Hay una vieja frase advirtiendo que si Estados Unidos estornuda, todo el mundo se resfría, lo cual puede llegar a ser pulmonía en países que tienen una fuerte dependencia de la economía norteamericana como es el caso de Guatemala en el que no solo hablamos del comercio sino también de las remesas. Este mes únicamente […]
Hay una vieja frase advirtiendo que si Estados Unidos estornuda, todo el mundo se resfría, lo cual puede llegar a ser pulmonía en países que tienen una fuerte dependencia de la economía norteamericana como es el caso de Guatemala en el que no solo hablamos del comercio sino también de las remesas. Este mes únicamente se crearon 29,000 empleos, lo que disparó la tasa de desempleo al 4.2 por ciento, aparte de que la revisión de los datos de julio y agosto se tradujo en una reducción de otras 60,000 plazas de trabajo, todo lo cual es consecuencia de la guerra con Irán, su impacto en los combustibles y la política de tarifas al comercio con otros países.
Guatemala ya sufre las consecuencias del costo de los derivados del petróleo que por ahora se tradujo en una drástica reducción del ingreso fiscal por la exoneración de impuestos que fue decretada para aliviar la carga a los consumidores de combustibles, pero es indudable que hace falta una política de previsión económica y fiscal acorde con las condiciones internacionales que son tan variables. Aparte de ese efecto, que es global, tenemos también el de la política migratoria actual de Estados Unidos que llevó a muchos migrantes a aumentar sus remesas disponiendo de todo recurso a su alcance, pero los analistas consideran que el ingreso producto de esas remesas empezará a bajar pronto, situación que compromete el futuro de nuestra economía.
Las remesas han sido el salvavidas del país en muchos sentidos y la gente ha podido enfrentar las adversidades económicas producto de la corrupción por el periódico ingreso de ese importante flujo que constituye un pilar clave de nuestra economía. De hecho, los pobladores no han sido tan exigentes ante el desfalco que se ha cometido -y que pese al mandato popular en la última elección se sigue cometiendo- porque pueden cubrir sus necesidades gracias al sacrificio de millones de chapines que se fueron a Estados Unidos en busca de medios de vida dignos para sus familias.
La guerra con Irán ha sido un factor que alteró seriamente la economía mundial y su efecto se siente en cualquier lugar por el alza de los combustibles; no hay forma de predecir el futuro de ese conflicto porque, de entrada, no se puede saber qué es lo que en el fondo se persigue y ello hace que no existan datos que permitan hacer algunas previsiones ya que todo parece más instintivo que planificado.
La crisis económica repercute ya en la vida diaria de un pueblo que sufre por carencias en infraestructura, educación y salud, pues los fondos destinados a esos rubros terminan en bolsillos de los funcionarios y contratistas. Entre la corrupción y la guerra, el futuro de nuestra economía es preocupante y no existe ningún plan de previsión que apunte a aliviar esos duros efectos.