Premios Óscar 2026: Cómo el streaming y las nuevas audiencias están transformando el cine actual

Premios Óscar 2026: Cómo el streaming y las nuevas audiencias están transformando el cine actual

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15/03/2026 06:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

El cine atraviesa una transformación profunda que va del ritual colectivo en salas a la elección inmediata en las plataformas, mientras nuevas audiencias, géneros y tecnologías redefinen la industria.

Antes de que cualquier tipo de contenido estuviera literalmente al alcance de nuestras manos, consumíamos el entretenimiento de manera diferente.

En lugar de ver una serie de ocho capítulos en un mismo día, esperábamos pacientemente a que cada semana se transmitiera un capítulo en un día y horario específicos.

Asistir a una sala de cine era, para muchos, un rito de convivencia social en el que aguardábamos cierta temporada, a la espera de que un largometraje captara nuestra atención o de que se estrenara una película esperada durante mucho tiempo.

Consultábamos los periódicos en busca de la cartelera que cada sala de cine ofrecía y hacíamos planes con familia y amigos para ponernos de acuerdo y llegar a un consenso sobre qué ver cada vez que íbamos al recinto.

Este proceso se fue modificando gracias a avances tecnológicos como el VHS y luego el DVD, sin mencionar la amplitud de consumo que trajo consigo el internet y las plataformas digitales.

Pero lo que sin duda modificó nuestros hábitos de consumo fue el encierro obligado al que el mundo se sometió durante la pandemia del covid-19.

Las salas de cine se vaciaron y las de los hogares ganaron terreno con la amplia oferta que comenzaron a brindar las plataformas de streaming. Además, ofrecen la ventaja de poder escoger entre miles de opciones de contenido, poner pausa, adelantar, repetir o regresar y reproducir cuantas veces queramos nuestra película favorita.

“Estamos en ese traslado de las salas de cine al streaming, ver en dispositivos como el celular, el iPad, etcétera, y a pesar de que el mundo ha ido creciendo, la cantidad de personas que han ido a salas de cine ha disminuido”, comenta Alejandro Retana, productor, director y guionista de cine guatemalteco.

Sin embargo, lejos de considerarlo algo negativo, la directora de la Escuela de Cine y Artes Visuales de la Universidad Francisco Marroquín, Stephanie Falla, lo ve como un cambio que ha abierto las posibilidades de consumir otro tipo de contenido al que antes no teníamos acceso.

“Estamos viendo el cine de la India, el cine de Corea, el europeo, y con las nuevas plataformas vemos una amplitud a nivel mundial de lo que estamos consumiendo”.

El cine dejó de ser una espera colectiva para convertirse en una experiencia inmediata que cada espectador controla desde su pantalla. (Foto Prensa Libre: Unsplash)

Un nuevo escaparate

Esta transición se refleja directamente en la lista de nominadas a mejor película de los Óscar 2026, donde conviven producciones de plataformas como Netflix, Apple TV y Warner Bros. en la misma categoría, algo impensable hace una década.

La ceremonia número 98 de la Academia no solo premia películas, sino que también retrata el estado actual de una industria en plena metamorfosis y, con ella, los hábitos de una audiencia que ya no espera, sino que elige.

Para Retana, quien también es amante de las salas de cine y trata de asistir dos o tres veces por semana, el problema no es que el cine haya entrado en decadencia, “sino que, al contrario, ha ido aumentando su producción y eso ha hecho que las películas que ‘sí son buenas’ pasen desapercibidas”.

Antes, un estudio que sacaba dos o tres películas al año; hoy puede producir 50 o 60, y en ese volumen las joyas se pierden entre el contenido hecho únicamente para alimentar catálogos, ejemplifica.

Sin embargo, aclara que lo que es bueno o no en este tipo de cuestiones llega a ser subjetivo y depende de las audiencias.

Esta variedad de opciones es beneficiosa para la audiencia y los consumidores. Falla explica que “cualquier medio que esté ofreciendo opciones como usuario va a ser un beneficio, porque puedes escoger”.

En pocas palabras, el ritual ha cambiado, pero no ha desaparecido.

Premios Óscar
La Academia rendirá homenaje Las nominaciones al Óscar reflejan la transformación de la industria al reunir en una misma categoría producciones de estudios tradicionales y plataformas digitales. (Foto Prensa Libre: EFE)

¿De qué se está hablando?

Si hay un hilo conductor que atraviesa la selección de este año, es la coyuntura política. El cine siempre ha funcionado como termómetro social, desde su uso como herramienta de propaganda durante la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, cuando las pantallas grandes y pequeñas replican, amplifican y cuestionan lo que ocurre en el mundo.

