La migración prohibida y la democracia inalcanzable

La migración prohibida y la democracia inalcanzable

Hay que tomarse esto en serio, tener planes para recibir a más personas deportadas.
26/12/2024 00:05
Fuente: Prensa Libre 

Llegamos a finales del primer año de gobierno de Bernardo Arévalo y la democracia parece quedar aún muy lejos. Se ha dicho hasta el cansancio que nadie esperaría levantar un país en ruinas en apenas 12 meses, pero también se ha dicho (también hasta el cansancio) que esperaríamos respuestas más contundentes ante la cacocracia (gobierno de los malvados) y cleptocracia (gobierno de los ladrones) que el pacto de corruptos ha dispuesto como formas de gobierno para Guatemala, desde hace décadas.


El terrorismo jurídico no solo se ha convertido en la nueva forma de violencia contra los enemigos políticos, sino en un mecanismo perverso de destrucción social. Hay que decir que esta manera tan violenta de manipular la ley para destruir los caminos de la democracia destruye a seres humanos, a sistema políticos, económicos y sociales. Destruye a un Estado. Este nuevo mecanismo es una guillotina que amenaza constantemente nuestra incipiente, enferma e inalcanzable democracia. Y se ha ido perfeccionando gracias al matrimonio entre el capital corrupto, el Ministerio Público y las Cortes, más los operadores políticos en cada institución estatal, que siguen vivos y respiran fuerte en el cuello, no solo de Arévalo, sino de la justicia, el bienestar y el desarrollo de todo un pueblo.


El resultado de las elecciones en Estados Unidos también marca una correlación distinta de fuerzas entre ambos países, no porque Biden y Trump sean muy diferentes, sino porque el recién electo presidente ya comenzó a definir los límites de su segundo mandato, que comienzan por el cierre violento de fronteras para los inmigrantes y siguen por un expansionismo tecnológico y geoestratégico que pone en riesgo la seguridad del mundo y apunta a lugares como Groenlandia, Panamá, entre otros puntos estratégicos para Estados Unidos y su geopolítica.

Hoy, más del 20 % del PIB guatemalteco es producto de las remesas, pero el tema no es únicamente económico, aunque el impacto que esto podría tener en nuestra economía pueda ser desastroso.


“Quizá mi única noción de Patria/sea esta urgencia de decir Nosotros”, escribió Mario Benedetti. Un Nosotros que está lejos de ser ideal para buena parte del pueblo guatemalteco, que sigue migrando al Norte, aun sabiendo que cada vez se pone más en riesgo la vida. Donald Trump ha anunciado que firmará 25 órdenes ejecutivas al tomar posesión, 9 más que las que firmara Biden al llegar al poder. Por supuesto, entre estas el tema migratorio es prioritario, según el analista Fernando Castro. De manera no oficial, Castro señala que se conoce que Trump firmará también órdenes relacionadas con seguridad fronteriza, estructura de gobierno, producción de energía, retiro de fondos federales a escuelas que enseñan teoría crítica de género y raza, entre otras.


Pero en cuanto a migración, según Castro, Trump “contempla accionar el plan de deportaciones masivas de inmigrantes en situación irregular desde el primer día de mandato, así como promover retirar la ciudadanía estadounidense por nacimiento”, tema que requerirá acciones legales por organizaciones proinmigrantes estadounidenses. La reversión de políticas fronterizas de la administración saliente, consideradas permisivas por la administración de Trump, también ha sido mencionada, así como la prevención de oleadas migratorias en la frontera sur de Estados Unidos. Hay que tomarse esto en serio, tener planes para recibir a más personas deportadas y alertar a los padres sobre cosas aparentemente simples, como portar una Carta de Custodia para proteger a sus hijos e hijas menores de 18 años en situación de migración.


Hoy, más del 20 % del PIB guatemalteco es producto de las remesas, pero el tema no es únicamente económico, aunque el impacto que esto podría tener en nuestra economía pueda ser desastroso. El impacto será también humano, social, cultural. Y no sé si estamos preparados, como Estado y sociedad para ello, o si, como dijo Miguel Ángel Asturias, somos “la Guatemala que se esfumó en el ojo zarco de Jacobo Árbenz.”