TGW
Guatevision
DCA
Prensa Libre
Canal Antigua
La Hora
Sonora
Al Día
Emisoras Unidas
AGN

El niño trabaja como proceso del aprendizaje
Los niños pueden acompañarnos en nuestro trabajo para aprender y escoger en el futuro.
“Un niño que trabaja pierde más de lo que gana, porque afecta su bienestar físico y psicológico”. Steward Atalaya
En una sociedad, cuando se llegan a acentuar los contrastes, es muy fácil tomar posturas no apropiadas y por lo mismo también se pierde perspectiva para trazar lineamientos que nos ayuden a ser propositivos. Los niños a quienes encuentran trabajando pueden llegar a ser de estos casos.
No es de ninguna manera un delito que un niño trabaje, el problema es cuando lo que está haciendo no está enfocado o fundamentado en el hecho de aprender y conocer más para que luego pueda escoger lo que tiene que hacer en la vida. El problema está en que se le envía a trabajar para que genere ingresos y al traerlos al hogar puedan cubrir gastos que son para los adultos. Porque la norma es exactamente lo opuesto, los adultos generan y producen para cubrir las necesidades de los niños.
Todo mortal, por encima de la edad que tenga, está embarcado en un proceso de aprendizaje y siempre es sano que se puedan ampliar las capacidades que se tienen, porque ello habrá de dignificar a la persona y mejorar su autoestima. El problema está en los casos en que el proceso es una carga y un deber porque se depende de ello.
Y en este día mundial en que se toma una postura en contra del trabajo infantil, se debe poder clarificar qué es lo que se está pregonando. Y es muy correcto estar en contra de poner una carga en la niñez para que genere ingresos. Esta edad es para jugar, estudiar y, de alguna manera, conocer el medio en el cual se está desarrollando para poder visualizar su lugar y empezar a aprender a ser productivo por las habilidades naturales que la vida le ha concedido.
Lo sano para los que viven su niñez es entremezclar el juego con las tareas productivas en las que se puedan involucrar, porque aparte de pasar un buen tiempo haciendo algo, están aprendiendo de sus mayores. Esto permite que la convivencia no esté en un marco de pasividad sino todo lo contrario, la convivencia se está llevando acabo acompañando, observando y aprendiendo en una manera experimental.
Cuántos adultos conocemos que en sus narrativas recuerdan cómo durante el tiempo que estuvieron con sus mayores aprendieron cosas que de otra manera no hubieran sido una realidad. Es mucho peor para aquellos niños que en lugar de involucrarlos en lo que se está haciendo se les pide que se retiren y que no molesten porque los mayores están ocupados. Es claro que si hay situaciones que representan peligro no deben estar, pero si se sabe, se puede planificar de tal modo que pueda ser un proceso participativo que quedará en la memoria de ellos para el resto de sus vidas. Y muy probablemente cuando ellos sean los mayores repitan el proceso con la próxima generación.
Una riqueza que en estos días es poco usual es la atmósfera de compañerismo entre los mayores y la nueva generación. Sin duda esto no surge de una manera espontánea, hay que ser creativos y planificarlo, y una vez que se tiene, permitir que se desarrolle en un tiempo de máxima satisfacción.
Si estamos convencidos de que el proceso de la asimilación es un recurso gratificante para aprender, debemos hacer planes para que sea parte de nuestra vida, en bien de los mayores y también para los niños que nos acompañan.