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A propósito de acuerdos para lograr gobernabilidad
Los partidos minoritarios necesitan alianzas y acuerdos, términos no equivalentes a contubernios ni colusiones.
Algunos sectores nacionales importantes han comenzado a manifestarse al respecto de su relación con el próximo gobierno, actitud —a mi parecer— causante de cierta tranquilidad, porque es positiva y además por su cercanía a la fecha del balotaje, en especial a causa de la evidente intención del gobierno y sus círculos cercanos de dificultar hasta donde les sea posible el traspaso de poder el 14 de enero próximo. Giammattei afirmó su deseo de entregar el poder al Congreso, “al presidente o presidenta electos”, aclaración innecesaria porque ya se sabe el resultado del balotaje. Esta ambigüedad es preocupante, sobre todo como resultado de la desconfianza hace él. Esa entrega se debe hacer a quien presida el organismo Legislativo, no “al Congreso”.
Esas dudas, innecesarias, no permiten eliminar la preocupación ante la muy posible aplicación suigéneris de leyes interpretadas con el fin de justificar acciones cuyo fin es otro. Por aparte, la relación del presidente con el Congreso será distinta si un partido gana el Ejecutivo y la mayoría del Legislativo, como ocurrió en Guatemala con Cerezo y pasa hoy en El Salvador con Bukele. En ese caso el presidente no tiene necesidad de negociar y no hay posibilidad para la oposición de lograr cambios a las propuestas. Si el partido oficial carece de la mayoría en el Legislativo necesita ser hábil y capaz para lograr acuerdos, consensos y alianzas, a fin de asegurar gobernabilidad, sin la cual es imposible lograr cambios positivos, en la dirección necesaria y correcta.
La oposición debe tomar decisiones igualmente importantes y escoger entre oponerse por sistema a cualquier propuesta, aceptarla como viene o realizar algunos cambios como contribución a mejorarla. Esto es difícil de comprender para muchos guatemaltecos, porque algunas palabras, por error, han perdido su verdadero significado y están satanizadas. Gobernabilidad es la calidad de gobernar, en su sentido de dirigir (llevar rectamente). Acuerdo es una decisión tomada por un grupo o varios. Consenso significa acuerdo por consentimiento, y alianza es un pacto entre varios. La realidad política de Guatemala convirtió a estos tres términos en sinónimo de contubernio, una alianza vituperable, deshonrosa, o una colusión, o sea pacto ilícito para dañar a alguien.
Por supuesto, estas explicaciones no excluyen el análisis ético de la actividad de un mandatario, lo cual se debe esperar a cuando ya ejerza el poder, haya hecho las alianzas indicadas antes y muestre el orden de sus prioridades. Un presidente, al llegar, no tiene experiencia en el cargo pero sí debe poseer las bases para separar lo bueno de lo malo, y esto a su vez, depende de su personalidad. Esta cualidad humana tiene fuentes personales como ajenas, como la psicología y hasta la astrología —según algunos—, sus experiencias propias y su preparación educativa: será distinto un presidente militar a uno abogado, a uno ingeniero, a uno humanista, porque los estudios y la razón de haberlos escogido son distintos, pero también su reacción ante errores propios.
En este momento, como es bien sabido, hay acciones para evitar la asunción a la presidencia, por razones ajenas a la voluntad popular. El equipo de trabajo del partido ganador necesita continuar las reuniones con diversos sectores, con la convicción de ser la única forma de lograr, fuera del Congreso, los acuerdos consensuados necesarios no sólo para buscar el orden de prioridades sino para realizar los primeros cambios, los prometidos y aquellos facilitados por la conversación respetuosa y el consenso. La gobernabilidad se facilitará si esas decisiones no son súbitas, fruto de la imposición. A mi juicio, lo más importante es pensar a corto, mediano y largo plazo. Cuatro años no alcanzan.