América Latina y los Estados Unidos

América Latina y los Estados Unidos

Por primera vez en muchos años, el primer viaje al exterior de un nuevo secretario de Estado ha sido en América Latina.
01/03/2025 00:00
Fuente: Prensa Libre 

Robert Gates, secretario de la Defensa de los EE. UU. del 2006 al 2011, nombrado por Bush hijo y ratificado por Obama, y director de la CIA con Bush padre, en un artículo en el Washington Post afirmó que la “invasión de Putin en Ucrania había acabado, para los norteamericanos, sus 30 años de vacaciones de la Historia”. En realidad, con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y su imperio, se iniciaron las “vacaciones de la Historia” para todos. Como bien han subrayado Henry Kissinger y el muy influyente académico Kenneth Waltz, un sistema internacional bipolar, como el de la Guerra Fría, es básicamente estable, mientras un sistema multipolar es intrínsecamente inestable. En efecto, la balanza del poder mundial ha cambiado, el “momento” unipolar, iniciado al final de la Guerra Fría, en el cual EE. UU. era la única hiperpotencia con preeminencia en todas las dimensiones del poder, se acabó. Retornan con furia la Historia, la geopolítica y las esferas de influencia. Con el auge de China, el resurgimiento de Rusia y el crecimiento de la India, entre otros, ya estamos en un mundo multipolar.

Por primera vez en muchos años, el primer viaje al exterior de un nuevo secretario de Estado ha sido en América Latina.

El influyente académico, especialista en política internacional, Walter Russel Mead, en una reciente columna en el Wall Street Journal titulada Russia, China and Iran in America’s Backyard. These adversaries threaten the U.S. with their moves into Latin America, advierte de que la creciente presencia de Rusia, China e Irán en una América Latina, políticamente inestable y afectada por recurrentes crisis socioeconómicas, se está convirtiendo en una seria amenaza de seguridad para los EE. UU. Russell parece favorecer el resurgimiento de la llamada “No Second Cuba Policy”, que tuvo su auge en la Guerra Fría y que tenía como objetivo impedir el surgimiento de “una segunda Cuba” en el hemisferio. Recordemos la frase del presidente Johnson en los días de la intervención en República Dominicana de 1965: “What we can do in Vietnam if we can’t clean up the Dominican Republic”. El problema para EE. UU. es que ahora ya hay tres “Cubas” en el Caribe: Cuba, Nicaragua y Venezuela, que están alineadas con lo que The Economist llama el “cuarteto del caos”: Rusia, Irán, Corea del Norte y China.

En efecto, el tema de la seguridad nacional, particularmente en el Caribe, junto con la inmigración masiva y el narcotráfico, han puesto a la América Latina entre las prioridades para el gobierno Trump. Por primera vez en muchos años, el primer viaje al exterior de un nuevo secretario de Estado ha sido en América Latina. No solo Rubio, sino buena parte del equipo de política exterior de Trump, tiene un pronunciado interés en el hemisferio: Waltz, el National Security Advisor; Landau, el Vice de Rubio, y Claver-Carone, enviado especial para la región. A estos hay que sumar al influyente senador Rick Scott, los congresistas Álvarez y Díaz Balart, la poderosa Chief of Staff S. Wiles y la Fiscal General P. Bondi, todos políticos del estado de Florida, que tienen que “cuidar” el voto decisivo de los cubano-americanos y venezolano-americanos. El mismo Trump lo reconoce cuando declara que el 92% de los venezolano-americanos en Florida votaron por él y afirmó que no iba a seguir comprándole petróleo a Venezuela, como hizo Biden. Desde “la Alianza para el Progreso” de Kennedy, la crisis de los cohetes en Cuba, de octubre 1962, y el apoyo a la Contra en Nicaragua, de Reagan, América Latina no había tenido la relevancia que está adquiriendo, en la escala de prioridades de la política exterior de los EE. UU.