Menores competencias, más capacitación: el costo de país de los resultados educativos deficientes, según expertos
Los resultados de la prueba PISA 2025 no solo muestran las dificultades que enfrenta Guatemala en el sistema educativo, también abre una discusión respecto de las competencias con las que los jóvenes llegan al mercado laboral, el esfuerzo que deben realizar las empresas para cerrar las brechas de formación y el costo que tiene para […]
Los resultados de la prueba PISA 2025 no solo muestran las dificultades que enfrenta Guatemala en el sistema educativo, también abre una discusión respecto de las competencias con las que los jóvenes llegan al mercado laboral, el esfuerzo que deben realizar las empresas para cerrar las brechas de formación y el costo que tiene para el país el rezago.
La evaluación, aplicada a estudiantes de 15 años, muestra que Guatemala se mantiene por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en matemáticas, lectura y ciencias.
Solo 8% de los estudiantes guatemaltecos alcanzó al menos el nivel 2 de competencia en matemáticas, mientras que 17% lo hizo en lectura y 21% en ciencias.
En los países de la OCDE, esos porcentajes fueron de 65%, 69% y 74%,respectivamente.
INTERPRETACIÓN Y COMPRENSIÓN
El nivel 2 es utilizado por PISA como una referencia de competencias básicas.
En matemáticas, por ejemplo, implica que el estudiante puede interpretar una situación sencilla y representarla matemáticamente sin recibir instrucciones directas.
En lectura, supone, entre otras capacidades, identificar la idea principal de un texto de extensión moderada y localizar información siguiendo criterios explícitos.
El panorama tampoco muestra una mejora reciente. La OCDE reportó que el desempeño promedio de Guatemala en 2025 fue menor que en 2022 en las tres áreas evaluadas.
En lectura y ciencias, además, los resultados estuvieron por debajo de los registrados en 2017, mientras que en matemáticas se mantuvieron cerca de ese nivel.
La organización, sin embargo, señala que Guatemala amplió la incorporación de jóvenes al nivel secundario entre 2022 y 2025. Esto significa que parte de la caída en los resultados puede estar relacionada con la entrada al sistema educativo de estudiantes de poblaciones que anteriormente estaban marginadas.
Informe de OCDE (PISA) para Guatemala refleja caídas educativas en ciencias, lectura y matemática
UNA BRECHA QUE PUEDE LLEGAR AL EMPLEO
Para Luis Linares, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES), los resultados de PISA deben analizarse junto con otro déficit que Guatemala arrastra desde hace años: la cantidad de años de escolaridad y la calidad de la educación.
Linares señaló a La Hora que, según el Censo 2018, la población guatemalteca de 15 años y más tenía un promedio de 6.2 años de estudio, frente a nueve años para América Latina y el Caribe.
Desde su perspectiva, PISA evidencia que el problema educativo no es únicamente cuantitativo, sino también de calidad. Esa combinación puede tener consecuencias cuando los jóvenes pasan de las aulas al trabajo.
Quienes terminan el ciclo básico o diversificado pueden carecer de algunas de las competencias necesarias para aspirar a puestos de mayor complejidad y, por consiguiente, a mejores remuneraciones, explicó Linares.
La relación, sin embargo, no significa que un resultado de PISA determine por sí mismo el salario o el empleo que tendrá una persona.
La prueba mide competencias de estudiantes de 15 años; el vínculo con el mercado laboral corresponde al análisis de cómo esas capacidades pueden facilitar o dificultar posteriormente el acceso a determinados puestos.
RECLUTADORES OBSERVAN BRECHAS
La experiencia de los procesos de selección ofrece otro ángulo para observar cómo estas brechas pueden trasladarse del sistema educativo al mercado laboral y, con ello, convertirse en un desafío para la productividad y la capacidad del país de formar y aprovechar su fuerza laboral.
