TGW
Guatevision
DCA
Prensa Libre
Canal Antigua
La Hora
Sonora
Al Día
Emisoras Unidas
AGN

Apnea del sueño: síntomas y causas del trastorno que afectan el sueño de los niños
El trastorno respiratorio afecta al 5 por ciento de los niños, especialmente entre los tres y los ocho años, lo cual impacta su salud física, estado anímico y rendimiento escolar.
El sueño es reparador, especialmente para los niños, quienes, tras una larga jornada de actividades diversas, duermen y descansan para recargar energía. Sin embargo, si esto no ocurre, si el niño no duerme bien, al día siguiente se sentirá cansado e irritable.
En la mayoría de los casos no se diagnostica porque los padres asumen que el niño simplemente duerme mal.
Este trastorno se produce como consecuencia de una obstrucción total o parcial de las vías respiratorias superiores, lo que provoca una pausa en la respiración durante la noche.
Las pausas respiratorias que sufre el niño mientras duerme disminuyen los niveles de oxígeno en el organismo. El cerebro detecta esta situación como una “amenaza” y despierta al pequeño para que su organismo vuelva a funcionar. Si las pausas respiratorias son muy frecuentes, el niño dormirá menos y no descansará, lo que puede provocar daños en su salud física y mental.
Puede impactar la calidad de vida del niño, ya que altera el crecimiento cráneo-facial y el desarrollo de funciones básicas, como masticar.
Un niño respira la mayor parte del tiempo por la nariz y, normalmente, cuando tiene la boca cerrada, la lengua toca el paladar, lo que también evita que ronque de manera continua.
Si no respira de esta forma, se generan problemas en el desarrollo dental, como una maloclusión, es decir, los dientes se desvían de su posición normal. Este problema ocurre en siete de cada diez niños con apnea obstructiva del sueño.
Los síntomas
- Pausa en la respiración. Al dormir suelen jadear y emitir sonidos como si se estuvieran ahogando.
- El ronquido también es un síntoma muy frecuente del síndrome de apnea obstructiva del sueño infantil (SAOS).
- Problemas de conducta, como ansiedad, agresividad, depresión, hiperactividad, irritabilidad o dificultades de concentración.
- Sueño intranquilo, pesadillas, sudoración nocturna, incontinencia o respiración bucal.
El diagnóstico
Un diagnóstico temprano es fundamental para solucionar el problema y evitar complicaciones en el crecimiento del niño, ya que podría desarrollar hipertensión, colesterol alto, prediabetes o enfermedades cardiovasculares.
Para detectar la apnea obstructiva del sueño, se debe realizar una polisomnografía nocturna. El niño debe pasar una noche en el centro especializado donde se realice el estudio, para controlar y analizar los movimientos oculares, la frecuencia cardiaca, los ronquidos, la respiración, los niveles de oxígeno, además de los movimientos y posturas que adopta el niño mientras duerme.
En algunos casos, el trastorno está provocado por otros problemas, como reflujo gastroesofágico nocturno, síntomas de mal descanso o signos diurnos relacionados con un trastorno respiratorio del sueño.
Una vez confirmado el diagnóstico, si la causa de la apnea es el tamaño excesivo de las amígdalas o adenoides, se procede a extraerlas quirúrgicamente.
En casos más severos, en los que la causa no es el tamaño de las amígdalas, se puede tratar con una terapia de presión positiva continua en las vías respiratorias.
Esta terapia consiste en una máscara que el niño lleva puesta durante la noche.
Puede cubrir solo la nariz o tanto la nariz como la boca, y está conectada a una máquina que bombea aire para mantener abiertas las vías respiratorias.
Si la apnea obstructiva del sueño está provocada por un exceso de peso, lo más importante es que el niño pierda las libras de más mediante ejercicio físico y cambios en su dieta.