“En el 2026 nadie estará realmente a salvo, tenga o no documentos”, Marcos Antil

“En el 2026 nadie estará realmente a salvo, tenga o no documentos”, Marcos Antil

El líder comunitario y migrante guatemalteco radicado en Estados Unidos, Marcos Antil, en entrevista a Prensa Libre analiza el panorama que enfrentará la diáspora en 2026. Advierte un endurecimiento de las políticas migratorias, mayor riesgo incluso para quienes cuentan con estatus legal y la urgencia de que Guatemala atienda las causas estructurales de la migración forzada.

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Resumen Automático

11/01/2026 06:00
Fuente: Prensa Libre 

La migración guatemalteca hacia Estados Unidos enfrenta uno de sus momentos más complejos. Las redadas, las detenciones por perfil racial y el endurecimiento de las políticas migratorias han extendido el miedo incluso entre quienes cuentan con documentos, advierte Marcos Antil, líder comunitario y migrante guatemalteco radicado en ese país.

De cara a 2026, Antil prevé un escenario más restrictivo, marcado por presiones políticas y electorales, mayores deportaciones y una creciente vulnerabilidad de la diáspora. No obstante, señala que la organización comunitaria y la atención a las causas estructurales de la migración en Guatemala serán claves para enfrentar el desafío.

Marcos, ¿cómo describiría la situación actual de los migrantes guatemaltecos en Estados Unidos?

Siempre ha sido difícil para quienes migramos sin documentos, pero lo que estamos viviendo ahora es distinto. Hoy la dificultad se ha extendido incluso a quienes sí tienen documentos. Hay un ambiente de inseguridad generalizada. En ciertas ciudades, y cada vez en más lugares, nadie se siente tranquilo, tenga o no documentos -de su estatus legal-.

¿Qué ha cambiado para que la situación sea percibida como más riesgosa?

Se han ampliado las redadas y los operativos. Antes se decía que las deportaciones estaban enfocadas en personas con antecedentes criminales, pero eso ya no es así. Ahora basta un error administrativo o una falta menor, como una infracción de tránsito, para enfrentar una detención. Incluso ciudadanos han sido retenidos temporalmente. El criterio se ha vuelto mucho más amplio y discrecional.

¿Esto responde a una política específica del Gobierno estadounidense?

Sí. Hay una presión muy fuerte sobre los agentes migratorios para cumplir metas de deportación. Guatemala, lamentablemente, ya figura como uno de los países con más deportados en América Latina. Eso tiene consecuencias directas en las comunidades migrantes, que viven con miedo constante.

¿Existe un componente de discriminación en estas políticas?

Definitivamente. En muchas detenciones hay un perfil racial. Personas son retenidas simplemente por su apariencia, por verse latinas o guatemaltecas. Ya no es solo “muestre sus documentos”, sino “usted se parece al perfil que estamos buscando”, y eso genera una enorme inseguridad jurídica.

¿Cómo impacta esta situación en la vida cotidiana de los migrantes?

El miedo está presente, pero la necesidad es más fuerte. La gente sigue saliendo a trabajar porque tiene que sostener a sus familias, aquí y en Guatemala. Muchos migrantes trabajan dos o tres empleos. No es una elección, es supervivencia. El riesgo se asume todos los días porque el amor por la familia pesa más que el temor.

¿Qué se puede recomendar a los migrantes ante este escenario?

Es muy difícil recomendar algo concreto, porque todo depende de la situación legal de cada persona. No se puede decir “no salgan”, porque tienen que trabajar. Lo que sí se puede decir es que estén informados, cautelosos y unidos. Pero el enfoque principal debería estar en Guatemala, no solo aquí.

¿A qué se refiere con que el enfoque debe estar en Guatemala?

La migración forzada es un síntoma. Si Guatemala no genera oportunidades, la gente seguirá migrando. Hay que transformar el sistema educativo, apoyar a los emprendedores y crear condiciones para que las personas puedan vivir dignamente en su país. Nadie deja a su familia y arriesga la vida por gusto; lo hace por necesidad.

Desde su experiencia, ¿qué observa en las comunidades guatemaltecas en EE. UU.?

