La IA no es “solo otra nueva tecnología”
Tengo un amigo que es bastante desdeñoso hacia mis columnas sobre IA, criticándolas como un «pánico irracional», equivalente al que generaciones anteriores han tenido con las redes sociales, el internet o los celulares. Entiendo de dónde viene su crítica: cada nueva tecnología tiene sus detractores, que muchas veces simplemente tienen un temor irracional a lo […]
Tengo un amigo que es bastante desdeñoso hacia mis columnas sobre IA, criticándolas como un «pánico irracional», equivalente al que generaciones anteriores han tenido con las redes sociales, el internet o los celulares.
Entiendo de dónde viene su crítica: cada nueva tecnología tiene sus detractores, que muchas veces simplemente tienen un temor irracional a lo nuevo (yo todavía giro los ojos cuando mis padres atribuyen todo malestar social a que «¡los jóvenes están todo el día en el teléfono!»).
Me tomé el tiempo para reflexionar sobre este punto y mis posibles sesgos, para concluir si mis reservas sobre la IA quizá eran simplemente un síntoma de un temor subconsciente a envejecer. A riesgo de sonar egocéntrico, llegué a la conclusión de que debo mantener mi postura: la IA no es «solo otra nueva tecnología»; es algo mucho más peligroso.
La IA tiene muchas similitudes con otros avances tecnológicos importantes: facilita el acceso a la información, «democratiza» el acceso a herramientas exclusivas e incrementa la productividad. Pero hay una diferencia fundamental entre esta y las tecnologías anteriores, y es que las anteriores facilitaban el proceso, esta te entrega el resultado.
Usemos uno de los ejemplos paradigmáticos de una tecnología cuestionada por generaciones anteriores: Wikipedia. Durante toda mi época estudiantil, no paraba de escuchar las advertencias sobre usar Wikipedia para hacer mis tareas. En retrospectiva, los profesores tenían algo de razón: las tareas no pretendían que descubriéramos algo nuevo, pretendían que investigáramos. El rechazar respuestas hechas con copy / paste era la forma de indicar que no les interesaba la respuesta “correcta”, sino que llegáramos a una respuesta de la forma correcta. Al solo copiar y pegar la información, no pasábamos por el proceso de buscar, leer, releer, rebuscar, interiorizar, y tratar de explicarla en nuestras propias palabras; no aprendíamos. Lo importante era el proceso, no el producto.
Pero había formas de mitigar estos riesgos: formulando las preguntas de una manera que no se pudieran responder con una transcripción literal, exigiendo citar otras fuentes, etc. En otras palabras, los profesores pudieron exigir un producto que obligara a pasar por el proceso y, aunque Wikipedia lo hiciera más fácil, el proceso seguía existiendo y, por ende, el aprendizaje.
Wikipedia, entonces, se volvió una herramienta, algo que facilita el proceso, pero no que te entregará el producto. Lo mismo que Photoshop, que no te entregará un afiche terminado; Word, que no te escribirá un libro; Excel, que no pagará tus impuestos.
Y aquí es donde se distancian completamente de la IA: aunque es cierto que se puede usar como una herramienta, la mayoría de usuarios no la usa así. Escriben una pregunta, le piden un afiche o le instruyen que redacte un correo, y toman el primer o (con suerte) segundo resultado que obtengan.
Estas respuestas no son genéricas, son adaptadas perfectamente a las preferencias y particularidades de cada usuario. El beneficio es incuestionable: la investigadora ya no pierde tiempo buscando entre millones de textos; el estudiante ya no teme plagiar por una paráfrasis incorrecta; el comunicador ya no se estresa en cómo resumir su nota para encajar en el límite de palabras; la emprendedora ya no sufre el tener que escoger los colores adecuados para su afiche; el joven ya no pasa el temor de enviar un correo que no suene profesional.
Pero pasar por este tedio también traía algunos beneficios: el aprendizaje adicional de investigar un tema que no era el principal; la ingeniosidad que desarrollamos para parafrasear sin plagiar; la capacidad de síntesis que usamos para escribir nuestras ideas en pocas palabras; y, lo más importante de todo, la humanidad que desplegamos en cualquier producción creativa, desde un afiche hasta un correo. Eso se pierde con esta nueva tecnología.
Las medidas de mitigación que usábamos con Wikipedia no sirven ahora: ChatGPT puede responder a preguntas abiertas o citar otras fuentes, puede escribir de forma que parezca más humana que tú o que yo. Tampoco es un riesgo pequeño como el de una calculadora (que, en efecto, te da «el resultado» sin tener que pasar por el proceso aritmético); esta resolvía un proceso en un área específica, mientras que la IA lo hace en cualquiera que se puedan imaginar: escritura, creación de imágenes, videos, audio, programación, análisis, etc. Ninguna herramienta antes en la historia de la humanidad había facilitado saltarse el «proceso» en tantas áreas a la vez.
Es por ello que considero que la IA no es solo otra tecnología más. Los avances en eficacia, productividad y ahorro de tiempo que esta ofrece motivan una adopción universal como una «fábrica de resultados», y no como otra simple herramienta. Esto conllevará un cambio social radical, que puede conllevar una pérdida de capacidades muy dañina. Por eso creo que se debe tratar con mucha más cautela que «otra tecnología más».