Conflicto internacional encarece el petróleo, impulsa la inflación y aumenta la presión sobre las finanzas públicas en Guatemala
El aumento del precio del petróleo experimentado en marzo reactiva las presiones inflacionarias que encarecerán las divisiones de alimentos y transporte, y sus efectos se acentuarán entre abril y mayo.
Es predecible que el conflicto geopolítico internacional, que movió las agujas al alza de los precios del barril de petróleo, tendrá un impacto en la inflación, es decir, en los bolsillos de los consumidores guatemaltecos y, por otro lado, pondrá presión fiscal.
Guatemala, al igual que otras naciones que dependen de la importación de derivados del petróleo o productos energéticos, experimentará un choque en su economía, por lo que enfrenta una vulnerabilidad estructural frente a estas circunstancias, que influyen en distintas variables como los precios, las finanzas públicas y el crecimiento económico.
Las tensiones geopolíticas, así como el cierre del estrecho de Ormuz —ruta para el transporte de petróleo en el Golfo Pérsico— ya no deben verse como algo apartado o lejano para economías del tamaño de Guatemala o de la región, sino como un fenómeno cuyos eventuales escenarios pueden impactar en el corto y mediano plazo.
Prensa Libre consultó a un panel de analistas, quienes brindaron una amplia lectura del fenómeno global que comenzó a experimentarse en marzo.
Conflicto global encarece vida en Guatemala
A la pregunta de por qué el conflicto aumenta la inflación, Abel Cruz Calderón, exgerente del Instituto Nacional de Estadística (INE) y vicerrector de la Universidad Mesoamericana, explicó que Guatemala es muy sensible a los temas geopolíticos debido a la configuración de la canasta general de bienes y servicios sobre la cual se estima el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y, consecuentemente, se determina la inflación (el alza generalizada de precios en la economía).
Afirmó que esta canasta “es altamente compuesta por bienes y servicios de consumo que son afectados por insumos importados para su producción; de esa cuenta, cuando hay eventos que afectan precios internacionales, el IPC importa, por así decirlo, esa inflación internacional y se traslada al consumidor final”.
En esa misma línea, el analista económico Maynor Cabrera advirtió que el conflicto ha afectado canales de distribución clave de los derivados del petróleo y ha impactado infraestructura de procesamiento de gas e incluso de fertilizantes.
Además, no se tiene certeza de cuánto pueda durar el conflicto, ya que las señales de distintos partícipes brindan información contradictoria y cambiante todos los días.
Mercado petrolero reacciona a conflicto global
Guido Rodas, exgerente del INE, declaró que, aunque por diferentes causas, esta tendencia es muy similar a la observada en el 2022-2023 pospandemia, es decir, escasez de petróleo y sus derivados.
A escala mundial, explicó que el conflicto está restringiendo el paso de tanques petroleros por el estrecho de Ormuz, por donde circula más del 20% del petróleo mundial; esto, aunado a los bombardeos que se han realizado en los depósitos de petróleo extraído y derivados, ha generado escasez y expectativas racionales perniciosas en los agentes económicos.
En Guatemala dependemos en un 100% de estas importaciones y nos afecta un alza de precios como efecto “cohete pluma”, es decir, un incremento rápido y vertiginoso, pero cuando se regularicen los precios caerán muy lentamente, no por efecto de las fuerzas del mercado, como se dijo en una bancada por autoridades del Ministerio de Energía y Minas (MEM), recalcó Rodas.
A su juicio, es evidente que los efectos inflacionarios ya se están dando y durarán mientras dure el conflicto.

Conflicto afecta precios y producción
Para Sergio Recinos, expresidente del Banco de Guatemala (Banguat), el conflicto en Medio Oriente tiende a afectar la inflación en Guatemala (y el mundo en general) porque impacta el precio del petróleo y sus derivados, interrumpe las cadenas de suministro globales y encarece la energía relacionada con el gas natural.
En el caso de Guatemala, explicó que impacta la industria, además del transporte de pasajeros y de carga, lo que a su vez provoca que los costos suban y se trasladen a otros productos (alimentos, frutas, legumbres, bienes diversos) y finalmente se traduzca en inflación, afectando el bolsillo de los guatemaltecos.
En Guatemala dependemos en un 100% de estas importaciones y nos afecta un alza de precios como efecto “cohete pluma”, es decir, un incremento rápido y vertiginoso, pero cuando se regularicen los precios caerán muy lentamente.
Además, el precio del petróleo tiene un efecto directo en los fertilizantes, ya que estos tienen un componente importante en su costo, lo que a su vez impacta en la agricultura, agregó Recinos.
Impacto del petróleo se reflejará en inflación hasta mayo
Al concentrarse el primer efecto en los precios de los combustibles del conflicto en marzo que podría esperarse de la inflación de aquí a mayo y los expertos hacen la siguiente lectura.
Cabrera, asegura que es previsible un alza en los índices inflacionarios, pero de una magnitud incierta, ya que además del aumento de los derivados del petróleo es muy probable que otros sectores aumenten sus precios derivados de alzas en el costo del transporte e incluso según anticipen cómo pueden incrementarse los precios en el futuro.
