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La mujer cuando ocupa su lugar es valorada
En el medio en que nosotros vivimos, la mujer indudablemente está siendo observada.
“Después de todo, la más exquisita bendición de Dios es una buena mujer”. G. Meredith
En cada sociedad de nuestro mundo, la mujer ha tenido y sigue teniendo un papel especial y único, el cual es indiscutiblemente importante. Claro está que en algunos círculos y en algunas culturas el papel de la mujer está claramente limitado y no se le permite destacarse, pero no implica que no cumpla con su función y la tarea que le corresponde. Lo que sucede es que no se le permite a veces destacarse para recibir el crédito por lo que está haciendo.
En nuestro medio, indudablemente podemos encontrar extremos, tanto en el papel de la excelencia que la mujer tiene en sus deberes y labores diarias como también en muchas áreas que por siglos habían sido ocupados únicamente por los hombres. A la mujer, progresivamente, por las capacidades que ha demostrado de una manera manifiesta, se le ha permitido llenar ciertos espacios, algunas veces por la necesidad, y lo ha logrado hacer con excelencia, sin lugar a discusión.
Entendemos que la sociedad le reconoce un espacio único a la mujer por el papel que solo ella puede desempeñar y, cuando lo hace, no solo recibe su merecido reconocimiento, sino que llega a ser un ícono para que la historia conserve la memoria debida por lo que hizo en un momento que se presentó el reto. Ejemplos son los que nos enseñaron en la escuela de las mujeres que en los momentos más críticos actuaron para que los cambios se dieran y que no escatimaron su vida para cumplir con el deber patriótico.
Nos toca a nosotros los caballeros el saber cultivar y proyectar el respeto y admiración en nuestro diario vivir (y en cada esfera en la que nos movemos) a cada mujer que está en nuestro derredor para, de ese modo, crear el necesario ambiente en el cual la mujer pueda interactuar con confianza, sabiendo que está aceptada y que se le reconoce toda su capacidad sin tener que sentirse cohibida como en muchas de las sociedades y culturas está sucediendo.
Antes de que la mujer logre la atención, debe generar una admiración de lo que ella realmente es.
Si nuestro objetivo es honrar y respetar a la mujer, sería prudente que nosotros como sociedad no aprobemos los comportamientos en los cuales la mujer está simplemente llamando la atención, lo cual usualmente tiene alguna connotación negativa. Pero si lo que la mujer está haciendo y está representando está correctamente hecho, primero darle el crédito, y luego también la admiración debida.
Recordemos que cada generación es la responsable en la formación de valores y criterios para que, al tener la correcta crianza, el comportamiento también haya de ser sano y positivo. Por ello, al criar a nuestros hijos, es fundamental que la instrucción incluya el cómo se debe de tratar y respetar a la mujer, sea esto en nuestro hogar como también fuera de él.
Esta tarea de los mayores es tan valiosa que seguramente quedará grabada en los que la reciben, y seguramente la habrán de repetir en la siguiente generación.
Esta tarea no es para iniciarla mañana. Lamentablemente, debería haber sido recibida en el pasado, en la etapa de la formación para la debida convivencia. Pero, si por alguna razón en algún caso no fuera, es buen tiempo para que se apliquen criterios correctivos, introduciendo los cambios necesarios y que la próxima generación sea mejor que la nuestra en el trato y en la relación con la mujer.