La “dieta Musk” y el adelgazamiento burocrático

La “dieta Musk” y el adelgazamiento burocrático

En el proceso de cortar la grasa excedente de la administración pública, Musk ha encontrado cosas verdaderamente sorprendentes.
12/03/2025 00:04
Fuente: Prensa Libre 

La llegada del tándem Trump-Musk al poder auguraba cambios importantes, anuncios sorprendentes y medidas contraintuitivas. Lo que quizá no se esperaba fue la velocidad con que las mismas se han ido produciendo ni la magnitud de su alcance. Casi como una estrategia bien preparada, los analistas políticos y los comentaristas de las principales cadenas apenas han tenido tiempo de reaccionar o razonar las acciones de la administración cuando un nuevo anuncio los termina rebasando por completo. No sé cuánto más pueda continuar este estado de pura adrenalina política, pero es cierto que estamos experimentando tiempos de vivir al límite.


Dentro de los grandes macroanuncios estuvo la formación de una dirección de eficiencia estatal, dirigida por el propio Musk. Con motosierra en mano, este magnate anunció que iniciaba un proceso de cortes transversales para reducir la burocracia estadounidense, contribuyendo así al esfuerzo de controlar los déficits fiscales que la economía más grande del mundo ha tenido desde hace décadas. Nada ha quedado por fuera de las rebanadas que a golpe de decreto ha ido tomando. Oficinas enteras han sido puestas en suspenso; las contrataciones, un tanto igual; la cooperación internacional se ha detenido y las contribuciones de este país a los foros internacionales han sido puestas bajo examen.


En el proceso de cortar la grasa excedente de la administración pública se han encontrado cosas verdaderamente sorprendentes. Contribuciones del seguro social a personas de más de 150 años, cooperación que operaba en distintos países dirigida a objetivos que poco tenían que ver con el interés norteamericano, oficinas que duplicaban funciones o fueron creadas al amparo de un espíritu sobrerregulatorio. Seguramente seguirán apareciendo historias como estas, que son producto de una inercia que las burocracias generan en cualquier parte del mundo.

En nuestros países, la posibilidad de ejercer un verdadero control sobre los recursos públicos es cuando menos débil.


En nuestros países, la posibilidad de ejercer un verdadero control sobre los recursos públicos es, cuando menos, débil. Una cosa es ver que los presupuestos se ejecuten, otra muy distinta es que se ejecuten bien, y una tercera, todavía más importante, es preguntarse si esa línea presupuestaria tiene sentido o razón de ser. Como las instituciones de control se centran más bien en los primeros dos, poca discusión ocurre alrededor de si los renglones que año con año aparecen consignados en el presupuesto ya cumplieron una función y no deban consignarse más. La ortodoxia burocrática aconseja que “fondos que no se ejecutan, se pierden”; por tanto, hay que gastarlos como sea. O que “fondos que ya se asignaron no hay que perderlos nunca”; por tanto, hay que seguirlos consignando. De esa suerte, los presupuestos suelen engordar sin ningún control.


Cuando uno sube considerablemente de peso, las opciones son acomodarse el cincho o empezar un régimen dietético. Y este segundo escenario depende de si uno quiere momentáneamente verse bien o cambiar el patrón de vida para lograr un resultado duradero. Igual pasa con los presupuestos públicos.


Personalidad y gestos aparte, este personaje, con su agenda, ha dejado tres lecciones importantes: Se debe actuar pronto para evitar que la inercia te devore; se debe accionar sobre la raíz del problema y no solo sobre temas marginales; se deben tomar decisiones que pueden ser poco populares en el corto plazo, pero que son las racionales en el largo plazo.


Queda por ver si la “dieta Musk” es un mero bypass gástrico o si realmente logra cambiar el metabolismo del erario de aquel país.