Una de las películas más comentadas de la temporada, One Battle After Another, de Paul Thomas Anderson y protagonizada por Leonardo DiCaprio, Sean Penn y Benicio del Toro, sigue a un grupo de exrevolucionarios que deben reunirse 16 años después de separarse para rescatar a la hija de uno de ellos.

Retana la describe como “una película muy política” que usa la sátira para retratar la persecución hacia los latinos en el contexto actual de Estados Unidos. “Es la favorita para ganar”, dice.

En esa misma línea, pero desde Brasil, llega The Secret Agent, de Kleber Mendonça Filho. Ambientada en 1977, narra la historia de un experto en tecnología que huye de un pasado oscuro y regresa a su ciudad natal, Recife, solo para descubrir que la ciudad está muy lejos de ser el refugio que esperaba. Retana señala que tiene “una postura política muy fuerte” sobre lo que ocurría durante la dictadura brasileña, con persecución, presos políticos y tortura, y que “se relaciona mucho con lo que pasó en Latinoamérica y en Guatemala”.

Bugonia de Yorgos Lanthimos es adaptación de una película coreana del 2003 que sigue a dos jóvenes conspiranoicos que secuestran a la presidenta de una gran corporación biotecnológica, convencidos de que en realidad es una alienígena dispuesta a destruir la Tierra. Detrás de su absurdo extravagante se esconde una sátira política con toques de comedia negra que, según Javier Ocaña, crítico de cine de El País, logra que sus personajes resulten “absolutamente reconocibles y hasta veraces”.

Para Falla, este fenómeno no es nuevo ni accidental. “El artista tiene ese rol en la sociedad: es un intelectual que tiene una postura en relación con determinadas cosas que están sucediendo”. Y los Óscar, agrega, son también un escenario político en sí mismos.

Nuevos géneros

Sinners, de Ryan Coogler, puede ser la nominación que mejor ilustra el cambio de actitud de la Academia.

Dos hermanos gemelos regresan a su pueblo natal en el Misisipi profundo de los años treinta para construir algo propio, pero descubren que un mal mucho mayor los espera. Envuelta en música blues, terror y una lectura histórica sobre la apropiación cultural de la identidad negra, la película recaudó más de US$278 millones en Estados Unidos y casi US$90 millones en el resto del mundo según datos de BBC News.

Esta cinta, con 16 nominaciones a la estatuilla, es además la película con más nominaciones en la historia de los premios, al superar a All About Eve, Titanic y La La Land, que hasta ahora presumían de este récord con 14 nominaciones cada una.

“Había muy buenas películas de terror antes que nunca fueron nominadas”, señala Retana. “Este año sí tomaron en cuenta a Sinners para decir: también vamos a empezar a considerar este género”.

Falla lo ve como un síntoma claro de lo que mueve a las audiencias, ya que se está empezando a tomar en cuenta también “lo que la audiencia quiere ver”.

F1, producida por Apple TV y protagonizada por Brad Pitt, es posiblemente la más comercial de la lista: un piloto retirado regresa a las pistas para demostrar que la edad no define lo que un hombre puede dar. Técnicamente impecable en fotografía, sonido y edición, su nominación es, según Retana, la forma en que la Academia le dice al cine de entretenimiento que también tiene un lugar.

“A mí me gustó mucho. La disfruté en el cine y las actuaciones están muy bien. Me recuerda mucho a Top Gun, el mismo estilo”.

Para Falla, la discusión sobre si una película así “merece” estar nominada revela que el debate es mucho más profundo, ya que “durante mucho tiempo todo lo que ha sido el cine comercial la gente más purista va a decir que es basura. Pero eso que dicen que es ‘basura’ es lo que más quiere ver la gente”.

Otro tipo de cine

Pero si hay películas que definen el pulso emocional de esta edición, son las más contemplativas. Hamnet, de Chloé Zhao, narra cómo William Shakespeare y su esposa Agnes enfrentan el duelo por la muerte de su hijo de 11 años en la Inglaterra del siglo XVI y cómo esa pérdida inspira una de las obras más grandes de la literatura universal.

Retana la señala como su favorita personal, ya que la película le provocó emociones distintas. “Hamnet me hizo sentir más, me tocó más”. Para él, encarna lo que define al mejor cine de este año, un cine íntimo capaz de hablar de lo universal a través de lo más personal.

Sentimental Value, del noruego Joachim Trier, es una exploración sobre la familia, la memoria y el arte como forma de reparación. Un cineasta anciano intenta que su hija mayor protagonice su última película, mientras afloran viejas heridas de abandono y expectativas no cumplidas que se han transmitido de generación en generación.

