Washington, las potencias y el resto

Washington, las potencias y el resto

Los Estados Unidos de Trump están por sentar un pésimo precedente en la negociación de la guerra entre Rusia y Ucrania.
16/02/2025 00:01
Fuente: Prensa Libre 

En 1850 se firmó el tratado Clayton–Bulwer, debido a las tensiones entre los británicos y la creciente influencia de Estados Unidos en Centroamérica. Los segundos buscaban eliminar o minimizar los intereses europeos en toda América Latina y el Caribe o al menos minimizar la competencia de estos. Esto se daba en el marco de la primera gran doctrina de Estados Unidos, que fue la Monroe de 1823, que rechazaba el colonialismo europeo pero que a la vez reclamaba una “América para los americanos”, refiriéndose a los intereses del gobierno de Estados Unidos. Regresando al tratado Clayton–Bulwer, la influencia británica en Centroamérica disminuyó en la Costa de Mosquitos porque los Estados Unidos tenían un interés en construir un canal interoceánico en Nicaragua, eventualmente disminuyó en las Islas de la Bahía en Honduras, pero no así en la Honduras Británica que hoy conocemos como Belice. El tratado se celebró sin tomar en cuenta los intereses ni mucho menos la soberanía de los países centroamericanos.


El legado de la doctrina Monroe y otras doctrinas de la política exterior de Estados Unidos es lo que ha marcado la Gran Estrategia de ese país en referencia a su posición como superpotencia mundial. Pero también sirvió como referente a otras potencias para tomar sus decisiones. Parag Khanna describió en el 2008 a las relaciones internacionales como relaciones inter–imperiales, identificando tres “imperios”: Estados Unidos, la Unión Europea y China. Bajo esta óptica podemos analizar el caso de la recesión en Grecia del 2009 como consecuencia de la gran recesión mundial del 2007 al 2009, donde la misma fue negociada y resuelta hasta el 2018 no en Atenas, sino específicamente en Bruselas, por la Unión Europea (UE), Berlín, porque Alemania es el primer motor de la UE y, finalmente, en Frankfurt, sede del Banco Central Europeo. Washington decide, luego las potencias le copian y el resto obedecemos.

Los fundamentos de una política exterior realista que son la tenacidad y sabiduría no deben ser confundidos con la fanfarronería y cinismo de Donald Trump.


Este esquema es el que volvemos a ver con las negociaciones para poner fin a la guerra, perdón, Operación Militar Especial que Rusia lleva a cabo en Ucrania. ¡Na Zdorovie! Un análisis frío y lógico dicta que un cese al fuego se logra si Ucrania cede los territorios ocupados por Rusia como Donetsk y Luhansk bajo la mediación de Estados Unidos (dado que este conflicto es un capítulo más del conflicto Este–Oeste). El dilema estadounidense es lograr esto sin darle la espalda a Occidente y sus valores, cosa que el secretario de defensa, Pete Hegseth, primero, y el vicepresidente JD Vance, después, parecen ya haber tirado por la borda, dándole así un simbólico tiro en la sien al desarrollo por más de dos milenios de lo que magistralmente Louis Rougier describió en 1938 como El Genio de Occidente.


Los Estados Unidos de Trump están por sentar un pésimo precedente en la negociación de la guerra entre Rusia y Ucrania que otras potencias y potencias emergentes como China, Rusia, Arabia Saudita e Irán tomarán en cuenta en sus propias Grandes Estrategias. El giro de una política exterior liberal a una política exterior realista como la que busca seguir actualmente Estados Unidos no debe descuidar los valores que realmente hicieron grande a dicho país. El sacrificio de estos valores como la seguridad, la libertad y la justicia a cambio de un orden cortoplacista e inestable es un precio demasiado alto para un mundo multipolar e incierto. Los fundamentos de una política exterior realista, que son la tenacidad y la sabiduría, no deben ser confundidos con la fanfarronería y cinismo de Donald Trump.


¡Feliz Domingo!

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