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Los retos de la corte del rey Arturo
Sin un órgano adecuadamente constituido, no habrá transición posible ni institución que entregar.
Uno de los personajes míticos de la literatura es el rey Arturo. Con una mezcla de valentía, don de mando, prestancia y sentido de misión, esta figura de la leyenda ha sido siempre citada como una muestra del gobierno sensato de los asuntos públicos. Esto a pesar de obrar en un entorno complejo, lleno de personalidades difíciles y adversarios poderosos. Apelando a los homónimos y a una coincidencia de circunstancias políticas, cito a una de las instituciones que han sido más creíbles y respetadas dentro del ámbito público de nuestro país, el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que estuvo presidido también por un personaje cuyos atributos se asemejaban a los del legendario rey. Me refiero a don Arturo Herbruger Asturias.
Un primer gran reto es el de reintegrar la magistratura del TSE, indispensable para asegurar el correcto funcionamiento de la institución.
Este profesional, dotado de recia convicción y una personalidad a prueba de dobleces, supo conducir los primeros años del TSE con gran acierto. Esto a pesar de que el tema electoral venía precedido en el pasado por sospechas y señalamientos. Muy pronto convirtió a esta institución, acompañado de otros profesionales de gran valía que le sucedieron, en un referente de honradez, compromiso con la ley y transparencia en la misión democrática que se le había confiado. Dejando de lado las experiencias mas recientes, que aun se discuten en los tribunales del país, el espíritu de este gran profesional es el que debería privar en las tareas que hacia adelante se le avizoran al actual Tribunal.
Un primer gran reto es el de integrar adecuadamente la magistratura. Hoy no han quedado aún restablecidas las sesiones del pleno, elemento indispensable para asegurar el correcto funcionamiento de la institución. Es importante que, dejando de lado las apreciaciones subjetivas y saliéndoles al paso a las formalidades subsanables, este tribunal pueda contar de nuevo con cinco magistrados que ya en plenas funciones puedan tomar las decisiones necesarias. La integración del órgano colegiado es esencial, entre otras cosas, para mandar un mensaje positivo a los equipos que integran la institución, muchos de ellos personas extremadamente valiosas por su conocimiento y capacidades de organización. Igualmente corresponde hacer los nombramientos para ciertos puestos claves que están vacantes y que son los que tendrán más adelante la responsabilidad de conducir un proceso electoral a buen puerto.
Aun cuando a esta magistratura ya no corresponda realizar el evento electoral, sí que tienen grandes responsabilidades para poderles dejar, a quienes asuman luego, un tribunal en condiciones apropiadas. Me refiero a ejercer la labor jurisdiccional para resolver en tiempo y de conformidad a derecho todos los asuntos que llegan a su conocimiento. Hay que recordar que buenos fallos inciden positivamente en el libre juego democrático del país. Igualmente, esta magistratura tiene la responsabilidad de preparar el proyecto de presupuesto que deberá ser conocido y en su caso aprobado por el Congreso de la República, y que como sabemos, necesita estar en vigencia al menos con un año de anticipación a la convocatoria a elecciones.
Es cierto que a finales de año se abrirá un proceso para elegir a la nueva magistratura del TSE. Pero lo primero es lo primero. Sin un órgano adecuadamente constituido que haya efectuado ahora las labores que les corresponde por mandato legal, no habrá transición posible ni institución que entregar. En ello nos va la democracia.
El legado de un buen profesional se mide por el tamaño de los retos que enfrenta. Lección importante y vigente que nos dejó aquel gran tribuno llamado Arturo.