Andrea Jumique
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Estamos transitando una nueva configuración del trabajo, por la creciente complejidad y velocidad del mercado, y por los nuevos escenarios.
Si bien contamos con herramientas tecnológicas cada vez más sofisticadas que resuelven tareas rutinarias, ha aumentado el imperativo de realizar tareas más complejas que requieren, además de mayor atención y competencias, una gran dosis de energía mental.
Conjuntamente, el ecosistema donde se efectúa el trabajo se ha transformado: espacios deslocalizados (teletrabajo), tiempos flexibles y comunicación multicanal, entre las principales nuevas variables. Esto, que sin duda es un gran beneficio, trae aparejado una trampa de la cual, las más de las veces, no tenemos conciencia: desaparecen los límites materiales y estamos más expuestos a estímulos concomitantes.
Esta combinación nos reclama gestionar de otro modo nuestra relación con el trabajo y nuestro bienestar personal, condiciones necesarias no solo de la productividad y la eficiencia, sino de la salud mental.
Estamos expuestos a un desequilibrio permanente, al que no podemos responder con esquemas de organización aplicables a realidades que ya no existen. Es fundamental tomar conciencia de la responsabilidad individual de encontrar lo que más contribuya, no ya a un equilibrio, sino a una integración saludable de estos escenarios caóticos con nuestros proyectos y espacios personales.
El primer cambio de perspectiva es tomar conciencia de que el trabajo es parte de la vida, y que, mientras más garanticemos nuestro bienestar en este espacio, más bienestar tendremos en el ámbito denominado “personal.” Si bien son espacios diferentes, ocurren en la misma subjetividad, en el mismo mundo interno.
A modo de las principales buenas prácticas:
Desarrollar hábitos como:
Esta última, considero la clave fundamental: cuando nuestra vida se estructura con base en lo que elegimos y no en lo que simplemente aceptamos, el fondo vital es más propicio para el bienestar.
Cada persona tiene que encontrar, a través del autoconocimiento, el patrón que le resulte conveniente.