TGW
Guatevision
DCA
Prensa Libre
Canal Antigua
La Hora
Sonora
Al Día
Emisoras Unidas
AGN
La cuesta de enero no les cuesta
El aumento salarial de los diputados no se trató de una recompensa asociada a resultados excepcionales ni de un cambio estructural que mejorara la vida del país.
Enlace generado
Resumen Automático
Enero tiene una carga simbólica fuerte para los guatemaltecos. No es únicamente el inicio de un nuevo calendario, sino el momento en que se vuelve a poner el país en marcha. Para la mayoría, empezar el año implica ordenar gastos, saldar pendientes, ajustar expectativas y volver a trabajar con la esperanza de que esta vez alcance un poco más. La llamada “cuesta de enero” no es una idea abstracta, es una experiencia compartida que define cómo se arranca otro ciclo de esfuerzo.
Ese inicio dice mucho de quiénes somos como país. Guatemala se construye desde el trabajo cotidiano, desde quienes madrugan, producen, venden, enseñan, transportan y resuelven. Aquí, casi nada es automático. Todo se gana con constancia y disciplina. Por eso el inicio del año suele sentirse igual para millones: con prudencia, con responsabilidad y con la conciencia de que nadie regala nada.
Sin embargo, no todos comienzan enero desde ese mismo punto de partida.
Mientras la mayoría de guatemaltecos enfrenta el arranque del año haciendo cuentas y ajustando prioridades, el Congreso de la República cerró 2025 desde una realidad completamente distinta. Entre noviembre, diciembre y con el aguinaldo, los diputados recibieron aproximadamente Q185 mil, producto de un aumento salarial que ellos mismos aprobaron y que ya forma parte de su ingreso regular. El aumento salarial de los diputados no se trató de una recompensa asociada a resultados excepcionales ni de un cambio estructural que mejorara la vida del país. Simplemente fue una decisión interna que alteró, de manera inmediata, su realidad económica.
El contraste es inevitable. Evidencia una desconexión profunda entre quienes sostienen al país con su trabajo y quienes ejercen el poder político. El problema no es únicamente el monto del ingreso, sino la lógica que lo respalda. En Guatemala, el ciudadano común sabe que ganar más exige producir más, asumir riesgos o mejorar su desempeño. En el Legislativo, ese principio parece no aplicar con la misma claridad.
Y pese a todo, el país sigue adelante. No por las decisiones del poder, sino por la inercia virtuosa de su gente.
Aun así, el discurso no cambia. Se continúa hablando en nombre del “pueblo”, de cercanía con la gente y de comprensión de las dificultades económicas. Pero esas palabras pierden fuerza cuando las decisiones muestran otra realidad, una donde el inicio de año no implica ajustes, méritos, ni mejores resultados, sino estabilidad garantizada por acuerdos propios.
Y pese a todo, el país sigue adelante. No por las decisiones del poder, sino por la inercia virtuosa de su gente. Guatemala se sostiene porque millones trabajan, cumplen y no se rinden, incluso cuando el sistema no siempre responde con justicia ni coherencia.
Por eso vale la pena decirlo con claridad: feliz año nuevo a quienes realmente construyen este país. A quienes empiezan enero trabajando, buscando oportunidades y la prosperidad. A quienes saben que aquí nada se regala y que todo se gana con esfuerzo.
Si queremos una república que funcione, también tenemos que exigirlo. Exigir que quienes toman decisiones vivan bajo las mismas reglas de meritocracia, que sus ingresos reflejen resultados y que la representación no sea solo un discurso, sino coherencia sostenida con hechos.