La MSc. Hannia Lily Muñoz, gerente de Atracción al Talento Humano de Zona de Talento, identifica entre las principales deficiencias de los jóvenes que buscan su primer empleo el bajo dominio de operaciones matemáticas básicas, problemas de ortografía y redacción, competencias tecnológicas limitadas y dificultades relacionadas con la integración y adaptación.
A esto suma aspectos como el criterio propio, los modales y las actitudes frente al trabajo.
Muñoz aseguró a La Hora que la situación aparece con frecuencia en los procesos de reclutamiento que maneja su equipo. Según explicó, reciben diariamente alrededor de 100 aplicaciones de jóvenes y considera que existe un problema de formación cuando algunos llegan al proceso de selección sin tener claridad sobre sus propias capacidades.
“Estamos graduando jóvenes cada año sin las competencias necesarias que el mercado laboral actual requiere”, sostuvo.
Su experiencia permite poner en perspectiva los resultados de PISA: aunque la evaluación no mide directamente la empleabilidad ni el desempeño profesional, algunas de las competencias que examina —como matemáticas, lectura y ciencias— forman parte de las capacidades que posteriormente pueden ser utilizadas en distintos ámbitos de estudio y trabajo.
Para Guatemala, esa brechaplantea una pregunta económica: qué tan preparada está su fuerza laboral para responder y sostener mayores niveles de productividad.
CERRAR BRECHAS TOMA TIEMPO
El problema también se refleja después de la contratación.
Muñoz explicó que las empresas cuentan con programas de inducción y capacitación para los nuevos trabajadores, pero asegura que el tiempo necesario para que algunos jóvenes recién graduados alcancen las competencias requeridas ha aumentado.
Según su experiencia, cerrar esas brechas puede tomar actualmente entre cinco y seis meses, cuando anteriormente el proceso podía completarse en alrededor de dos meses.
“Ahora se les traslada la responsabilidad a las empresas de formar en los muchachos lo que en sus centros educativos no obtuvieron”, señaló.
Esto implica que una empresa no solamente debe enseñar al nuevo trabajador los procesos específicos de un puesto, sino que en determinados casos también debe reforzar conocimientos y habilidades que deberían constituir una base previa para incorporarse al empleo.
Para Muñoz, la situación también tiene una consecuencia directa para los jóvenes: mientras no puedan demostrar determinadas competencias, tendrán mayores dificultades para competir por puestos con mejores salarios.
Linares coincidió en que una menor cualificación puede limitar el acceso a empleos de mayor complejidad. Desde su perspectiva, cuando un trabajador llega con competencias inferiores a las requeridas, la empresa debe realizar un esfuerzo adicional para desarrollar las habilidades necesarias para el puesto.
Más allá del esfuerzo que esto representa para las empresas, el problema plantea un desafío para el país: si una parte de los jóvenes llega al mercado laboral sin las competencias básicas que requieren los puestos disponibles, la brecha entre la formación y las necesidades de la economía se prolonga hasta la etapa de contratación.
UNA FACTURA QUE LLEGA A LA PRODUCTIVIDAD
La brecha de habilidades adquiere una dimensión económica cuando se observa desde la productividad empresarial.
Linares plantea que una fuerza laboral que llega al empleo con menores niveles de competencias puede limitar la capacidad de las empresas para elevar su productividad.
Parte del esfuerzo que podría dirigirse a producir, innovar o incorporar nuevas tecnologías debe destinarse primero a cerrar brechas de formación.
Muñoz lo observa desde la operación cotidiana de las empresas. Explicó que cada puesto tiene objetivos y resultados que deben alcanzarse y que, cuando un trabajador todavía no cuenta con las capacidades necesarias, existe una curva de aprendizaje que puede prolongarse.
El impacto no necesariamente significa que una empresa deje de contratar jóvenes, pero sí puede modificar el tiempo que necesita para que una persona alcance el desempeño esperado y, por tanto, los recursos que debe destinar a su formación.
