Aprender a leer y a contar: Se nos escapa el pensamiento profundo
No parece que los graduandos de secundaria mejoren sus capacidades de lectura ni de matemáticas. En la Evaluación de Graduandos 2025 del Ministerio de Educación se evaluaron 150,000 estudiantes del último año de diversificado. Estos fueron los resultados: Lectura: 35 % alcanzó nivel de logro. Matemáticas: 16 % alcanzó nivel de logro. Es cierto que […]
No parece que los graduandos de secundaria mejoren sus capacidades de lectura ni de matemáticas. En la Evaluación de Graduandos 2025 del Ministerio de Educación se evaluaron 150,000 estudiantes del último año de diversificado. Estos fueron los resultados:
- Lectura: 35 % alcanzó nivel de logro.
- Matemáticas: 16 % alcanzó nivel de logro.
Es cierto que en matemáticas hubo una ligera mejoría de 3.3 puntos respecto al período anterior, el mejor resultado de la última década. Pero ocho de cada diez graduandos siguen sin llegar al nivel esperado. Seguimos perdiendo terreno en lo esencial.
Uno podría pensar que la culpa es solo de la mala formación docente o de estrategias didácticas deficientes. Y sí, parte del problema es estructural: universidades que no forman maestros lectores, currículos obsoletos, ausencia de libros en las manos de los profesores una USAC que, en lugar de promover la lectura crítica, se ha convertido en centro de politiquería.
Pero los problemas se han agravado dramáticamente por la emergencia de los teléfonos celulares y sus redes sociales: TikTok, Facebook, Instagram, X y tantas otras diseñadas para tener seres adictos, no seres pensantes. Estamos perdiendo rápidamente la capacidad de pensar profundamente. Ya los alumnos no leen libros completos, ni siquiera resúmenes. Los libros se han convertido en un asunto del pasado y con ello nuestra capacidad de leer, sumar, restar, multiplicar, dividir y todo tipo de actividad cognitiva que requiera concentración.
Leer, como lo recordamos en Filgua, la Feria Internacional del Libro de Guatemala, no es un acto biológico espontáneo. Es una práctica social artificial, un encuentro valiente y disciplinado entre el mundo posible del escritor y el mundo que construye el lector. Requiere maestros que lean, que escriban, que entiendan. Requiere valentía para que un libro nos golpee “como un puño en la cabeza”, según Kafka. Sin esa lectura profunda no hay comprensión real, no hay pensamiento crítico, no hay país que se construya.
Los datos lo confirman. La investigación de la doctora Gloria Mark, de la Universidad de California Irvine, muestra que nuestros periodos de atención se han reducido en más de un factor de tres desde 2004, con las caídas más pronunciadas a partir de 2012. Las encuestas a largo plazo revelan que la proporción de adultos que luchan con la lectura básica o las matemáticas ha aumentado notablemente, y que los jóvenes de 18 años reportan cada vez más dificultades para concentrarse y pensar de forma sostenida.
La atención fragmentada que nos imponen las pantallas es incompatible con la lectura profunda que Guatemala necesita. No se puede construir un país con jóvenes que leen por scroll, que piensan en fragmentos de 47 segundos y que nunca han sostenido un libro el tiempo suficiente para que les despierte algo.
Universitarios, docentes, padres y ciudadanos: Se nos escapa el pensamiento profundo. Se nos escapa el futuro. Así como perdemos a la Universidad pública nuestra, así perdemos la capacidad de pensar, de actuar y de leer, no digamos de escribir.