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El sistema inmunitario es el sistema de defensa ante patógenos invasores (virus, bacterias, hongos) que garantiza la salud y la supervivencia de nuestro organismo.
Si bien sabemos que una nutrición adecuada y una actividad física rutinaria son factores del estilo de vida que influyen en la salud al mejorar la composición corporal, la salud musculoesquelética y el rendimiento cognitivo; cada vez es más claro que esta combinación puede producir consecuencias positivas para la salud más significativas como es el estimular el sistema inmunitario.
El sistema inmune se mantiene activo todo el tiempo, por lo que requiere un suministro de energía, el cual es proporcionado por la alimentación. Una nutrición adecuada y apropiada, es un determinante esencial de las funciones inmunitarias óptimas.
La vitamina D facilita las respuestas inmunitarias tanto innatas como adaptativas. Se recomienda una ingesta de 600 UI/día.
El Zinc tiene beneficios contra infecciones virales. Un estudio publicado en el 2017 por Hemila y col. demostró que el consumo de zinc redujo la duración del resfriado común en un 33%. Se recomienda una ingesta de 80–92 mg/dia.
Se debe de suplementar vitaminas/minerales y antioxidantes en aquellas personas que no obtengan los nutrientes de su dieta normal.
Múltiples estudios han demostrado el beneficio de la actividad física en el sistema inmune. El ejercicio regular se asocia con una reducción del 31% de enfermedades infecciosas y un 37% en el riesgo de su mortalidad. Por el contrario, la inactividad física y sus consecuencias (acumulación de tejido adiposo y la disfunción muscular) tienen un impacto negativo ejerciendo susceptibilidad de contraer infecciones.
Una actividad física de 3 a 5 veces por semana durante un promedio de 30 minutos mejora el sistema inmune aumentando las células implicadas en estos procesos. Recientemente, Fedewa y col. demostraron que el entrenamiento físico rutinario se asocia con bajos niveles de sustancias proinflamatorias y radicales libres que son nocivas para el organismo.
Por lo tanto, una nutrición balanceada junto a la actividad física rutinaria no solo reducen el riesgo de desarrollar enfermedades cardiometabolicas, sino también promueven un sistema inmune saludable, reduciendo así el riesgo de contraer enfermedades infecciosas.