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Dos errores parecidos de presidentes distintos
El Salvador y Guatemala, por causas distintas, se han visto afectados por un escándalo político en la Argentina.
Bernardo Arévalo y Javier Milei, de Argentina, cometieron dos errores parecidos, pero distintos, con el resultado de haberse visto obligados a retroceder. En el caso local, no es la primera vez, pero en el argentino es así. Se trata del fracasado plan de recolectar la basura, muy necesario y aceptado por muchos ciudadanos, pero no por quienes la trasladan a los vertederos porque no fue analizado antes. Y en el caso sudamericano se trata de la sugerencia presidencial de invertir en bitcoines de dudosa calidad, por lo cual se derrumbaron pocas horas después y lo dejaron muy mal en un campo donde él supuestamente tiene conocimiento, lo económico, y olvidó la volatilidad de ese tipo de dinero etéreo y por ello sin control alguno y grandes riesgos de fracaso.
Hubo un elemento adicional: la relación entre los expresidentes guatemaltecos Giammattei y Morales con un personaje cuya hoja de vida es preocupante porque uno de sus aviones fue localizado lleno de cocaína en una pista clandestina en el país y con dinero —según un diputado opositor en declaraciones al Congreso argentino. Las informaciones de prensa seria señalan adquisiciones fraudulentas en Estados Unidos de varias naves de largo alcance de vuelo en una ciudad minúscula de Texas donde no hay pista de aterrizaje. En resumen, aunque distintos, se parecen en cuanto a la poca investigación de la factibilidad de una idea y la sospecha de las adquisiciones. La declaración de alguien así respecto a financiamiento ilícito de los expresidentes tiene una solidez mayor a la de una persona sin esos antecedentes. Obvio.
Para beneficio interno guatemalteco, la confianza popular va al dinero “de verdad”, tangible, posible de ver y tocar, hasta de oler…
Quien adquiere bitcoines con su propio dinero está consciente de su voluntario riesgo. Pero el dinero del Estado es de todos los ciudadanos, no de un gobernante —Bukele, de El Salvador, por ejemplo— y por ello constituye un abuso jugarlo a esa ruleta, por una decisión personal derivada de una voluntad convertida en ley a causa del dominio total del Congreso, la Corte Suprema. Son malabarismos financieros, como decía un querido amigo dominador del pensamiento lógico aplicado a la política y la economía. Para mí no fue ninguna sorpresa el derrumbamiento del valor. Milei sugirió —otra forma de decir casi ordenó— esa adquisición, pero las declaraciones del diputado opositor Rodolfo Tailhade agitaron el cotarro en esos países, donde existe la percepción de malos manejos, afianzada o en crecimiento.
Hay otro elemento común, aparentemente sin importancia, en los dos casos: la inexperiencia de los gobernantes, quienes —ideologías aparte— están en el proceso de aprender cómo se ejerce el difícil asunto de conducir un organismo ejecutivo, aunque se posea cierta experiencia parlamentaria. Por ello en realidad no sorprenden estos errores, independientemente de ser derivados de pensamiento personal o de puntos de vista basados en un marco ideológico aplicado en forma simplista. Todo es mucho más complicado en la realidad y por ello los resultados muchas veces son contraproducentes y causan sorpresas desagradables. Cualquier mención a una idea de extender el mandato, aunque sea en broma, tiene algo de verdad. Por suerte, la reelección en Guatemala está prohibida según el significado de la palabra: nunca.
No tengo pruebas pero tampoco dudas de los peligros bitcoinescos por sus vertiginosas subidas y derrumbes. Guatemala, con una envidiable solidez de su moneda, a pesar de todo, tiene en ello uno de los tantos factores necesarios para ayudar a las inversiones extranjeras. Por elemental lógica, no puede confiarse en la larga vida de este tipo etéreo de instrumentos de cambio, no monedas, realmente. Para beneficio interno guatemalteco, la confianza popular va al dinero “de verdad”, tangible, posible de ver y tocar, hasta de oler… La lección para Arévalo, arreglar los vertederos, es más fácil de aprender y de comprender y los cambios necesarios en estos, si bien complicados, no arrollan con la historia del quetzal, uno de los orgullos nacionales.