Somos trabajadores. He recorrido muchos municipios de Guatemala y he visto productos de alta calidad y emprendedores con talento, pero sin acceso a mercados ni acompañamiento. Por eso, cerca del 70% de los emprendimientos desaparecen en sus primeros dos años. Si esas oportunidades existieran, muchas personas no migrarían.

Mirando hacia 2026, ¿cómo prevé que evolucionen las políticas migratorias en EE. UU.?

No creo que mejoren. Al contrario, pienso que se van a endurecer. Hay promesas de campaña que se están cumpliendo y una fuerte presión política, incluso por temas electorales. En 2026 no veremos una disminución de las deportaciones; probablemente veremos un escenario más complejo.

¿Qué impacto tendrá esto en Guatemala?

Las remesas seguirán aumentando, pese a todo. Aun en condiciones difíciles, la gente sigue enviando dinero. También seguirá la migración irregular, porque la necesidad no desaparece. Lo que sí se está viendo es que el costo del viaje ha aumentado y el crimen organizado se aprovecha de esa desesperación.

Ante este panorama adverso, ¿existe algún elemento de esperanza?

Sí, la organización comunitaria. Algo positivo que está surgiendo es la unión entre comunidades migrantes. Antes, muchos grupos estaban fragmentados: guatemaltecos por un lado, cubanos por otro, haitianos, venezolanos. Hoy se está entendiendo que, si no estamos unidos, somos más vulnerables.

Del 1 de enero al 5 de noviembre del 2025 fueron retornados al país 37 mil 887 guatemaltecos, 15 mil 814 menos que en el 2024, según datos del Instituto Guatemalteco de Migración. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

¿Ha visto ejemplos concretos de esta unión?

Sí. En Miami, por ejemplo, organizaciones que antes apoyaban solo a una nacionalidad ahora están ampliando su trabajo a centroamericanos y caribeños. Hay una conciencia de que “cuando tocan a uno, nos tocan a todos”. Esa solidaridad es clave para 2026.

¿Por qué se habían debilitado estas redes de apoyo?

Un ejemplo claro fue el intento de lograr un Estatus de Protección Temporal (TPS) para guatemaltecos. Hubo un gran esfuerzo comunitario que incluso llegó a la Casa Blanca, pero con el cambio de gobierno ese proceso se detuvo. Eso desmotivó y desarticuló a muchas organizaciones. Ahora, la crisis está obligando a reorganizarse.

¿Qué se gana al reactivar estas redes?

Apoyo real. Hay muchos guatemaltecos detenidos en centros de detención, incluso niños que están siendo retornados. Las redes comunitarias son las que brindan acompañamiento, asistencia legal y apoyo humanitario. Si esa ayuda se amplía a nivel centroamericano o latinoamericano, la fuerza es mucho mayor.

¿Ve posibilidades de una reforma migratoria en 2026?

Es poco probable. Desde los años 80 no ha habido una reforma integral. La última permitió que personas como yo accediéramos a la ciudadanía. Una reforma no solo beneficia a los migrantes, también al país receptor, porque permite mayor contribución económica y social. Pero no se ve voluntad política a corto plazo.

¿Qué rol deben jugar los migrantes guatemaltecos en el contexto político de Guatemala?

Debemos estar más atentos y organizados. Los migrantes no somos ciudadanos plenos: solo podemos votar por presidente, no por diputados ni alcaldes. Y somos quienes enviamos una de las mayores inyecciones económicas al país, más de US$25 mil millones al año. Merecemos una representación completa.

Finalmente, ¿qué puede hacer el Gobierno de Guatemala por los migrantes en 2026?

Acercarse más a la comunidad. Los consulados móviles son una buena práctica, pero deben ampliarse. Facilitar trámites, documentos, registros y acompañamiento. Muchos migrantes no se acercan a los consulados por miedo. El Estado debe ir a las comunidades, no esperar que la gente llegue.

En una frase, ¿cómo resumiría el 2026 para los migrantes?

Será un año duro, pero también puede ser el año en que las comunidades migrantes entiendan que unidas son más fuertes.