Para Retana, esta película habla de manera profunda del “miedo al abandono”, ya que “el padre abandona a las hijas para hacer arte y las hijas tienen miedo de hacer otra cosa que no sea arte para cumplir las expectativas del papá; entonces se vuelve un círculo”. Sin embargo, para Carlos Boyero, crítico de cine de El País, la cinta es deudora de Bergman y capaz de dividir opiniones con la misma intensidad con que emociona a quienes se dejan llevar por ella.

En la incursión de las plataformas en el cine, este año se encuentra nominada la cinta Frankenstein, de Guillermo del Toro, disponible en Netflix. La película reimagina el mito clásico de Mary Shelley desde la compasión y la tragedia familiar. Un científico obsesionado con la creación da vida a una criatura marcada por el rechazo, en una historia que Del Toro transforma en una reflexión sobre los vínculos tóxicos entre padres e hijos, donde no existen ni monstruos completamente malos ni hombres completamente buenos.

También de Netflix, Train Dreams, de Clint Bentley, sigue a Robert Grainier, un leñador y trabajador ferroviario cuya vida sencilla en la América de principios del siglo XX esconde una profundidad inesperada. Su historia es la de la pérdida, la soledad y la búsqueda de sentido en los márgenes del progreso.

Retana la compara visualmente con El árbol de la vida, por su apuesta de que cada encuadre cuente una historia sin necesidad de grandes conflictos. “Es un cine contemplativo que habla de uno mismo como el único verdadero enemigo”, dice. Por su parte, Falla la coloca entre sus favoritas personales de la temporada.

Por último, Marty Supreme, de Josh Safdie, con Timothée Chalamet en el papel principal, sigue a un joven neoyorquino que no recibe respeto de nadie, pero que persigue su sueño de grandeza a cualquier costo en el mundo del tenis de mesa callejero. Una película frenética, cómica y visceral que, según Elsa Fernández-Santos, de El País, la actuación de Chalamet convierte a su personaje en “un tipo tan intratable e insoportable como un torbellino de pasión capaz de todo dentro y fuera de la pista”.

La IA y el cine

Detrás de toda esta conversación sobre salas, plataformas y géneros, hay una pregunta que la industria prefiere esquivar: ¿cuál es el papel de la inteligencia artificial en el cine actual?

Retana recuerda que el año pasado The Brutalist fue criticada por haber modificado la voz de Adrien Brody con inteligencia artificial para mejorar su acento húngaro, y muchos sostienen que esa admisión le costó el Óscar. Esto llevó a que, si este año alguno de los nominados está utilizando esta tecnología, no lo haya admitido públicamente.

Para Falla, la resistencia de la industria no es nueva ni sorprendente. “Si lo ves en retrospectiva, te parecería absurdo pensar que en su momento había quienes que decían que el internet era el futuro decían que no iba a poder reemplazar nada”.

La IA, dice, no es un reemplazo sino una evolución natural, y la tarea de las escuelas de cine hoy es preparar a sus estudiantes para usarla con pensamiento crítico. “Nosotros creemos fervientemente en que la creatividad sigue siendo humana”.

Aunque, según Retana, “la industria en general está muy renuente al uso de la inteligencia artificial”, ya hay directores trabajando en proyectos con este tipo de tecnologías, como Darren Aronofsky.

Tanto Retana como Falla coinciden en que la Academia terminará creando una categoría específica para producciones hechas con inteligencia artificial antes de que alguna se cuele sin anunciarlo en la categoría principal.

“Nosotros creemos fervientemente en que la creatividad sigue siendo humana”

Stephanie Falla, directora de la Escuela de Cine y Artes Visuales de la Universidad Francisco Marroquín

La subjetividad del cine

Los expertos convergen en un punto esencial: el cine nunca ha dejado de ser un espejo del mundo, y la forma en que lo consumimos no define su valor.

“Todas las películas son hechas con amor”, dice Retana. “Independientemente de un tema tan banal como robar un banco o de una película sobre la pérdida de un hijo, todas llevan el mismo proceso”.

“Lo más importante de una historia es que tenga corazón. Lo más importante es que sea universal y que la gente quiera verla precisamente por eso”, resume Falla.

El reto actual es adaptarse a las nuevas audiencias, las nuevas formas de consumo y las nuevas tecnologías.

Esta adaptación, como generalmente ha ocurrido, será lenta, pero sin freno. Las salas oscuras de cine podrían escasear, pero no desaparecer del todo. Y aunque ahora compitan con el sofá, el celular o la computadora, las opciones de entretenimiento seguirán llegando para quienes quieran consumirlas.

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