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Basura orgánica: qué es y cómo se gestiona correctamente
La mala gestión de los desechos orgánicos contribuye al efecto invernadero, ya que al descomponerse con otros residuos liberan gases que aumentan el calentamiento global.
Los desechos sólidos tienen un alto impacto ambiental, incluso aquellos de origen natural, como frutas, verduras y otros residuos de la tierra. Aunque se cree que son inofensivos, una gestión inadecuada puede generar efectos negativos en el medioambiente.
La basura orgánica incluye todos los residuos de origen natural, como sobras de frutas, verduras, plantas e incluso cáscaras de huevo. Aunque estos materiales parecen no ser contaminantes, su manejo inadecuado puede afectar negativamente el ecosistema.
Algunas personas arrojan restos de frutas en terrenos baldíos, convencidas de que se degradarán sin consecuencias. Sin embargo, esta práctica es perjudicial, ya que una disposición incorrecta de los desechos orgánicos contribuye a la contaminación y altera el equilibrio ecológico.
El abandono de residuos orgánicos en áreas boscosas o su desecho en vertederos junto con otros contaminantes puede afectar la fertilidad del suelo, la salud de la vegetación y el desarrollo de cultivos. Además, esta práctica favorece la proliferación de plagas, lo que agrava el impacto ambiental.
Para evitar este impacto, en esta nota se explica cómo se clasifican los desechos sólidos y cómo gestionarlos correctamente.
¿Qué es la basura orgánica?
La basura orgánica comprende todos los residuos de origen natural que se descomponen en un tiempo relativamente corto tras perder su utilidad.
Estos desechos provienen de organismos vivos y, si se gestionan correctamente, pueden reintegrarse al medioambiente mediante compostaje o reciclaje orgánico. Este proceso los convierte en abono natural, beneficiando la tierra y las plantas.
Los residuos orgánicos son fáciles de identificar, ya que están presentes en la vida cotidiana, especialmente en la preparación de alimentos en los hogares.
Cómo gestionar los desechos orgánicos
La gestión de los residuos orgánicos comienza con su correcta clasificación en casa o en otros espacios. Esto incluye realizar compostaje casero y optimizar el consumo de alimentos para evitar generar sobras que puedan terminar en la basura.
Clasificación de los desechos orgánicos
Para quienes están iniciando en el mundo del reciclaje y aún no están listos para transformar sus residuos, un buen primer paso es clasificarlos correctamente según las disposiciones de cada país.
Un buen inicio es depositar residuos como frutas, verduras, restos de plantas, aserrín, restos de café y comida sin líquidos en el contenedor verde. Estos materiales pueden aprovecharse para procesos de compostaje y reciclaje orgánico.
A continuación, se presenta una guía visual con ejemplos de residuos que corresponden a esta clasificación.

Realizar compostaje
El compostaje transforma la materia orgánica en abono natural a través de un proceso de descomposición controlada. Residuos como hojas secas, restos de frutas, verduras y cáscaras de huevo se descomponen con el tiempo, generando un fertilizante natural ideal para las plantas.
Este proceso mejora la calidad del suelo, favorece el crecimiento de cultivos y contribuye a la biodiversidad de los espacios naturales.
Para hacer compostaje en casa, sigue estos pasos:
- Elige un recipiente adecuado, de vidrio o plástico, con espacio suficiente y ventilación.
- Crea una capa base de tierra fértil para facilitar la descomposición de los residuos.
- Alterna capas de desechos húmedos y secos:
- Húmedos: restos de comida vegetal.
- Secos: hojas secas, cartón.
Evita incluir: carne, pescado, huesos, aceites, comida preparada, restos de mascotas, exceso de tomates en mal estado y pan, ya que pueden atraer plagas o dificultar el proceso.
Efecto ambiental de los desechos orgánicos
Para comprender su impacto en el reciclaje, es importante reconocer que los desechos orgánicos pueden generar efectos ambientales tanto positivos como negativos. Su correcta gestión permite convertirlos en composta o abono, mientras que su disposición inadecuada puede causar contaminación y afectar la salud pública.
Cuando residuos como cáscaras de banano, naranja o verduras se mezclan con otros desechos en vertederos y se exponen al sol, su descomposición genera metano, un gas de efecto invernadero responsable del 30 % del calentamiento global.
Además, la falta de procesamiento de estos residuos impide el aprovechamiento de sus nutrientes, esenciales para enriquecer el suelo y producir energía renovable.
Si los desechos orgánicos se filtran en cuerpos de agua o en la superficie terrestre, pueden contaminar recursos naturales y deteriorar su calidad. Su acumulación también genera malos olores y atrae plagas, representando un riesgo para la salud pública.