Gabriel García Márquez publicó en 1961 la célebre obra “El coronel no tiene quien le escriba”, tema que nos hace pensar en la realidad guatemalteca. En efecto, si el coronel no podía escribir, según el relato de García Márquez, nuestro presidente Bernardo Arévalo por lo visto sí tiene quien le lea aunque a él no […]
Gabriel García Márquez publicó en 1961 la célebre obra “El coronel no tiene quien le escriba”, tema que nos hace pensar en la realidad guatemalteca. En efecto, si el coronel no podía escribir, según el relato de García Márquez, nuestro presidente Bernardo Arévalo por lo visto sí tiene quien le lea aunque a él no le interese leer documentos, según dijo literalmente cuando recibió, frente a un testigo honorable, la advertencia de que el negocio de los ya célebres tres puentes con fuerte sobrevaloración, que estaba explicada en un breve escrito. “Yo no voy a ver papeles” dijo, argumentando que no tenía con qué comparar.
La tal reunión inicialmente fue planteada para varios días después (muchos más de los que necesitó el Micivi para seleccionar a las empresas, convocarlas y asignar los contratos para la construcción de los puentes) lo cual nos pareció inapropiado y lo hicimos ver. No hubo una notificación de que se hubiera reprogramado el encuentro para el famoso viernes que dice el Presidente y su secretario general lo sabe.
El punto es que si el Presidente no quiso ver las 5 hojas que tenían las cotizaciones y los comparativos, ¿cómo habrá hecho para ver las más de mil páginas que tenían las ofertas de esas 3 licitaciones que tienen un aroma de la corrupción de los gobiernos que tanto criticó Arévalo y Semilla? ¿Será que eso sí le interesó leer o justamente por no leer es que le meten goles tan burdos? ¿Es que no se quiere enterar porque al hacerlo, se llevaría una tremenda decepción? ¿Por qué está dispuesto a asumir el desgaste de un oscuro negocio?
Pensando en el tipo de presidente que debíamos tener como resultado del mandato popular expresado en las urnas, y que tanto molestó a Giammattei y compañía como para poner a Consuelo Porras y sus huestes a querer anular la elección, al tener indicios de un sucio negocio lo primero que supusimos era la necesidad de advertirle sobre lo que estaba ocurriendo, confiando en que si alguien de su equipo podía estar haciendo un negocio, era indispensable que él lo supiera y por ello solicitamos la reunión.
Lamentablemente su reacción inicial fue que él no iba a leer la documentación, lo cual nos causó alguna sorpresa porque el papel que juega La Hora no es de chismes sino de actuar conforme a los hechos y para este caso la documentación que no quiso leer Arévalo contenía esos detalles.
El informe elaborado era para él, pero lo que hizo fue pasarle a la ministra para que “justificara el negocio” y pudieran empezar a preparar el terreno quienes están detrás de este negocio. En otras palabras, Arévalo no lee pero sí tiene quien le lea y su información pasa por el filtro de personajes que han ido adquiriendo enorme poder gracias a ese estilo tan personal que tiene el gobernante que le hace ni siquiera interesarse en leer documentación incriminatoria.