Duro aprendizaje de 27 meses se debe respetar

Duro aprendizaje de 27 meses se debe respetar

Este mensaje es una invitación a poner los pies sobre la tierra, las manos en desinfección constante y la atención en las vulnerabilidades biológicas de la especie humana. Usar un poco más la mascarilla, incluso en espacios abiertos, ya no es tan incómodo como al principio y puede en efecto aminorar el peligro.

18/06/2022 00:06
Fuente: Prensa Libre 

A mediados de junio de 2020, la cifra de fallecidos por covid-19 estaba por sobrepasar los 500, pero aún estaba por venir la peor etapa de mortandad, que hasta ayer registraba 18 mil 371 decesos por esa causa, sin vacunas a la vista, en confinamiento, con cuantiosa pérdida de empleos, ingresos y jornales laborados. Con toda certeza se puede afirmar que nadie, absolutamente nadie, quiere volver a vivir tal capítulo de incertidumbre, impotencia y desánimo ante una enfermedad descontrolada, con hospitales saturados y sin mayores medios para frenar su gravedad.

Dos años después, las normas preventivas se han distendido, las mascarillas son opcionales en espacios abiertos y las vacunas, que tanta esperanza suscitaron cuando estaban en fase de investigación, no son buscadas por toda la gente. Cierto es que el manejo estatal de aprovisionamiento adoleció de secretismos ruidosos, la logística tuvo errores y no se comunicó sobre la campaña de inmunización con pertinencia multicultural, pero también hubo escepticismos inducidos, temores infundados que se propagaron maliciosamente. Esta confluencia de mala gestión y ruidos es la que contribuye a un porcentaje de inmunización completa inferior al 50%.

Pero el virus del covid 19 no se ha extinguido. Muta. En su insignificancia microscópica busca la vía de volver a infectar con nuevas cepas y es lo que hoy causa el repunte de casos positivos detectados. La diferencia de la gravedad de los síntomas radica en contar o no con cualquiera de las vacunas. No tener ninguna y atenerse al azar es una peligrosa opción que puede poner en peligro a los seres más queridos. Las cifras reportadas por el Ministerio de Salud son elocuentes.

Entre el 8 y el 14 de junio, en medio de la nueva normalidad imperante, el porcentaje de personas hospitalizadas por covid moderado llegó a 4.09% y otro tanto creció el de pacientes graves. En números concretos, la última semana dejó casi 13 mil casos activos confirmados, es decir diagnosticados entre quienes acudieron a practicarse una prueba. A esto se suma el subregistro.

Las actividades productivas nacionales deben continuar, por supuesto. La coyuntura económica global y nacional no resiste un bajón de intensidad y esfuerzo. Sin embargo, para poder proseguir con cierta certeza de sostenibilidad sanitaria, se necesita un fuerte sentido de responsabilidad personal, familiar e institucional hacia la observancia de prácticas seguras. Es precisa la convicción de la empatía por la salud del prójimo.

Países como Estados Unidos, China o España, con amplios recursos médicos y científicos, han registrado serios repuntes de casos y hospitalizaciones este año a causa de nuevas variantes del virus. Le apuestan a más dosis de vacunas y también a fármacos retrovirales de reciente lanzamiento. Aún así, sus autoridades no dejan de expresar cierta preocupación por la prognosis, dado el potencial de mutación. Esto en manera alguna es alarmismo o amarillismo como quieren hacerlo ver ciertos personajes que buscan venderse como mentes iluminadas y salvadoras de la productividad. Por el contrario, este mensaje es una invitación a poner los pies sobre la tierra, las manos en desinfección constante y la atención en las vulnerabilidades biológicas de la especie humana. Usar un poco más la mascarilla, incluso en espacios abiertos, ya no es tan incómodo como al principio y puede en efecto aminorar el peligro.

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