La situación puede adquirir mayor relevancia en sectores que requieren conocimientos técnicos especializados.
Muñoz citó como ejemplo la llegada de vehículos híbridos y eléctricos a Guatemala. Según explicó, el país todavía cuenta con pocos mecánicos capacitados en estas nuevas tecnologías.
Una situación similar, afirma, puede observarse en actividades como la agricultura, la construcción y la industria, donde los cambios tecnológicos generan nuevas necesidades de formación.
EL RETO PARA LA COMPETITIVIDAD
Para Muñoz, la brecha de competencias también representa un desafío para la competitividad del país en un mercado cada vez más abierto.
Guatemala puede resultar atractiva para la inversión extranjera, pero las empresas que llegan al país necesitan encontrar trabajadores capaces de desempeñar las funciones que requieren sus operaciones.
En ese contexto, la formación deja de ser únicamente un asunto educativo y se convierte también en un factor relacionado con la capacidad del país para aprovechar nuevas inversiones, adoptar tecnología y desarrollar actividades de mayor valor agregado.
El problema, por tanto, no se limita a encontrar un empleo. También tiene relación con el tipo de empleo al que pueden acceder los trabajadores, la productividad que pueden alcanzar las empresas y la capacidad de la economía para avanzar hacia actividades que requieren mayores niveles de especialización.
APRENDER MÁS ALLÁ DE LAS AULAS
Para Linares, una de las respuestas pasa por ampliar la oferta educativa del ciclo diversificado y acercar los planes de estudio a las necesidades del mercado laboral.
También considera necesario mejorar la calidad de la educación, tanto pública como privada, y fortalecer competencias básicas en matemáticas, lectoescritura y ciencias, además de las llamadas habilidades blandas.
Muñoz agregó otra dimensión: la capacidad de los propios jóvenes para continuar formándose.
En su opinión, el acceso a internet y a herramientas tecnológicas abre oportunidades para complementar la educación formal mediante el aprendizaje de idiomas, programas informáticos, herramientas de trabajo y habilidades como comunicación, ventas, negociación y diseño.
“Tenemos que aprender a ser autodidactas y entre más temprano mejor”, sostiene.
Esta capacidad de adaptación adquiere especial importancia ante los cambios tecnológicos. Linares destaca la necesidad de desarrollar la capacidad de “aprender a aprender”, de manera que los jóvenes no sean formados únicamente para desempeñar una tarea específica, sino que puedan adquirir nuevos conocimientos cuando cambien las tecnologías, los procesos productivos o las ocupaciones.
Dos evaluaciones, un panorama similar: así muestran TER y PISA la educación en Guatemala
DEL AULA A LA PRODUCTIVIDAD
Los resultados de PISA, por sí solos, no permiten calcular cuánto le cuesta a la economía guatemalteca la brecha de competencias ni establecer una relación directa entre el desempeño de un estudiante de 15 años y su futuro salario.
Sí muestran, sin embargo, que una proporción importante de los jóvenes evaluados no alcanza las competencias básicas que PISA utiliza como referencia en matemáticas, lectura y ciencias.
Las experiencias recogidas en el mercado laboral muestran otra dimensión del problema: reclutadores que encuentran deficiencias en conocimientos básicos y habilidades, empresas que deben ampliar sus procesos de capacitación y sectores que enfrentan dificultades para encontrar trabajadores con conocimientos técnicos acordes con las nuevas tecnologías.
El desafío como país es evitar que las brechas acumuladas durante la formación escolar se prolonguen hasta la incorporación al mercado laboral.
Cuando esas deficiencias deben ser compensadas posteriormente mediante procesos de capacitación dentro de las empresas, la brecha educativa deja de ser únicamente un problema del sistema de formación y adquiere una dimensión económica: puede condicionar la calidad del capital humano, el acceso de los trabajadores a empleos de mayor complejidad y la capacidad del país para elevar su productividad y competitividad.
