Alfombras de Semana Santa: La herencia cultural de Guatemala que sigue evolucionando

Alfombras de Semana Santa: La herencia cultural de Guatemala que sigue evolucionando

Impregnadas de colores vibrantes gracias a las anilinas, las alfombras de Semana Santa han evolucionado como una expresión de fe hecha arte. La innovación en materiales y técnicas ha permitido que este legado perdure como tradición.
27/03/2025 16:40
Fuente: Prensa Libre 

Alfombras de Semana Santa: La herencia cultural de Guatemala que sigue evolucionando

27 de marzo de 2025

Impregnadas de colores vibrantes gracias a las anilinas, las alfombras de Semana Santa han evolucionado como una expresión de fe hecha arte. La innovación en materiales y técnicas ha permitido que este legado perdure como tradición.

Cada año, las calles de Guatemala se transforman en lienzos coloridos donde la devoción, la creatividad y la comunidad se unen para dar vida a las alfombras de Semana Santa.Estas expresiones artísticas, nacidas de tradiciones prehispánicas y enriquecidas por la herencia colonial, han evolucionado gracias a innovaciones en materiales y técnicas, desde el uso de aserrín teñido y viruta de madera hasta la incorporación de polvo de mármol y sal teñida.

Durante la Cuaresma y la Semana Santa, es tradición elaborar alfombras que representan figuras religiosas o folklóricas de manera artesanal. Estas expresiones de fe hechas arte han experimentado una sorprendente evolución desde sus primeras apariciones hasta la actualidad.

Los creadores de este arte efímero pasaron de confeccionar alfombras con hojas de palma y plumas de quetzal a elaborar verdaderas obras maestras, como rostros de imágenes religiosas hechos con polvo de mármol, material que resplandece en la noche.

Las alfombras más comunes, elaboradas con aserrín teñido, flores y frutas, adornan las calles y avenidas por donde las imágenes consagradas son llevadas en hombros por los fieles creyentes. Expertos detallan que esta expresión de fe, convertida en arte, ha tenido una evolución impresionante desde sus raíces en la cosmovisión maya, donde los antiguos pueblos prehispánicos ya utilizaban elementos naturales para rendir homenaje a sus deidades.

Hoy, la elaboración de alfombras refleja la vibrante identidad cultural de todo un pueblo, manteniendo viva una tradición que trasciende generaciones y sigue transformándose con el paso del tiempo.

Orígenes ancestrales: Un legado prehispánico y colonial

Para entender su evolución, debemos remontarnos a sus orígenes, un tema que ha generado debate entre los historiadores. Según el informe que el Ministerio de Cultura y Deportes envió a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2022, los mayas elaboraban caminos ceremoniales decorados con plumas, hojas y flores para el paso de los soberanos, como lo muestran piezas de cerámica y grafitos encontrados en glifos de los sitios arqueológicos como Tikal a principios de los años dos mil.

El informe de Cultura detalla que mucho más significativa y compleja es la escena esculpida en un dintel de madera del Templo I de Tikal, donde el soberano, ascendido a la categoría de Señor Divino o Señor Sagrado (en maya chol es K’ul Ahaw), aparece claramente sentado sobre un anda o un palanquín que era llevado en hombros por varias personas, y deja ver que la superficie plana estaba decorada con flores y plumas, destacando la primera aparición oficial de una alfombra en el territorio.

Con la llegada del catolicismo, esta práctica ceremonial se fusionó con las tradiciones españolas del siglo XVI, cuando los conquistadores y misioneros realizaban procesiones sobre alfombras de flores y hojas para honrar a las imágenes religiosas que trajeron a Latinoamérica.

El aserrín es el material que más se utiliza para las alfombras de Guatemala, lo que ha permitido perfeccionar técnicas en la creación de las alfombras.

(Foto Prensa Libre: Cortesía Alfombras y moldes Ortiz)

Cada diseño plasmado en las alfombras es irrepetible, pues la mezcla de colores y diseños hace única cada obra de arte.

(Foto Prensa Libre: Cortesía Alfombras y moldes Ortiz)

A partir de ese momento, las alfombras de arena, flores y corozo comenzaron a adornar las calles guatemaltecas, enriqueciendo el legado cultural del país.

Inicios de las alfombras con flores, arena y tintes naturales

Con la mezcla de esta cultura, se generaron las primeras alfombras dedicadas a las procesiones, mismas que eran elaboradas principalmente con flores naturales, hojas de olor y arena.

