Alejandro Ortiz
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La primera demostración de amor y aceptación es que los niños se sientan cuidados y protegidos.
Cada hijo llega al mundo con unas posibilidades, es decir con un “haber”. Trae una vida, unas cualidades innatas biológicas y espirituales: cualidades que podrá desarrollar a lo largo de su existencia.
Es una realidad que los bebés desde que nacen necesitan la ayuda de sus padres, ya que para alcanzar su plenitud necesitan un modelo, no pueden desarrollarse solos.
Desde las primeras horas de nacidos se da a los hijos manifestaciones de amor filial y esta noble tarea no es transferible a otra persona aduciendo falta de tiempo o preparación. Este es el momento de asumir amar y donarse a los hijos. El ser humano está llamado a vivir en el amor; esto significa que el amor es selección y elección de otro, con todo lo que esto lleva consigo, la inteligencia y voluntad, de conocer y querer.
La primera demostración de amor y aceptación es que se sientan cuidados y protegidos, que cuentan con sus padres, quienes los aceptan y están interesados en acompañarlos.
El acompañamiento consiste en estar allí y más aún, saber estar para ellos, en irles enseñando a vivir la vida, afrontando lo que les toca vivir en cada etapa.
Atenderlos siempre, hasta para decir que no se les concederán sus gustos y caprichos. Esto permite que los padres conozcan a sus hijos y viceversa, lo cual ayuda a conocer las cualidades que se tienen, así como las áreas de mejora. Para ello los padres enseñarán a los hijos con el ejemplo y consejo.
Deben convivir con ellos teniendo como objetivo disfrutar juntos, así irán adquiriendo una personalidad propia y segura, manifestando siempre alegría de vivir.
Algunos consejos para mejorar la atención a los hijos son:
El primer paso es interesarse por los hijos, ocupándose de ellos.