Editorial

Tapar el ojo al macho

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Tapar el ojo al macho
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Hoy publicamos un trabajo sobre la narrativa de la ministra de Comunicaciones para, según ella, explicar la sobrevaloración de los puentes al prepararse para ir al Congreso a defender el extraordinario monto que pretenden para el presupuesto del año entrante. En realidad lo que dice no es más que un desesperado esfuerzo por tapar el […]
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Hoy publicamos un trabajo sobre la narrativa de la ministra de Comunicaciones para, según ella, explicar la sobrevaloración de los puentes al prepararse para ir al Congreso a defender el extraordinario monto que pretenden para el presupuesto del año entrante. En realidad lo que dice no es más que un desesperado esfuerzo por tapar el ojo al macho, expresión popular que significa “disimular una mala acción, fingir que se hace algo bien o crear una distracción para aparentar que un problema está resuelto y evitar así responsabilidades o castigos”.

La justificación de los sobreprecios de sus tres puentes va desde la negativa a comparar el valor de los que ella contrató con el que hizo Bukele, tema que abordamos ya en un editorial y en el que dijimos que en esa materia no se puede hacer una simple comparación absoluta porque hay favores que diferencian una obra de otra. Pero aun así, tomando en cuenta esos factores, la diferencia es tan grande que no puede pasarse por alto y algunas de las que la funcionaria detalla hasta pueden hacer que sea más difícil hacer ese puente que los que ella negoció hábilmente en medio de un secretismo que impide la fiscalización.

No digamos el valor del metro respecto a los negocios del Gobierno pasado. Semilla dijo que el de Giammattei y Martínez era un Gobierno corrupto y resulta que hasta ellos se robaron menos en puentes de lo que se están robando quienes dijeron ser diferentes, pero resultaron la misma cosa.

Y por eso es que posiblemente el argumento más peregrino que hizo fue la explicación de que las diferencias de precio entre los puentes que hizo Giammattei a menor precio contra el valor de los suyos, es que atribuye el incremento a la inflación. En otras palabras y para decirlo concretamente, ahora resulta que el gobierno de Arévalo sostiene que Alejandro Giammattei y Miguel Martínez no robaron y que pagaron los precios correctos, mismos que ahora suben únicamente por la inflación.

Hay mil formas de tapar el ojo al macho, pero caer en que un gobierno que fue electo para combatir la corrupción que llegó a hartar a un pueblo desesperado por el saqueo de los fondos públicos justifique los contratos que hace diciendo que si acaso hay diferencias de precios entre los que se pagaban en ese gobierno corrupto con lo que ahora se hace es simplemente por la inflación.

En otras palabras, si Giammattei robó, como todos sabemos, este gobierno está robando más debido a la inflación. El elemento fundamental de los valores en los contratos que hacía aquel gobierno era lo que se destinaba a mordidas que se tradujeron en apartamentos en Dubái y otros lugares del mundo en donde se lavó el dinero mal habido, incluido China.

¿Cuánto tendría que ser la inflación para que incrementara tanto una obra en la que no hay robo de fondos públicos? Usted, estimado lector, puede hacer las cuentas.

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