Entonces dada la incertidumbre, pueden ocurrirse distintas lecturas, afirmó.
Recinos, enfatiza que tomando en cuenta que el conflicto inicia a principios y por la forma en que el INE recolecta los datos para la medición del IPC, es posible que en marzo aún no se refleje un aumento significativo en los datos, pero en los próximos -dos- meses definitivamente se van a registrar aumentos que se estarán reflejando en este indicador.
Sobre esta tesis coincide Rodas, quien asegura que, si bien el alza de precios comienza a repercutir en el IPC de marzo, pero será más dinámico en abril, dependiendo de lo oportuno que el Gobierno sea en aplicar medidas antiinflacionarias por la vía fiscal y arancelaria.
Riesgo inflacionario se eleva por alza de combustibles
El choque internacional será sensible en la economía guatemalteca, por lo que existe un riesgo inflacionario que, según Cruz Calderón, será de corto plazo: marzo y abril.
“El riesgo es la escalada en los precios del combustible y los efectos que estos incrementos influyen en los precios de materias primas e insumos”, apuntó.
Además, indicó que habrá que considerar el comportamiento climático de marzo y abril, ya que se han presentado lluvias en la parte norte del país, situación que también afecta los productos de consumo que influyen en la canasta de bienes y servicios identificada por el INE para dar seguimiento a las variaciones de precios.
Cabrera es más directo y considera que es un riesgo elevado. “Hay que tomar en cuenta el alza en los precios de los combustibles que ya se ha observado y combinarla con la deficiente infraestructura de transporte que se tiene. Solo hay que considerar el caos vial de la Ciudad de Guatemala, la precaria red de carreteras, así como que no se cuenta con un buen sistema de transporte de pasajeros e incluso con transporte pesado que no tiene mantenimiento y que ha provocado tragedias que, además de la pérdida de vidas, interrumpen el flujo comercial y elevan los costos logísticos y de seguros, lo que termina trasladándose al precio final”, precisó.
Reiteró que a esto se debe sumar el encarecimiento de los fertilizantes, que eventualmente impactará en los costos de producción agrícola y en el precio de los alimentos de la canasta básica en los próximos meses.
Aumento golpeará economía familiar
Rodas considera que, si bien en el corto plazo la inflación puede incrementarse si el Gobierno no actúa con oportunidad, no solo en la aplicación de políticas antiinflacionarias, sino también en el control y sanción de los especuladores; por ejemplo, que los bienes y servicios mantengan la misma calidad, peso y cantidad de lo autorizado.
Finalmente, Recinos considera que sí existe un riesgo inflacionario importante para el país, porque Guatemala es importadora neta de combustibles y derivados del petróleo. Si se observa el precio del petróleo desde que inició el conflicto a inicios de marzo, ha subido aproximadamente un 54% (pasando de US$65 el barril a fines de febrero a alrededor de US$100 el barril), lo que también se ha reflejado en el precio de las gasolinas y el diésel en Guatemala, que han subido alrededor de Q10 por galón en 23 días (50%).
Guatemala es muy sensible a los temas geopolíticos debido a la configuración de la canasta general de bienes y servicios sobre la cual se estima el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y, consecuentemente, se determina la inflación.
Ello, como se indicó, incidirá en el precio de otros bienes y servicios, que finalmente se convertirán en presiones inflacionarias, afectando el poder adquisitivo de los guatemaltecos.
Subsidios presionan finanzas públicas en año preelectoral
Aunque en Guatemala aún no se han aprobado medidas compensatorias sociales para hacer frente a la crisis de precios de los combustibles y se va tarde, el conflicto internacional también pondrá presión a las finanzas públicas por los subsidios que se han anunciado al diésel, la gasolina y el gas propano, sobre todo porque se está en año preelectoral.
Cabrera recordó que los recursos con los que cuenta el sector público son escasos y que comprometerlos en subsidios o reducir impuestos no soluciona el problema de fondo. Ambas medidas no tendrían resultados positivos; incrementarían el déficit fiscal y solo beneficiarían a los distribuidores de estos bienes. “Es una solución populista que es aprovechada por políticos para granjearse simpatías de la población. Los subsidios serían la peor medida, ya que en general los aprovecharán en mayor grado personas que tienen mayores recursos y que pueden hacer frente a estas situaciones”, manifestó Cabrera.
Añadió que, ante la falta de certeza, estas medidas podrían generar un costo fiscal desmesurado que impactaría negativamente en el déficit fiscal. Sería mejor buscar mecanismos de apoyo directo a la población más vulnerable, que son más económicos y efectivos, aconsejó.
Para Recinos, una rebaja de impuestos o el otorgamiento de subsidios para mitigar el impacto en la población tiene costos fiscales, los cuales dependerán de qué tipos de impuestos se puedan modificar o del monto de los subsidios. En ambos casos, también dependerá de la duración de las medidas.