Óscar Rolando Ortiz Castillo, alfombrista y artesano de productos de Cuaresma, destaca que se utilizaban distintos tipos de arena para crear efectos de sombras: arena blanca para los detalles; y para los adornos, arena rosada, que comúnmente se usaba para lavar trastos, y arena negra traída desde la costa, que se utilizaba para crear los primeros patrones o bases de las alfombras.

Cano destaca que, para lograr colores intensos, se recurría a tintes naturales como la remolacha, que daba el color rojo, mientras que una hoja llamada tinta se hervía para obtener el color negro.

Materiales como corozo, trébol, estancia y pino picado se fueron integrando con el pasar de los años y eran utilizados para decorar las alfombras con texturas y tonalidades vivas.

Fue luego de eso que los pueblos originarios incorporaron la utilización de frutas y verduras para realizar patrones en las alfombras, opción que fue viable para el arte, pero excesiva para los costos monetarios.

La llegada del aserrín y las anilinas

Con el paso del tiempo, se introdujo el aserrín como material base para las alfombras, lo que facilitó la elaboración y redujo costos.

Pero fue la llegada de las anilinas, destaca Ortiz, lo que las convirtió en el principal tinte para el aserrín, permitiendo la creación de aserrín teñido con colores más intensos y duraderos. Este material, que se cree se innovó en la época de la Colonia, aún acompaña a los creadores del arte efímero en la actualidad.

Sin embargo, este material, que permitía hacer creaciones inimaginables, mostró problemas para su utilización. Elementos como el viento y la lluvia dañaban las alfombras y desvanecían los colores, lo que representaba un contratiempo.

El uso de la anilinas mejora los colorantes del aserrín.

(Foto Prensa Libre: Byron Baiza)

Un saco de aserrín puede constar entre Q100 a Q300 dependiendo de su calidad.

(Foto Prensa Libre: Byron Baiza)

Para resolver este inconveniente, los artesanos comenzaron a utilizar una mezcla de ácido acético, agua caliente y alcohol para fijar los colores en el aserrín, logrando que el tinte resistiera mejor las inclemencias del tiempo, aunque su rival seguía siendo el viento.

Innovación y resistencia: La llegada de la viruta de madera y el polvo de mármol

En los últimos años, la introducción de la viruta de madera, alrededor del año 2015, marcó una nueva etapa en la evolución de las alfombras. Este material, más grueso y moldeable que el aserrín, ofrecía mayor estabilidad y resistencia al viento y la lluvia. Además, la viruta mojada se adhiere mejor al suelo, evitando que las alfombras se desintegren rápidamente.

“La viruta no se lleva tan fácilmente como el aserrín y, al mojarse, mantiene mejor su forma”, explica Aury Marroquín, comerciante de materiales para la elaboración de las alfombras. Esta innovación, adoptada hace aproximadamente ocho años, permitió que las alfombras conservaran sus diseños por más tiempo y resistieran mejor las condiciones climáticas.

La moldeabilidad de la viruta de madera ha hecho de este material el favorito de los artesanos.

(Foto Prensa Libre: Byron Baiza)

La revolución definitiva llegó con el polvo de mármol, cerca del año 2020, un material que no solo resolvió el problema del viento, sino que también permitió crear efectos sombreados y difuminados en las figuras.

“El polvo de mármol, al ser más pesado, evita que las alfombras se desplacen con facilidad, brindando mayor precisión y detalle a los diseños”.
Óscar Ortiz

Para fijar los colores en este material, se utiliza anilina fluorescente y una ligera capa de thinner, lo que da como resultado colores intensos y brillantes que incluso resplandecen en la oscuridad.

Uno de los desafíos que representa este material es su costo. El polvo de mármol, aunque costoso (un saco pequeño de 10 libras puede llegar a costar Q 200), permite lograr un efecto único en las alfombras, haciendo que las figuras resalten y los colores brillen con intensidad, destaca Ortiz.

Gracias a esta innovación, los alfombristas han logrado crear retratos más realistas y detallados, elevando la calidad artística de las alfombras.

Uso de sal teñida, un nuevo producto para elaborar alfombras

Otro material que ha ganado popularidad es la sal teñida para elaborar alfombras, una técnica inspirada en las tradiciones de El Salvador.

