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Gaza al límite. ¿Se acercará el infierno?
Hamás debe entender que su estrategia de terror tiene un costo y que el mundo libre no puede seguir tolerando su barbarie.
El reciente alto al fuego en Gaza había logrado contener en gran medida los enfrentamientos en la región. Sin embargo, esta semana la situación dio un giro y las tensiones han vuelto a escalar. La tregua, que contemplaba liberaciones escalonadas como parte del acuerdo, fue suspendida por los terroristas de Hamás, quienes anunciaron la anulación de la entrega de rehenes hasta nuevo aviso, acusando a Israel de haber incumplido lo pactado.
Ante la intransigencia de Hamás, Donald Trump ha sido tajante: “Si para el sábado 15 de febrero no son liberados todos los rehenes israelíes, se desatará el infierno”. Sus declaraciones han resonado con fuerza en el tablero geopolítico, enviando un mensaje inequívoco sobre los límites de la paciencia de Estados Unidos, frente al terrorismo y anticipando posibles represalias de gran magnitud.
Desde el brutal ataque del 7 de octubre, cientos de personas han sido arrancadas de sus hogares, separadas de sus familias y sometidas a un infierno indescriptible. Los relatos de los pocos rehenes liberados son desgarradores: hambre, encierro, golpes y la amenaza constante de ejecución. Niños aterrados, ancianos abandonados a su suerte y mujeres sometidas a vejaciones inimaginables. En una clara demostración de la crueldad despiadada de Hamás, que sigue utilizando a inocentes como moneda de cambio para sus negociaciones.
Israel ha hecho lo imposible para rescatar a sus ciudadanos, pero la diplomacia se agota cuando la contraparte es un grupo terrorista que desprecia la vida humana. Netanyahu ha mantenido su posición firme, exigiendo la liberación incondicional de los rehenes y lanzando operaciones para localizar y recuperar a los secuestrados. Sin embargo, la respuesta de Hamás ha sido la esperada; chantaje, dilaciones y cinismo absoluto.
El reloj avanza y, si para mañana al mediodía los rehenes no son liberados, la situación en Gaza podría entrar en un punto de no retorno.
Trump, quien ha prometido un apoyo inquebrantable a Israel, no es un hombre de palabras vacías. Su advertencia sugiere que, si el mundo sigue permitiendo que Hamás actúe con impunidad, el precio será alto. La única opción, luego de los intentos fallidos, es una intervención militar coordinada con Israel. El mensaje es claro: “El terrorismo no puede seguir dictando los términos del conflicto”.
La comunidad internacional, especialmente Europa y la ONU, ha mostrado su ya habitual tibieza frente a esta crisis. Mientras algunos países presionan a Israel para una “tregua humanitaria”, pocos alzan la voz para exigir que Hamás libere a los secuestrados sin condiciones. Este doble rasero es inaceptable y solo refuerza la narrativa de los radicales que se creen intocables.
En este punto crítico, la diplomacia regional también se mueve. El rey Abdalá II de Jordania ha viajado a Washington para abordar la situación con Trump. Jordania, que mantiene relaciones con Israel y al mismo tiempo una fuerte influencia en la comunidad palestina, podría jugar un papel clave en presionar a Hamás para que retome la liberación de rehenes. No sería la primera vez que el monarca actúa como intermediario en conflictos de la región, aunque su margen de maniobra es limitado si Hamás sigue intransigente.
Egipto, por su parte, ha sido tradicionalmente mediador en las treguas entre Israel y Hamás, y de nuevo está intentando evitar una escalada mayor. El gobierno de El Cairo ha estado en contacto con ambas partes y con Catar, buscando una solución que evite que la frágil tregua colapse. Sin embargo, si Hamás mantiene su negativa, la presión egipcia podría no ser suficiente. El tiempo se agota, y Trump ha lanzado una seria advertencia. Si para mañana al mediodía los rehenes no son liberados, es probable que la respuesta de EE. UU. e Israel no sea simplemente diplomática.