Recomendó que, si se recurre a este tipo de medidas, estas se apliquen de forma gradual y secuencial, buscando un equilibrio que permita atenuar el impacto en la población, pero sin afectar en demasía los costos fiscales.
Rodas afirmó que en estos casos la política fiscal debe ser prudente y eficaz en cuanto a subsidios temporales o rebaja de impuestos y aranceles en productos sensibles en el proceso productivo.
No es recomendable una ampliación presupuestaria, ya que eso conlleva más deuda pública y, si se toma en cuenta la deuda del Banguat y del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), esta se sitúa en alrededor del 36% del PIB; tampoco es recomendable subir tasas impositivas, precisó.
“Mejor hacer transferencias de los ministerios de gastos que pueden postergarse, o también cambiar la ley y tomar los fondos de los Cocode, que apenas han gastado el 1%. Aplicar política de contención del gasto corriente”, sostuvo.
Medidas fiscales responden más a política que a economía
Cruz Calderón advirtió que la eliminación o disminución de impuestos son medidas que rompen las estructuras tributarias y, además, están influenciadas más por temas políticos que económicos, pues, como medida de política fiscal, nadie habla de disminuir el impuesto al valor agregado (IVA), por ejemplo, ya que esto implicaría menor asignación presupuestaria a las municipalidades, “que políticamente no sería bien aceptada por los alcaldes, ya con miras electorales del otro año”.
En cambio, se plantea eliminar impuestos a los combustibles, lo que afectaría poco a la política fiscal, pero con montos pequeños que difícilmente percibirá el contribuyente.

Banguat prevé aumento de inflación en marzo
Durante la conferencia del pasado 23 de marzo sobre la decisión de la tasa líder de interés de política monetaria, la cual se mantuvo en 3.50% por la Junta Monetaria, ya se incorporaba el efecto del alza del petróleo.
Al consultar a José Alfredo Blanco Valdés, vicepresidente del Banco de Guatemala, sobre los pronósticos de inflación para los siguientes meses, adelantó que la inflación en marzo podría aumentar y pasar de 1.56% a 2.6%, aunque el dato oficial se conocerá el 7 de abril.
Reconoció que en este momento proyectar la inflación es complicado debido a la volatilidad y la incertidumbre.
Los recursos con los que cuenta el sector público son escasos y que comprometerlos en subsidios o reducir impuestos no soluciona el problema de fondo.
“Conforme se están comportando los precios, en marzo la inflación intermensual podría ser de aproximadamente 1.14%, lo que llevaría a una variación interanual de 2.61%, desde el 1.56% registrado en febrero”, recalcó en la conferencia de prensa.
El funcionario de la banca central aseveró que el cálculo es aproximado, con base en los datos que manejan los cuerpos técnicos, y refleja el posible comportamiento de la variable, atribuible a la volatilidad que podría presentarse en los siguientes días y a las expectativas de los agentes económicos.
Añadió que se da seguimiento a la tendencia del petróleo, como ocurrió en el 2022, cuando se registró un aumento en la inflación.
En el análisis oficial se considera que el conflicto geopolítico internacional es percibido por los mercados como de corta duración; sin embargo, es probable que en abril se observe un impacto en la inflación, aunque dependerá de los acontecimientos.
En todo caso, Blanco Valdés remarcó que hay noticias de conversaciones entre los países involucrados, lo que ha calmado a los mercados, y que el precio del petróleo —que subió hasta US$100 el WTI (referencia para Guatemala)— cerró el miércoles 23 de marzo en US$90. Los mercados descuentan que es un fenómeno temporal y que terminará en un “relativo corto plazo”.
No obstante, concluyó que la incertidumbre y la volatilidad siguen siendo altas.
Junta Monetaria prevé crecimiento con inflación controlada
En el ámbito interno, se resaltó el comportamiento positivo de la mayoría de los indicadores de corto plazo de la actividad económica, congruente con la estimación de crecimiento prevista para el 2026, que se mantiene entre 3.1% y 5.1%, con un valor central de 4.1%.
“El conflicto bélico en Oriente Medio, que por el momento se considera temporal, de persistir por un tiempo prolongado, podría generar una leve desaceleración del ritmo de crecimiento en Guatemala, dado su historial de resiliencia”, subrayó.
Añadió que, con relación al ritmo inflacionario, en febrero del 2026 este se ubicó por debajo del límite inferior de la meta determinada por la Junta Monetaria (4% más/menos 1 punto porcentual), como resultado, principalmente, de choques de oferta internos favorables en algunos alimentos y de precios de los combustibles más bajos que los del año anterior.
En la conferencia de prensa se dio a conocer que, para la Junta Monetaria, siguen prevaleciendo condiciones de baja inflación y que los pronósticos y las expectativas continúan apuntando a que esta se ubicará por debajo del valor central de la meta en el 2026.
Sin embargo, se destacó que dichas proyecciones siguen estando condicionadas a riesgos al alza, particularmente por la eventual intensificación y prolongación del conflicto geopolítico en Oriente Medio, que podría provocar presiones inflacionarias importadas, las cuales deberán evaluarse oportunamente, conforme evolucione el mercado mundial de energéticos.