El proceso para teñir la sal es menos complejo que el del aserrín, detalla la experta. Para las alfombras, se utiliza principalmente la sal gruesa que, al mezclarse con la pintura acrílica, se tiñe por completo. Su dificultad es que esta mezcla necesita reposar por uno o dos días para que no se desprenda el color.

“La sal mantiene los colores intensos debido a su humedad natural, aunque su rendimiento es menor comparado con otros materiales”
Aury Marroquín

Se cree que un saco de este material podría costar hasta Q 200, dependiendo de la temporada.

El papel de los moldes: De la madera al PVC y la CNC

Otro avance significativo en la evolución de las alfombras ha sido la incorporación de moldes para definir figuras simétricas y precisas. Durante décadas, estos moldes se elaboraban de madera o cartón, pero su durabilidad era limitada debido a la humedad y el agua.

Ortiz y su equipo elaboran moldes de cartón chip calibre 100 de forma artesanal, sin recurrir a maquinaria o corte electrónico. Los moldes son barnizados y pintados para evitar que el agua los deteriore, permitiendo su reutilización año tras año.

Los moldes tienen distintos precios según su tamaño: los centrales cuestan Q80, los de orillas Q40 y los más pequeños Q20. Estos moldes son esenciales para mantener viva la tradición y permitir que más personas aprendan el arte de las alfombras.

Con los avances tecnológicos, el corte digital con máquinas CNC y el uso de PVC revolucionaron el proceso de elaboración de moldes. Estos moldes son más duraderos, precisos y reutilizables, permitiendo que los diseños sean más elaborados y detallados.

“Los moldes de PVC no se deforman ni absorben humedad, lo que permite utilizarlos durante varias temporadas. Aunque todavía hay quienes prefieren trabajar con cartón, poco a poco más personas están adoptando esta tecnología”, comenta Ricardo Chinchilla, miembro del Grupo de Alfombras del Atrio de La Recolección.

El impacto del arte contemporáneo: Alfombras tridimensionales y cuadros en el suelo

En 2015, el colectivo Chucho Callejero, liderado por el artista visual Jorge Corleto, innovó al crear alfombras artísticas que simulan cuadros pintados en el suelo utilizando materiales tradicionales. Estas alfombras, que combinan técnicas visuales contemporáneas con el arte efímero de la Semana Santa, alcanzaron gran popularidad al viralizarse en redes sociales.

“Nosotros hacemos retratos artísticos de las imágenes de Guatemala, manteniendo la estructura tradicional del aserrín, el corozo y las flores, pero añadiendo una perspectiva visual más moderna y artística”
Jorge Corleto

Estas alfombras tridimensionales crean efectos de profundidad y perspectiva, logrando que las figuras parezcan cobrar vida sobre el suelo.

El costo del arte efímero: Inversión y sacrificio

Elaborar una alfombra es un proceso costoso y laborioso que involucra diseño, planificación, materiales y tiempo. Una alfombra de 10 metros por 3 metros puede requerir hasta 14 sacos de aserrín teñido, cuyo costo oscila entre Q 60 y Q 80 por saco, elevando el costo total a aproximadamente Q 1,500 solo en materiales.

Cuando se incorporan flores naturales, viruta o polvo de mármol, el costo puede aumentar significativamente. Una alfombra elaborada con polvo de mármol puede costar hasta Q 6,000, debido a la precisión y el detalle que requiere este material.

El legado cultural: Una tradición que une comunidades

Más allá de los avances técnicos y los materiales, las alfombras de Semana Santa son una manifestación de fe y devoción que une a familias y comunidades. Durante esas noches de trabajo, vecinos y familiares se reúnen para crear obras de arte efímeras que adornan las calles y celebran la espiritualidad guatemalteca.

“Las alfombras no solo son una ofrenda espiritual, sino también una manifestación artística que une a comunidades enteras. A pesar de los avances tecnológicos, la esencia de esta tradición sigue intacta: un acto de fe, devoción y creatividad que se renueva cada año”
Ricardo Chinchilla

El reconocimiento de la Semana Santa en Guatemala como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco reafirma la importancia de esta tradición, que continúa adaptándose a los tiempos modernos sin perder su esencia espiritual y cultural.

La evolución de los materiales y las técnicas asegura que esta expresión artística siga siendo un símbolo de identidad y devoción para las generaciones futuras.