Q200 mil millones. Y la mara adivinando

Q200 mil millones. Y la mara adivinando

0
12/04/2026 00:02
Prensa Libre
Enlace de Compartir

Resumen Inteligente

Demasiado dinero para tan poca luz.

En marzo, cuando el Banco de Guatemala publicó cuánto recibimos de remesas en febrero, llamé a algunos conocidos en EE. UU. Dos eran propietarios de comercios locales y el otro, un trabajador. Vivíamos una ola de alarma por la desaceleración de las remesas familiares durante el primer bimestre de 2026. Y es que era notable: en los últimos cuatro años, el primer bimestre había traído crecimientos promedio del 19%. Pero en 2026 esto cayó al seis.


Surgieron hipótesis para explicar dicha precipitación y todas se alinearon hacia un mismo culpable: las estrategias de Noem, las redadas de Bovino, el ICE y sus agentes enmascarados. El efecto Trump. Pero al llamar, como suele pasar al consultar fuentes en el lugar afectado, surgieron otros elementos que vi ausentes en la narrativa local. Y es que sí, aunque cada uno habló del miedo a la deportación, parecía que otro factor había afectado más: el clima. Las tormentas invernales que volvían el trabajo imposible.


Esto provoca detenernos y recordar el mal tiempo que, en palabras de CNBC, “causó una contracción en el mercado laboral estadounidense, causando directamente un declive en construcción… causando el incremento en el número de trabajadores que perdieron días de trabajo, y contribuyendo a una pérdida inesperada de 92 mil trabajos en ese mes”. Eso es relevante, en especial, bajo la lupa de lo que sabemos por la Encuesta de Remesas y Migración de OIM: que el 27.6% de los guatemaltecos en el exterior trabaja precisamente en construcción. Si, además, sumamos otras actividades afectadas, como la agricultura, el transporte, el mantenimiento de infraestructura y jardinería, el cuadro empieza a ampliar y ver más completo.


¿Fue la caída de las remesas en el primer bimestre causada principalmente por el miedo migratorio?


Aun, en un país que recibió Q200 mil millones en remesas solo el año pasado, insistimos en analizar limitados por dos vendas puntuales: la primera, la falta de acceso a información que permita conocer con mayor profundidad lo que ocurre con las remesas. Y, la segunda, la falta de sistemas serios de análisis y estudio que integren a varios sectores. Por eso, creo, pasa lo que pasa. Entra una cifra alarmante y no tenemos más recurso que asociarlo, casi por inercia, a lo que domina en las noticias. Así, los resultados tienden a ser parciales… intuitivos… y, a veces, francamente, equivocados.


En su reacción, el país, amedrentado por Trump, parecía prepararse para enterrar el sueño americano como impulsador de la economía de más de 8 millones de beneficiarios. Pero resultó que ahora, esta semana, el banco central nos sorprendió nuevamente con que los dólares de remesas fueron tantos, que marzo volvió a romper el récord histórico. Y, ahí vamos otra vez. A buscar a tientas y hacer lo único que se puede sin las herramientas necesarias: conjeturar.


¿Fue la caída de las remesas en el primer bimestre causada principalmente por el miedo migratorio? Posiblemente. Y ¿fue el repunte de marzo causado porque este disminuyó? También, posiblemente. Pero ese no es el punto. Como tampoco lo es si acertaremos en el próximo pronóstico a ciegas. Para un país tan dependiente de ese impulso externo, los particulares no debiéramos estar recurriendo al teléfono para medir el pulso allá, como única herramienta. El tablero digital del PIB lanzado por Banguat a principios de año podría motivar ahora a uno similar referente a las remesas. Para ello tienen toda la información a la mano. Y no sé cómo a estas alturas aún no toma auge la iniciativa del Observatorio Nacional de las Remesas. Mientras no exista, seguiremos igual. Viendo una cifra, buscando la noticia dominante a la cual colgarla y luego dejar fluir la intuición.


Demasiado dinero para tan poca luz.

Comentarios

¿Qué opinas hoy?
Sé el primero en encender la conversación.

Noticias relacionadas