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Valoremos el agua antes de que nos llegue a faltar
Cuando entendemos que el agua no tiene sustituto, entonces la administramos sabiamente.
“No se aprecia el valor del agua hasta que se seca el pozo” (proverbio inglés).
En la vida del ser humano el agua cubre una de las necesidades más básicas para su existencia. Si bien esto no es necesario argumentarlo, la realidad nos muestra que es muy fácil desperdiciar el agua, y solo cuando esta escasea se empieza a evaluar, pero no por ello podemos recuperar el agua que hemos desperdiciado.
La mayor riqueza que el hombre tiene en esta vida es el agua, y es preciso saberla administrar.
En nuestros días, es evidente el uso de recursos para hacer conciencia en una buena administración del agua. Claro, nuestro planeta un tercio es agua, pero debemos reflexionar que no todos los recursos del agua que nos rodea se pueden usar para el consumo humano. Por ello, no hay cosa más gratificante que contemplar cuando el agua está corriendo o escuchar el sonido del agua al caer. Pero esto no solo tiene que ser un placer para nosotros, sino un recordatorio que es lo básico que el hombre necesita para poder existir en este planeta.
Es sorprendente cómo el ser humano está dispuesto a invertir para obtener la suficiente cantidad de agua que habrá de satisfacer su necesidad individual. Es trabajo individual de cada uno de nosotros el vivir en esta conciencia, que está envuelta simplemente en la responsabilidad. En ningún momento podemos esperar que estructuras institucionales hagan el trabajo que a nosotros nos corresponde. Ellos podrán establecer políticas que rigen el uso del agua, pero uno es el que determina cuánto tiempo estarán debajo del agua disfrutando o supliendo la necesidad que se tiene.
Personalmente, me tocó vivir por tres meses en una parte del continente europeo en el cual tuve que saborear cómo es vivir con escasez de agua. En ese caso, viviendo en un segundo piso, era mi tarea sacar con una cubeta de la cisterna que tenía la propiedad y acarrear el agua con contenedores en el hombro para que la familia pudiera cubrir sus necesidades. Fácilmente usted me puede creer el disgusto o molestia que sentía cuando personalmente pensaba que se podría haber usado menos agua que la que se usó, porque a mí me costó cargarla.
Creo que la vida es más valiosa y refleja más sabiduría cuando se aprende preventivamente las cosas y no porque hemos tenido que enfrentar la problemática, tener que expresar como experiencia por la dimensión de cómo nos costó, que probablemente habiendo seguido el consejo o la recomendación nos hubiéramos evitado la vivencia que nos deja una amarga experiencia. Entonces, si eso es cierto, no solo debemos ser cuidadosos y ahorrativos en el agua que usamos a diario, sino que tomar el debido tiempo para instruir a la generación que nos está siguiendo para que esté advertida del valor del agua que tenemos y estar preparada para saber cómo desenvolverse cuando esta empieza a escasear.
Nosotros hoy día vivimos en una región que es enriquecida con el agua y, por lo mismo, no solo debemos ser agradecidos, sino también cuidadosos, para que se pueda proteger el agua que tenemos, para que no sea contaminada, porque ese modo es la mejor herencia que estamos dejando a los que habrán de seguirnos. Esta práctica es evidente que es de responsabilidad individual la que se pone en práctica en el diario vivir, no para ser de exhibición, sino para garantizar la sana existencia nuestra.