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Por qué no quise escribir sobre Kamala
Tampoco quise unirme a la parafernalia de expectativas exageradas que hay en el país.
No quería escribir sobre Kamala Harris, a pesar de que visita nuestro país hoy en la noche. A pesar de que este espacio es una columna de opinión dedicada al fenómeno migratorio guatemalteco. Y a pesar de que lo oficial de su visita es precisamente eso: atender las causas estructurales que motivan a que la población abandone este territorio.
¿Por qué, entonces, no quería escribir sobre su visita? Porque veo que los esfuerzos están dentro de una agenda de la Casa Blanca que tiene un poco menos que ver con nuestra emigración actual, y que tiene más que ver con retomar las posiciones, dentro de la larga intervención estadounidense en esta región, que han dado por llamar recientemente el “Triángulo Norte Centroamericano”.
Un cambio de color al envoltorio de la caja, pensé. Pero el contenido ¿por qué habría de ser distinto? “Que necesitan detener la migración irregular”, se dice. “Que atenta contra su seguridad interna”. Pero poco se habla de que sabemos que la gente no es solo expulsada de sus territorios de origen. Que también son atraídos por la mayor economía del planeta, que pertenece a una población que envejece. ¿Quién —si no los nuestros— haría, entonces, ese trabajo?
Dudé de que el objetivo fuera detener la migración. En todo caso, prevenir los altos picos en la frontera, que tanto alboroto causan en sus elecciones. Subyacentes, otros objetivos, que estas públicas apariencias: US$4 millardos de ayuda, en un período de 4 años, repartido entre 3 países, para traernos desarrollo. Cuando los migrantes, solo en Guatemala, solo el año pasado, enviaron US$11.3 millardos. Eso, directamente al bolsillo de sus familias, y no a través de la costosa burocracia internacional. EE. UU. tendría que enviar 34 veces más, para empezar a competir contra la alternativa migratoria. Un chiste.
Y 6 mil visas de trabajo H2B anunciadas para la región, según un funcionario de Usaid, “como un componente clave del enfoque… Biden-Harris de abordar la migración irregular”. Digamos unas 2 mil por cada país. Pero, solo en Guatemala, el ministerio del exterior confirmó que en el 2017 los consulados atendían a 2.7 millones de guatemaltecos en EE. UU. Ya en el 2019, eran 2.99 millones. ¿Cuántas visas se necesitarían si nuestra población migrante creció 300 mil en 2 años? La respuesta de esas 6 mil visas, un poco, un insulto.
Por último, el conglomerado de empresarios para crear oportunidades de trabajo, cuando en los principales departamentos que experimentan el éxodo, según Encovi, el promedio de escolaridad de la población no llega ¡ni siquiera a 5 años! ¿Qué trabajos pueden ellos realizar? El grueso de los que emigran limpia el lodo de su machete una noche antes de encontrarse con el coyote.
Pero no quise criticar esto sobre la señora Harris, porque si bien lo suyo tiene poco que ver con la emigración actual, puede que sí traiga una diminuta oportunidad contra el descalabro político actual que nos apacha. Ese que provocará aún mayores poblaciones desplazadas en el futuro. Bajo esa única luz, una diminuta esperanza, sabiendo que la señora representa hoy a una fuerza egocéntrica de intervención global, cuyo paso por esta tierra ha traído tanto daño, y que permanece sin reparo.
Por último, tampoco quise unirme a la parafernalia de expectativas exageradas que hay en el país, que me parece sumamente vergonzosa. Como si la gente no conociera la historia. Pero bueno, esta alta visita sí es el día de hoy; y sí, esta es una columna sobre migración. Así que ahí se fue. Saludos.