Baile salvadoreño: Guatemala sufre una goleada que deja al descubierto todas sus falencias
La Azul y Blanco fue goleada 5-1 en casa, mostró las mismas carencias de siempre y profundizó las dudas sobre el proyecto encabezado por Karla Maya.
La selección femenina mayor de Guatemala volvió a quedar en deuda y esta vez de la manera más dolorosa. El 5-1 que le propinó El Salvador en el estadio Revolución no solo representa una goleada en el marcador, sino también un golpe a un proyecto que sigue sin mostrar avances bajo la dirección de la mexicana Karla Maya.
El encuentro parecía la oportunidad ideal para sanar la herida que dejó el fracaso de la eliminación al Premundial tras la derrota frente a Costa Rica.
La Federación abrió las puertas del recinto y la afición respondió con un buen marco, pero el entusiasmo terminó transformándose en decepción al presenciar cómo la Azul y Blanco era ampliamente superada por un rival que mostró mayor orden, intensidad y personalidad.
El Salvador encontró facilidades desde el inicio y aprovechó cada error defensivo de Guatemala. La igualdad transitoria de Aisha Solórzano, luego de una buena jugada iniciada por Acacia Edwards, fue apenas un espejismo. Después llegaron las desconcentraciones, las malas salidas desde el fondo, las dudas de la guardameta y una preocupante falta de reacción que permitieron a las visitantes construir una goleada sin mayores sobresaltos.
Con la mayoría de sus jugadoras habituales en el campo y la base que Karla Maya ha trabajado durante meses, el equipo volvió a evidenciar los mismos problemas: poca solidez, escasa generación ofensiva y una alarmante diferencia física en varios sectores. El 5-1 no fue exagerado; fue el fiel reflejo de lo ocurrido durante los 90 minutos.
Más allá del resultado, preocupa la ausencia de una identidad de juego y la falta de evolución. Guatemala sigue cometiendo los mismos errores partido tras partido y el proyecto técnico continúa sin ofrecer respuestas.
El tiempo de las promesas ya pasó: la goleada ante El Salvador exige una autocrítica profunda y decisiones que permitan cambiar el rumbo antes de que la deuda con el futbol femenino nacional sea aún mayor.