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“Una lágrima”: historia y significado de la icónica marcha fúnebre guatemalteca y las personas a quienes ha sido dedicada
Entre las marchas fúnebres guatemaltecas, “Una lágrima”, que se escucha en la salida de Jesús de Candelaria en Jueves Santo, ha marcado momentos históricos en Guatemala.
En las marchas fúnebres existen múltiples historias y leyendas. Cuando el devoto cargador recibe su turno para llevar en hombros a su imagen de devoción, ve el número de turno que le corresponde, la dirección exacta, y de inmediato busca en el programa de marchas fúnebres. La marcha fúnebre que se interpretará en su turno será un momento especial para llevar en hombros a la imagen de su devoción.
Walter Izeppi Ramírez, músico y compositor nacional, encargado de bandas procesionales indica que cada marcha tiene un origen. Algunas podrían haber sido compuestas como un agradecimiento especial, por un milagro recibido, una alegoría o adorno del anda procesional, un momento de fe, vivencias o anécdotas, por una enfermedad, o la muerte de un ser querido o algún amigo, o por motivos especiales como personajes bíblicos, por una efeméride también.
En el caso de Una lágrima es una pieza que se interpreta con regularidad a la salida de la procesión de Jesús de Candelaria, en Jueves Santo. Es obra del maestro pianista Manuel Moraga Cospín, un músico civil que nació el 12 de julio de 1860 y falleció el 24 de octubre de 1924.
El sitio web de Candelaria describe que Moraga fue compositor autor de más de 100 obras de diferentes tipos la mayoría extraviadas, como piezas teatrales escolares, música sacra, himnos y piezas para piano, según investigación realizada por el Licenciado Edgar Cabnal.
¿Cómo nace la marcha de Una lágrima?
La marcha, Una Lágrima tiene una historia particular porque, probablemente, en su origen, no fue dedicada a Jesús de Candelaria, pero su nacimiento la entrelaza.
A principios del siglo XX, el maestro Moraga se encontraba en el templo de Candelaria cuando estaba por salir la procesión. Al momento de ver salir la imagen se conmovió tanto que surgió de él una lágrima, nombre que inspiró a su pieza.
Su nieto le preguntó qué le pasaba, pero él solo dijo que estaba emocionado. Poco tiempo antes había perdido a su esposa. Decidió escribir una marcha fúnebre. Por quebrantos de salud, la pieza quedó en papeles para piano y no se sabe quién adaptó la marcha para los instrumentos de una banda.
Una lágrima, dedicada a las niñas de Hogar Seguro
Cerca del mediodía del jueves 6 de abril de 2017, varios músicos bajaron de un microbús frente a la entrada del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en donde el 8 de marzo de ese año ocurrió una tragedia que sacudió a todo el país.
Eran los integrantes del quinteto Ecléctico, que llegaron al lugar para rendir un sencillo, pero sentido homenaje póstumo a las 41 víctimas del siniestro.
Eligieron la marcha procesional Una lágrima, de Manuel Moraga, no solo por su título sino por ser una de las más conocidas y conmovedoras. La interpretan con un arreglo especial para cuerdas: cello, violines y contrabajo.
Participaron Luis Recinos, violín primero; Laura Castaño, violín segundo; Mónica Ortíz, violoncello; Adán Figueroa, contrabajo; Otto Letona, violín.