Confieso que esta semana me había propuesto no volver a escribir sobre la Universidad de San Carlos. No porque el tema haya perdido importancia, sino porque pareciera que todo lo que podía decirse ya se dijo. Sin embargo, mientras más escucho las distintas posiciones y más observo el rumbo de los acontecimientos, más convencido estoy […]
Confieso que esta semana me había propuesto no volver a escribir sobre la Universidad de San Carlos. No porque el tema haya perdido importancia, sino porque pareciera que todo lo que podía decirse ya se dijo. Sin embargo, mientras más escucho las distintas posiciones y más observo el rumbo de los acontecimientos, más convencido estoy de que seguimos discutiendo los efectos sin atrevernos a hablar de las causas. La batalla actual puede estar llegando a su fin, pero el verdadero problema de la Usac sigue pendiente. En el ROBERTO ALEJOS PODCAST lo analizo.
El problema: La crisis de la Usac no comenzó con la elección de las actuales autoridades. Los conflictos entre grupos de poder, la judicialización de los procesos electorales internos y el uso político de la institución vienen de muchos años atrás. Lo que ha cambiado es la intensidad de la disputa y el interés por controlar una institución que tiene muy importantes cuotas de poder dentro del Estado.
A mi criterio, todo apunta a que la batalla actual se acerca a su desenlace. Quienes condujeron el proceso supieron construir los pasos necesarios para sostenerlo jurídicamente y, al final, cualquier controversia termina llegando a la Corte de Constitucionalidad. Todo apunta a que las decisiones seguirán encaminadas a reconocer a las actuales autoridades universitarias.
La pregunta ya no es quién ganó esta batalla. La pregunta es qué ocurrirá después.
La Usac ya no es aquella institución que durante décadas ejerció un liderazgo intelectual indiscutible en la vida nacional. Su influencia política y sus espacios de representación terminaron atrayendo intereses que trasladaron a la universidad las mismas disputas que vemos en otros ámbitos del país.
¿Qué pasó? Mientras la atención pública se concentra en la situación de la Usac, esta semana el Congreso de la República celebró una pequeña y deslucida sesión solemne para conmemorar los 41 años de la Constitución Política de la República y posteriormente realizó una sesión extraordinaria en la que avanzó en varios temas relevantes para el país.
Debo reconocer que me llamó la atención la poca importancia que terminó teniendo una fecha que debería ocupar un lugar especial en nuestra vida nacional. La Constitución de 1985 no es perfecta, pero ha sido uno de los pilares de estabilidad más importantes de nuestra historia reciente y ha permitido la continuidad del orden constitucional incluso en momentos de crisis.
Resulta paradójico que invoquemos constantemente la Constitución y, al mismo tiempo, dediquemos tan poca atención al estado de las instituciones que ella creó o fortaleció. La salud de una democracia depende tanto de sus normas como de la fortaleza de sus instituciones.
En la mencionada sesión, el Congreso aprobó una readecuación presupuestaria y recursos para que el Tribunal Supremo Electoral inicie la organización de las próximas elecciones. También avanzó el proceso para integrar la Comisión de Postulación que elegirá al próximo Contralor General de Cuentas. Mientras tanto, el escenario político comienza a moverse con nuevas candidaturas y especulaciones.
Y quizá por eso vale la pena volver a la pregunta inicial: ¿qué está pasando con nuestras instituciones? Porque pocas reflejan mejor esa discusión que la Universidad de San Carlos.
NO SE VALE reducir esta discusión a una simple confrontación entre quienes apoyan al rector y quienes se oponen a él. Tampoco se vale actuar como si todo hubiera comenzado con la elección más reciente.
La realidad es que la crisis actual es resultado de años de politización y de una judicialización que ha convertido a los tribunales en el espacio donde se resuelven disputas que deberían encontrar solución dentro de la propia comunidad universitaria, como en tantos casos.
Cada nueva batalla termina siendo presentada como la definitiva. Pero una vez concluye, el conflicto permanece.
¡YA ES HORA! de reconocer que la discusión sobre las reformas al sistema de justicia debe ampliarse. Durante años hemos hablado de reformar los mecanismos de elección de magistrados y cortes. Hoy también debemos discutir el papel que la Universidad de San Carlos desempeña dentro de ese sistema.
La enorme influencia política que la Constitución le otorgó y que tenía sentido en otro momento histórico. Hoy la realidad es distinta.
No se trata de debilitar a la universidad ni de desconocer su importancia. Se trata de rescatarla de una dinámica que la ha alejado de su misión académica.
Los problemas que no se enfrentan terminan agravándose. Ese es un ejemplo y llegó el momento de pasar por lo menos la confrontación y admitir la derrota.
Que nos duela ver en qué se ha convertido la tricentenaria Universidad de San Carlos, comprobar cómo los conflictos terminan resolviéndose en los tribunales en lugar de encontrar soluciones dentro de la propia comunidad universitaria. Que ese dolor nos mueva a actuar, a involucrarnos y a asumir nuestra responsabilidad en la construcción del país que queremos. Caminemos, participemos… o no avanzamos.