Guatemaltecos, despiertos ante promesas

Guatemaltecos, despiertos ante promesas

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05/05/2026 00:04
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

A un año de elecciones, la ciudadanía debe informarse desde ahora y elegir con memoria.

Cada vez que viajo a Guatemala y recorro el país, el ambiente político se hace más y más presente en esquinas, mercados, calles y en conversaciones cotidianas. En mi último viaje, mientras terminaba el primer borrador de mi próximo libro, volví a notarlo. También se ve en las carreteras del internet, donde la velocidad de los mensajes políticos crece cada día.

Falta un año para elecciones, pero muchos políticos ya comenzaron a moverse. Aparecen promesas grandes, sonrisas ensayadas y mensajes diseñados para despertar esperanza rápida. De repente, algunos se convierten de la noche a la mañana en filántropos, siempre con una cámara grabando. Algunos intentan presentarse como novedad, aunque el país ya conoce su trayectoria. Otros confían en que la memoria ciudadana sea corta. ¡No lo es!

Esto obliga a una reflexión seria. Los liderazgos importan y pueden marcar momentos históricos. Pero el desarrollo sostenible requiere algo más: instituciones sólidas, reglas claras y continuidad en las buenas decisiones.

También es importante reconocer a quienes miran la política como una salida económica personal. Ven un cargo público como empleo seguro, influencia o acceso a privilegios. Desde esa visión torcida, servir al país deja de ser la prioridad. El problema se revela aún más cuando escuchamos llamar “inversión” al gasto de campaña política. Esa palabra pertenece al mundo donde se pone dinero esperando retorno. El servicio público exige lo contrario. Quien entra a servir no entra pensando en recuperar nada, sino en aportar mucho.

Cuando la política pública se mira como negocio, el pueblo termina pagando la factura. Es una de las razones que nos impide avanzar de forma integral. La pagamos en corrupción, atraso, carreteras abandonadas, escuelas débiles, hospitales incompletos y oportunidades perdidas. No sorprende entonces que más de la mitad del país viva en pobreza, terreno fértil para la migración forzada.

Guatemala conoce demasiados casos de funcionarios que terminaron señalados, encarcelados, prófugos o deshonrados. No siempre fue mala suerte. Muchas veces fueron malas motivaciones sembradas desde el principio. Lo que nace torcido rara vez termina recto. Lo que comienza mal suele terminar mal, aunque se cubra de propaganda.

Cuando la política se convierte en negocio, el pueblo termina pagando la factura.

Pero sería un error despreciar la política por completo. Bien practicada, la política pública es una de las tareas más nobles que existen. Es la herramienta capaz de abrir caminos donde hoy hay abandono. Puede mejorar una escuela rural, llevar agua potable, facilitar inversión sana y proteger la justicia.

Por eso la ciudadanía debe estar alerta desde ahora para llegar bien informada al día de la elección. Si quienes buscan poder ya se están moviendo, los ciudadanos también debemos observar mejor. Hoy tenemos en nuestras manos herramientas para lograrlo. La tecnología nos permite revisar trayectorias, declaraciones pasadas, cambios de partido, promesas incumplidas y conducta pública de casi cualquier candidato.

Nunca fue tan fácil informarse, pero tampoco fue tan fácil distraerse. En medio de videos cortos, frases vacías y propaganda constante, la verdad puede perderse. Elegir bien exige más que emoción momentánea. Exige memoria, atención y carácter.

El poder en un gobierno siempre es prestado. Los cargos pasan. Los convoyes se van. Las pancartas se bajan. Lo que permanece son las obras hechas con honestidad o los daños causados por ambición. Lo que trasciende son legados.

Nuestros hijos merecen un país donde entrar a la política no sea buscar riqueza rápida, sino asumir responsabilidad grande. Merecen ver servidores públicos respetados por su trabajo y no por su escolta. Merecen instituciones que funcionen bien, aunque cambien quienes las dirigen.

Ningún país se transforma esperando milagros. Los países avanzan cuando se honra el servicio público, funcionan las instituciones y la ciudadanía elige con memoria y madurez. Guatemala puede lograrlo.

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