La política como transacción, no como vocación

La política como transacción, no como vocación

Si algo he aprendido de la política y los políticos en nuestro país es que acá todo es negociable.
16/03/2025 00:04
Fuente: Prensa Libre 

Hay quienes viven para la política y quienes viven de la política. La diferencia la explicó Max Weber hace más de cien años en su ensayo La política como vocación. Es bastante intuitivo, pero quien vive para la política tiene vocación; es decir, tiene un llamado a hacer de ello su vida. Implica “haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de algo”, dice Weber. Por el contrario, las personas que viven de la política lo hacen como una fuente de ingresos. Es un nivel más grosero de utilizarla para sobrevivir económicamente. Viéndolo así, ¿qué tipo de políticos tenemos en Guatemala? Si volteamos a ver al Congreso de la República, parece evidente que la política como vocación ha muerto con el desagradable aumento salarial que se recetaron los diputados.


Ese aumento ha causado indignación en los guatemaltecos, pero ¿en realidad es algo que nos sorprende? ¿O que fuera inesperado? Si algo he aprendido de la política y los políticos en nuestro país es que acá todo es negociable. Es lamentable, porque incluso principios fundamentales pueden negociarse. Además, todo se puede justificar en función del poder; para mantenerlo, compartirlo momentáneamente o tratar de arrebatarlo. En Guatemala, la política es entonces transaccional. Esto a veces resulta altamente funcional, puesto que permite destrabar crisis o llegar a acuerdos para que no todo se desmorone por completo. Puede llegar a ser un mal necesario para resguardar la “estabilidad.” Cuántas veces no hemos estado al borde del precipicio político y afortunadamente no hemos caído (como les ha pasado a más países). Sin embargo, en otras ocasiones la cualidad transaccional del sistema se convierte en la forma más fácil de aprovecharse de los recursos públicos para pactar con otros actores políticos. Esto es una forma de saqueo institucional. Es una corrupción disfrazada de gobernabilidad.

¿Quién está negociando en nombre de los ciudadanos?


Que quede claro, la política implica la negociación, la diplomacia, el trueque, pero cuando absolutamente todo está disponible para el mejor postor, ya se vuelve algo totalmente diferente y desagradable. Por eso, el aumento de salario de los diputados indigna tanto. Es utilizar el dinero que pagamos todos con nuestros impuestos como moneda de cambio para otros fines. Lo que se ve es que los diputados son operadores de poder con intereses propios y la cuestión de un salario así de injustificado muestra claramente la captura de los recursos públicos para beneficio personal.
James Madison tenía razón. Los políticos no son ángeles. En El Federalista número 51, Madison argumenta a favor de los límites al poder porque dice: “Si los hombres fuesen ángeles, el gobierno no sería necesario. Si los ángeles gobernaran a los hombres saldrían sobrando lo mismo las contralorías externas que las internas del gobierno”. Los políticos no actúan por altruismo, actúan, como cualquier persona, por incentivos. En este sistema transaccional, lamentablemente cada voto puede tener un precio y las decisiones responden a cálculos de poder. Por eso, el lado oscuro de las negociaciones, que permiten que todo sea transaccional, hace de esto una manera de blindar privilegios. El aumento de salario de los diputados es la manifestación de esta lógica: transar para ganar algo ellos, no necesariamente para gobernar.


Si la política en Guatemala es puramente transaccional como se ve en el Congreso, y que de ello no se escapa el Ejecutivo, los jueces ni otros funcionarios públicos, la pregunta es: ¿quién está negociando en nombre de los ciudadanos? Allí la difícil tarea de encontrar, no ángeles —porque no existen entre nosotros—, sino políticos que vivan para la política y no de ella.