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Una irresponsabilidad convertida en vomitivo
Las acciones realizadas por los diputados los desprestigian a ellos y al poder Legislativo, aquí y en cualquier otro país.
Los diputados no cesan en su tarea de desprestigiar al Congreso. El lunes anterior paralizaron las sesiones para comenzar unas absolutamente inmerecidas vacaciones de Semana Santa, lo cual ya provoca vómitos, y mantener su lucha porque el inmoral aumento auto-recetado no sea eliminado y el dinero devuelto. Las posibilidades de realizar una sesión el lunes entrante, decidida por Nery Ramos —de hecho, oficialista— son iguales a las de una luna cuadrada saliendo del horizonte. Harán todo lo posible fuera de la legalidad para meterse en la bolsa aun más dinero, no ganado sino vergonzosamente sustraído del erario con maniobras burdas. Por enésima vez se justifica el rechazo popular a ese poder del Estado y a los pseudo partidos politiqueros.
Las acciones realizadas por los diputados los desprestigian a ellos y al poder Legislativo, aquí y en cualquier otro país.
No cabe la crítica sólo por la forma del proceso utilizado. Aunque fuera transparente y prístino, es injustificable. Muestra mezquindad. El rechazo debe estar dirigido a la idea de subir sus emolumentos, una bofetada a la ciudadanía, sobre todo aquella sobreviviente apenas con ingresos mínimos. Los burdos pretextos para subir sus salarios demuestran un descaro absoluto: reuniones de “jefes de bloque”, viáticos, comida, asistentes y demás. Los dignatarios de la nación, como ellos se autonombran con total irresponsabilidad, no tienen motivo para esquilmar más dinero de un país donde altos precios de prácticamente todo lo necesario obligan a los ciudadanos a hacer sacrificios. Este descaro total muestra sus oídos sordos a la crítica de todos los sectores nacionales.
El lunes solo asistieron miembros de Creo, Vos, Victoria, Cabal, Viva y Azul. De los restantes remedos de diputados sobresalen aquellos amnésicos de sus propias palabras, al ‘olvidarse’ —intencionalmente, por supuesto— de no aceptar esos sangrientos dineros porque pudieron haberse empleado en la adquisición de medicinas. Los restantes no llegaron, pidieron permiso, se fueron de viaje y por todo ese intencional y por ese nuevo atraso tampoco se pudo conocer la expulsión de Karina Paz (Vos), primera secretaria de la junta directiva, como lo ordenó la Corte de Constitucionalidad. Da grima, rabia y disgusto máximos darse uno cuenta del pésimo ejemplo para los ciudadanos cuando ellos deciden no obedecer alguna ley o burlarla, peor aún. El gremio de diputados se divide entonces en peorísimos, peores, malos y malísimos. El adjetivo ‘bueno’ no tiene una posible aplicación, al tener como uno de sus sinónimos ‘útil’.
La decisión del presidente del Legislativo, Nery Ramos, para reunirse el lunes de la semana entrante, nadie la verá convertida en realidad. Por aparte, la asignación de personal gubernativo de seguridad a los diputados, si bien se podría justificar en algunos casos, sólo sirve para provocar percances no solo a ellos, sino a transeúntes. Uno de los problemas comunes de muchos guatemaltecos consiste en criticar con fuerza este tipo de abusos y demás hechos cuasi-delictivos, pero es imperdonable seguir saludando a los culpables si los conocen y los encuentran, sin siquiera atreverse a hacerles la “ley del hielo”, rechazarlos. En esto nos diferenciamos de los ciudadanos de otros países latinoamericanos, quienes así demuestran su rechazo, sabedores de ser la única acción posible.
Otro motivo de actuar de esa manera se debe a la ostentación del dinero mal habido. De pronto tienen carros último modelo, compran a apartamentos lujosos y de precios inaccesibles a donde llegan después de vivir en una colonia de clase media. La vergüenza pasa, pero el pisto se queda en casa, dice el viejo y satírico adagio. Es parte del subdesarrollo, aunque sin duda también se presenta en países desarrollados, debido a la cada vez mayor aceptación de lo indebido y de la actitud de no respetar el nombre heredado de familias integradas por familias dignas. Por imitación de otras sociedades, donde lo único es importante es el dinero y sus beneficios, las nuevas generaciones desafortunadamente imitan esta actitud y con ello acaban con las bases éticas de la sociedad.