TGW
Guatevision
DCA
Prensa Libre
Canal Antigua
La Hora
Sonora
Al Día
Emisoras Unidas
AGN

Reflexión para concluir el año y mirar al futuro
Solo a través de la colaboración podremos construir un país donde cada persona se sienta incluida.
Vivimos en una era marcada por la urgencia. Todo parece requerir una respuesta inmediata, desde las notificaciones en nuestros teléfonos hasta las demandas de la vida cotidiana. Sin embargo, este ritmo vertiginoso nos lleva, muchas veces, a dejar de lado lo realmente importante: el tiempo con nuestros hijos, la conexión con nuestro entorno, el legado que estamos construyendo.
Al llegar al cierre de año, es inevitable reflexionar sobre lo vivido, lo aprendido y lo que aún está por construir. Una lección que este año nos dejó es que no podemos permitirnos seguir posponiendo lo fundamental en nombre de lo urgente. Necesitamos detenernos y preguntarnos: ¿qué tipo de país estamos cultivando para quienes vienen detrás de nosotros?
Desde mi perspectiva como madre, he aprendido que los momentos más simples son, a menudo, los más valiosos. Las risas en la mesa, las conversaciones profundas y las pequeñas victorias del día a día son los cimientos de una vida plena. Pero también son el reflejo de algo más grande: una sociedad que cuida a sus personas. Si queremos heredar un país donde las futuras generaciones puedan prosperar, debemos asegurarnos de proteger estos espacios esenciales, tanto en nuestras familias como en nuestras comunidades.
Como líderes, esto significa promover entornos donde el bienestar colectivo esté en el centro. No podemos construir un futuro sólido si ignoramos las necesidades básicas de salud, educación, justicia y equidad. Las decisiones que tomemos hoy tendrán un impacto profundo en las vidas de nuestros hijos y de quienes vendrán después de ellos.
Mirando hacia el 2025, es claro que necesitamos más que soluciones inmediatas. Es muy importante desarrollar una visión de largo plazo. Un país que no planea para el futuro está destinado a repetir los errores del pasado. Este nuevo año nos presenta la oportunidad de construir desde la unidad, con conciencia y responsabilidad intergeneracional.
Que este cierre de año sea una oportunidad para reorientarnos, para reconectar con lo que realmente importa y para entrar en el 2025 con el firme propósito de dejar un país más justo, más humano y más sostenible para las generaciones futuras.
¿Qué podemos hacer? Primero, fortalecer nuestra capacidad de diálogo, incluso entre aquellos que piensan diferente. Solo a través de la colaboración podremos construir un país donde cada persona se sienta incluida. Segundo, priorizar inversiones que beneficien a las generaciones futuras, como la educación, el medioambiente y la tecnología. Y tercero, recordar que cada uno de nosotros tiene un rol que desempeñar. Cada acción, por pequeña que parezca, cuenta.
Una pregunta para todos: ¿qué país queremos heredar? El país que dejemos a nuestros hijos no se construye en discursos, sino en acciones. Se construye con el ejemplo que damos en casa, con el tiempo que dedicamos a escuchar a los demás, con la empatía que demostramos a quienes enfrentan dificultades. Se construye con nuestra capacidad de anteponer lo colectivo sobre lo individual y lo importante sobre lo urgente.
No es un camino fácil, pero vale la pena. Porque, al final, el éxito de una generación no se mide por lo que acumuló, sino por lo que sembró.
Hoy los invito a reflexionar conmigo: ¿qué legado estamos construyendo? Que este cierre de año sea una oportunidad para reorientarnos, para reconectar con lo que realmente importa y para entrar en el 2025 con el firme propósito de dejar un país más justo, más humano y más sostenible para las generaciones futuras.
Es momento de unir fuerzas, de creer en nuestro potencial y, sobre todo, de actuar con propósito. Porque, al final, lo que hacemos hoy será la herencia de mañana. ¿Qué país les queremos heredar a nuestras hijas e hijos? Dejemos que esta pregunta guíe nuestras decisiones en el año que comienza.