La autonomía solo es beneficiosa si se aplica correctamente.
Uno de los conceptos políticos más importantes por la intención de aplicarlos es el de la autonomía, consistente en la capacidad de tener autogobierno y tomar decisiones derivadas del ejercicio de la libertad, la independencia y la garantía de estar libre de presiones externas. Como toda idea realizada con el fin de lograr beneficios, sobre todo dirigidos tanto a la individualidad como a la comunidad en proporciones iguales, en equilibrio, pues cuando se distorsionan a través de romper este último, se convierte en la excusa o incluso la razón de beneficiar a determinados individuos integrantes de un grupo, en demérito de otro u otros. Las autonomías constitucionales de Guatemala son la Universidad de San Carlos, el IGSS, la Confederación Deportiva y la municipal.
La autonomía, concepto adecuado, pero su burla explica la situación de quienes ejercen cargos municipales.
De estas, en este momento sobresalen dos, la universitaria y la municipal, a causa de escandalosas situaciones en cuanto a la rectoría, y el Consejo Superior Universitario. Por su parte, la escala de gastos y decisiones del ingreso devengado por demasiados alcaldes, sobre todo de poblaciones departamentales. El nivel de vida de ellos presenta un ascenso vertiginoso a causa del abuso de alcaldes, síndicos y concejales. Sus ingresos no tienen relación con el número de habitantes y con el valor de carros de lujo, por eso los alcaldes capitalinos tienen ingresos oficiales menores a los de municipios convertidos en pequeños reinos tropicales de opereta, donde manda un reyezuelo con el evidente pensamiento de “el municipio, o la alcaldía, soy yo” al estilo del rey francés Luis XIV.
El aumento de los ingresos de los ediles es clarísimo. Los informes oficiales muestran los exagerados ingresos, con el consiguiente aumento de propiedades, automóviles de lujo, viajes. Esto convence a los vecinos de malos manejos y por ello el desprestigio de quienes son electos vía comités cívicos o partidos de papel. Los ediles disfrazan sus ingresos adicionales en jugosas dietas por cada sesión, a veces varias por semana, como es el caso de la Antigua. Otras formas son la integración de clanes familiares con diversos de sus integrantes ejerciendo puestos existentes o creados para ellos, o con cargos en municipios distintos, a veces por varios períodos. Son empresas familiares de cargos ediles, y la autorización de colonias, tala de árboles, son “beneficios colaterales”.
En Quetzaltenango, por ejemplo, los ediles de esa municipalidad, endeudada hasta el cuello, informan en forma oficial de haberse recetado 54 sesiones por mes, es decir más de dos diarias. Igualmente se deben conocer los precios de vehículos, por qué se escogió una marca y la cantidad de unidades. En general y callada la boca, los alcaldes ascienden súbitamente en su nivel económico, lo cual convierte a su puesto en blanco de la ambición y a sus acciones en ejemplos del mal uso del dinero de los impuestos, además de explicar las encarnizadas peleas por llegar a esos puestos, así como la pompa y el boato de las actividades de campaña, convertidas en inversiones oscuras —o más bien muy claras— solo posibles de explicar si se introducen factores opacos.
La Usac y el Consejo Superior Universitario son ahora y desde hace tiempo otros ejemplos de vergonzosas actitudes y decisiones, de las cuales sobresale y es la más notoria la forma inaudita como fue “electo” el actual rector, Walter Mazariegos Biolis. Algo muy parecido, por no decir igual, pasa con los diputados, quienes se recetaron los aumentos de ingresos decididos unánimemente por ellos. Lo mismo ocurre con la presidencia, con amnesia de las promesas, y con la Confederación de Deportes, pero estos temas merecen artículos aparte, por ser dos de los tres poderes del Estado y una entidad cuya autonomía es indispensable, por ser parte del deporte mundial. En resumen, la autonomía solo es beneficiosa si se aplica correctamente.