudáfrica y Brasil, en el ejemplo puesto por Lavrov) sino también, lo más importante, para eliminar el veto, resabio anacrónico de la doctrina del equilibrio de poderes (o realpolitik) al interior del Consejo de Seguridad.

Pero la reforma debería incluir también modalidades para que en la Asamblea General estén representados también los pueblos, las naciones que integran el organismo mundial porque su inoperancia actual, además del veto, se debe a que solo están representados los gobiernos. Hay que tener presente que la ONU es un organismo inter-gubernamental y no puede ir más allá de lo que los gobiernos deciden que haga. Por tanto, el antecedente del buen funcionamiento de la estructura tripartita de la OIT, en donde trabajadores, patronos y gobiernos forman parte de ella – la OIT es más antigua que la ONU – podría servir de base para una reforma que sea efectiva. Ya existen propuestas en esa dirección, lo que urge es que una mayoría de países logren la aprobación de la mejor de ellas en Asamblea General. Y ocurre lo mismo con la posibilidad de aprobar alguna resolución tipo unión pro paz que permitiría a la Asamblea General soslayar el veto si es que no es posible (lo más probable) convencer a las grandes potencias de eliminarlo de la Carta reformando el artículo 27. Es absolutamente indispensable que una mayoría de países democráticos y progresistas hagan causa común para actuar en esa dirección y que este objetivo se inscriba dentro de la política exterior de los respectivos gobiernos, incluyendo al nuestro, que por ahora permanece en el inmovilismo.

Además, es interesante constatar como un país europeo cuyo presidente pertenece al PSOE, es decir, a la izquierda socialdemócrata, tuvo una muy importante participación en la Asamblea General de la semana pasada. Pedro Sánchez, presidente del gobierno español dijo cosas muy ciertas cuando mencionó de qué manera la derecha mundial se ha puesto en contra de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y de la Agenda 2030 que sin embargo los 193 miembros de la ONU (incluyendo a Estados Unidos) suscribieron en 2015 para sustituir a los ODM del año 2,000. Oponerse a abatir la pobreza, a promover la igualdad en las relaciones de género, a garantizar salud y educación para todos, a combatir el cambio climático tratando de conservar el buen funcionamiento de los ecosistemas naturales es algo incomprensible, pero es lo que está sucediendo y Sánchez lo dijo con toda claridad. También criticó el unilateralismo de Trump y recordó que España se opuso a la orden de Trump de aumentar el gasto militar para servir a los intereses del complejo militar industrial norteamericano en la OTAN a pesar de que, como herencia del pasado, España es miembro de la alianza atlántica y tiene que tolerar bases militares estadounidenses en su territorio.

También dijo con toda claridad que España espera que la próxima Secretaria General de Naciones Unidas sea una mujer y que sea latinoamericana. Sabemos que por rotación regional nos toca ahora la Secretaría de la ONU (el último secretario latinoamericano fue el diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar) y dado que, desafortunadamente, quien a nuestro juicio era la mejor candidata, la chilena Michèlle Bachelet – dos veces presidenta de Chile y directora de ONU mujeres – se vio forzada a abandonar la lucha por la negativa de Kast a respaldarla y a pesar de que ( o precisamente debido a que) México y Brasil ya le habían dado su apoyo. Una vergüenza. Pero dentro de las candidatas que se mantienen, dos de ellas serían, a nuestro juicio, las más apropiadas para el cargo. Nos referimos a la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, quien ha trabajado para Naciones Unidas, fue Canciller y Ministra de la Defensa de su país, además de haber sido presidenta de la Asamblea General y embajadora en dos ocasiones en Nueva York. Su candidatura fue presentada por la isla caribeña Antigua y Barbuda porque es muy poco probable que la hubiese presentado el actual presidente ecuatoriano ya que Espinosa tiene el “pequeño problema” de haber ocupado esos cargos durante los gobiernos de Revolución Ciudadana, habiendo sido, incluso, diputada de la Asamblea Constituyente del 2008 que promulgó una Constitución que le otorgó derechos a la naturaleza, así como a los pueblos indígenas. Para ajuste de males, parece ser que Noboa, para no incurrir en la vergonzosa posición de su colega chileno, hablo con la islita de Tonga, en el Pacífico para que propusieran a una señora, también ecuatoriana, de nombre Ivonne Baki. Increíble.

En cuanto a la costarricense Rebeca Grynspan es actualmente Secretaria General de la Conferencia de Naciones Unidas para Comercio y Desarrollo, la UNCTAD, desde el 2021. Esta entidad está muy venida a menos debido al proteccionismo y oposición al libre comercio que se ha convertido en la política oficial de Estados Unidos desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. También Grynspan tiene experiencia como funcionaria de la organización mundial en el PNUD, ha sido vicepresidenta de Costa Rica y Secretaria General Iberoamericana, de modo que su perfil podría ser el más neutral y apropiado para la decisión que, como sabemos, tiene que pasar por el famoso filtro del “derecho de veto” de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad o sea que, en última instancia, son ellos quienes deciden (ya las tres candidatas han visitado a China y se han entrevistado con el Canciller Wang Yi, para que se tenga una idea del trabajo de cabildeo que hay que hacer). La tercera candidata de peso es la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, quién cuenta con el apoyo de la organización regional del CARICOM y ha sido embajadora de su país ante Naciones Unidas. Sin embargo, Guyana no es propiamente un país latinoamericano pues pertenece a las antiguas colonias británicas del Caribe y el hecho de mantener un diferendo territorial con Venezuela por el Esequibo, con campos petrolíferos incluidos, complica la situación con un Trump que ya obligó al gobierno de Delsy Rodríguez a suscribir un convenio para la explotación del crudo pesado venezolano, indispensable para la fabricación de diésel y gasolina de avión. Veremos qué pasa, pero no cabe duda que todas las candidatas no la tendrán fácil para obtener la aquiescencia de los cinco miembros permanentes, razón de más para concluir señalando que ésta debería ser otra de las reformas a impulsar: la elección del Secretario General de la ONU debería hacerse democráticamente por la Asamblea General sin pasar por el Consejo de Seguridad.

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