Memorial y llamado
Los políticos también pueden aportar mucho a la verdadera cultura de vida.
De enero a septiembre del 2026, 64 de cada cien personas fallecidas en percances viales en Guatemala viajaban en motocicleta. La cifra evidencia la extrema vulnerabilidad de quienes utilizan esos vehículos, básicamente porque no tiene una carrocería protectora y, por ende, implica mayor riesgo de colisiones corporales, a lo cual se suma la frecuente falta de casco de protección y conductas temerarias bajo la suposición egocéntrica y a menudo fatal de que “eso les ocurre a otros, pero no a mí”. Claro, también hay irrespeto de conductores de otros vehículos, falta de luces de frenado y condiciones adversas en el asfalto que predisponen a resbalones y caídas que terminan en el dolor de seres queridos ante una tumba.
En cifras totales, en nueve meses del 2026 hubo mil 986 personas fallecidas en hechos viales que involucraron todo tipo de vehículos e incluyendo peatones. Sin embargo, detrás de las cifras hay familias rotas, niños huérfanos, sueños truncados y recuerdos de vida que se recordarán en los tradicionales días de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos.
En 13 de los 22 departamentos del país, las muertes en sucesos de tránsito superan a las víctimas de hechos de violencia, según reportó Prensa Libre en la anterior edición dominical. Esta proporción, alarmante en todos sentidos, conlleva un doble desafío para las autoridades: asegurar más medidas de prevención para reducir la siniestralidad vial, pero también mejorar la seguridad pública, a fin de abatir el repunte de homicidios, el cual, hasta septiembre, contabilizaba dos mil 338 guatemaltecos. Tal cifra ha continuado al alza y, para trágica muestra, basta recordar recientes asesinatos de alto impacto político.
En todo caso, el objetivo de citar este dantesco panorama es resaltar nuevamente el valor único de cada vida y el enorme vacío que dejan los decesos trágicos, con todo y la pérdida de talentos, aportes, servicio profesional, académico y laboral. Es necesario recuperar y motivar la sensibilización, primero para fomentar el autocuidado, propiciar la empatía, priorizar la responsabilidad al conducir, así como el respeto a las recomendaciones de seguridad y las leyes vigentes para todo tipo de conductores.
Los planteles educativos deberían tomar la iniciativa de fomentar la ética vial como una actitud cívica y los principios de seguridad vial como un contenido literalmente vital. Las iglesias siempre impulsan valores de fe, amor y esperanza a través de sus actividades, por lo cual las recomendaciones de actitudes cristianas coherentes en el tránsito se podrían convertir en un apostolado silencioso y masivo cuyo efecto se notaría inmediatamente y salvaría vidas.
Ante la violencia criminal, las instituciones del Estado vinculadas a la seguridad y la impartición de justicia tienen la misión de sentar precedentes ejemplares, reforzar las prisiones e impulsar programas de prevención del delito, así como fomentar modalidades de educación que permitan a los jóvenes encontrar propósito para sus vidas y valoración de sus talentos. Los políticos también pueden aportar mucho a la verdadera cultura de vida, dejando de lado esos discursos falaces de supuesta mano dura y estableciendo una agenda mínima común de desarrollo integral y no de confrontación, que solo genera antagonismos que, a su vez, devienen en polarización, exclusiones y más violencia.