Aquellos 15 años y muchos momentos más…

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07/10/2026 07:54
La Hora
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Resumen Inteligente

Estas son de las notas que cuesta poner en blanco y negro. Y es justamente porque su contenido, a pesar del tiempo, todavía producen dolor al recordarte. Hoy justamente sería un nuevo cumpleaños en tu vida, pero, aunque te lo celebremos por acá, todos extrañamos tu presencia, tu vitalidad, tu compañía, tus palabras, tu solidaridad. […]
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Estas son de las notas que cuesta poner en blanco y negro. Y es justamente porque su contenido, a pesar del tiempo, todavía producen dolor al recordarte. Hoy justamente sería un nuevo cumpleaños en tu vida, pero, aunque te lo celebremos por acá, todos extrañamos tu presencia, tu vitalidad, tu compañía, tus palabras, tu solidaridad.

Hace muchos años, un sábado nos preparábamos para celebrar tus quince años. Todos corríamos ese día para procurar estar listos para la llegada del taxi, allá en la casa de la 10 avenida, adentro de la casa era un hervidero, todos nos movíamos rápidamente, las mujeres encerradas en el primer dormitorio procurando que vos quedaras nítida, ahí estaba mi mamá, mi prima Maritza, mi prima Amalia acompañándote.

Mientras tanto nosotros los hombres, aunque no corríamos mucho, si estábamos expectantes de este evento que marcaba una fecha significativa en tu vida.

Mi papá, junto a nosotros, también se alistaba, pero más allá de su elegancia, se le notaba orgulloso, se le veía contento, sabía que sus tres hijos estábamos creciendo y haciéndonos a la vida en diferentes espacios, pero que hoy, era un quiebre en el discurrir de nuestras vidas.

Entonces, todos estábamos listos. Mi papá se fue a la puerta a esperar el taxi que nunca llegó. Cuando todos notamos que el taxi no iba a llegar, empezamos a caminar, afortunadamente la iglesia de Santa Teresa no estaba lejos, pero te llevábamos en el corazón, pues caminar con vestidos largos y elegantes no era nada fácil. Pero no te arrugaste, le dijiste a mi papá: ¡¡¡ Vámonos papa, no esperemos más!!!!.

Y así llegamos a la iglesia todos en tropel, íbamos contentos a pesar del problema del taxi, entramos a la iglesia justo a tiempo para empezar, y así fue. Qué hizo mi papá para conseguir transporte de vuelta para vos, no lo sé, no lo recuerdo, pero regresamos a la casa para iniciar la fiesta.

Estabas radiante, estabas feliz, tu sonrisa no cabía en tu rostro, cuando ingresaste a la casa, la cual ya estaba bastante llena de los familiares y los amigos. Ahí estaba todo el tropel de primos de San Cristóbal, todos los primos Chúa, nuestra prima Amalia Leiva –la única Narciso–, así como tus amigas de Belén y nuestros amigos de siempre.

La fiesta se extendió alegremente hasta alrededor de la medianoche, los tragos y la música se articularon para recrear un ambiente alegre, significativo, inolvidable.

Y así pasaron los años, después de esta agradable fiesta. No olvido tu graduación de la cual tenemos varias fotos que grabaron ese momento. Dos de ellas, no las olvido. Una, en la cual estamos todos con unos arreglos florales sonriendo alegremente para la cámara. Y la otra que mi papá nos sacó de estudio, esa es una muestra palpable de aquel pequeño pero lindo grupo familiar.

Luego te casaste, vinieron los hijos Erick Alejandro y Carmen María, te fuiste a vivir a San Cristóbal, ahí llegábamos a visitarte. Los años pasaron y las cosas cambiaron también. Estabas reconstruyendo tu vida, se te veía feliz, decidida a emprender otra vida allende de Guatemala.

Te hiciste abuela, con el pequeño Alejandro, a quien tuviste siempre en tu corazón cuando estabas allá en Tampa y luego en Los Ángeles. En una de tus vueltas llegaste a mi casa, estuvimos disfrutando de un buen churrasco, junto a toda tu familia, pero en mis retinas se quedó tu imagen desmejorada, Mónica y yo nos quedamos intranquilos.

Así, en poco tiempo, nos enteramos del problema de salud que pasabas y que te encontrabas sola allá en Los Ángeles, luego todo fue rápido, imprecisiones en los diagnósticos, esperanzas sin sustento, solidaridad de familiares y amigos que vivían por allá. Hasta que se inició ese doloroso momento de tu transición, hasta que te despedimos, pero te quedaste en nuestras vidas para siempre, en dos planos distintos. Un primer plano fue tu alegría que no olvidamos, pero el otro es el peso de tu ausencia que hoy todavía resentimos. Y ahora fuiste abuela por segunda vez, seguro que Isabella te hará sonreír allá en el cielo junto a mis papás.

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